Una ventana que da al lago,

vos estás del otro lado,

parado al borde del barranco.

 

Entre vos y yo, en el lago,

hay una pareja de cisnes nadando.

Entre vos y yo, en el mismo lago,

hay palabras naufragando.

 

Detrás del cristal te observo:

extiendes los brazos y me llamas,

pareces un cóndor que saluda al alba

desde una montaña muy alta.

 

Y yo,

al verte tan inmenso

frente al cristal de mi ventana,

siento que aún soy tu alba,

aquel primer rayo

que iluminó un día tu alma.

 

Me conmuevo. No me muevo.

Extiendo mis manos

y acaricio el cristal con los dedos.

La montaña se volvió plana.

El lago parece un océano.

¿Qué te hizo cerrarle al alba

la cortina de tu alma?

¿Qué haces ahí, como un centinela

frente a mi ventana?

Mi cristal no guarda los pedazos

que les cortaron a tus alas.

 

Los árboles se ponen verdes.

Tú llueves.

Los pájaros estrenan canto.

Yo lluevo.

Tanto, entre vos y yo hay tanto:

unas palabras que se hundieron,

un barranco, dos cisnes

y un lago que parece un océano

 

Junio 1 de 2016.