Fuente: La Aventura del Pensar, Fernando Savater.

En la conmemoración del día de la raza, por allá en la España de 1936, el general Franquista Millán Astray dio un discurso en la universidad de la que Miguel de Unamuno era rector. El general atacó a los vascos y a los catalanes, calificándolos como el cáncer de España, y gritó consignas para agitar a la masa. Las consignas fueron:

¡Viva la muerte! ¡El fascismo es el liberador de España!

La masa respondió enérgicamente las consignas.

Todos los ojos estaban puestos en Unamuno que, además de ser el rector de la universidad, era filósofo y vasco. Unamuno se levantó y esto fue lo que dijo:

“Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia […] Pero ahora, acabo de oír el necrófilo grito ¡Viva la muerte! Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general es un inválido de guerra, como también lo fue Cervantes, y en España hay ya demasiados mutilados. Me atormenta pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de la psicología de la masa, porque un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor”.

El general no se aguantó y gritó: ¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!

La masa coreó las consignas. Pero Unamuno continuó su intervención sin titubeos.

“La Universidad es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España. He dicho”.

En un gesto valiente, un catedrático se levantó y se paró a un lado de Unamuno. La esposa de Franco se paró al otro lado. Esta fue la última cátedra que dio Unamuno porque después de su discurso fue arrestado. El acontecimiento ocurrió en octubre de 1936. Miguel de Unamuno murió de pena el 31 de diciembre del mismo año.