Diana Londoño. Mujer nacida en Colombia y levantada en Antioquia, entre la histeria de Medellín y la paz de un pueblito llamado San Vicente y que en la entrada tiene un gurre de estatua. Dice que es del pueblo porque de allá son sus mejores recuerdos, también por el gurre, porque le parece digno de un tribunal poético que la estatua de su pueblo sea la figura de un animal silvestre y no el belfo de un político. De Medellín conserva muy pocos recuerdos bellos porque un parásito de la memoria se los fue comiendo. Entre los recuerdos más bellos de Medellín le quedan los lisaderos del Pueblito Paisa y unos aviones de icopor. Lo que sí recuerda con claridad son dibujos de figuras humanas hechos con tiza en el pavimento; de Medellín recuerda cada muerto. Ingeniera Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia (nótese: Ingeniera). Trabajó en las bananeras de Urabá investigando por qué se morían las raíces de las plantas de banano. Allá fue muy feliz hasta que las Farc celebraron su aniversario con un bombazo en una discoteca en la que bailaban muchos de sus amigos, conocidos y desconocidos. Se pegó de peregrinaciones por el Río Atrato a Santa María la Antigua del Darién, no para rezar, sino para conocer. Se metió en época de plomo en las caucheras olvidadas de Mutatá para acompañar a una amiga de la universidad que quería regresar a la casa de infancia que fue obligada a abandonar. Se metió también en las Mercedes, en Puerto Triunfo, y allá se dio cuenta de que los paramilitares existían de verdad. En Urabá también los vio pero entre tanto militar se confundió. Mujer valiente ella, pero no se baña en ningún río en el que no se vea los pies por temor a los cocodrilos. Trabajó en cultivos de flores en el oriente de Antioquia y padeció de picores en las manos por los productos químicos que se aplicaban, por eso se la pasaba rascándose en los estacones que sostenían los alambrados. Cultivó fresa y otras cosas, pero como no se las pagaban al precio acordado se las terminaba regalando a los vecinos y a las señoras de las tiendas. Pesan pues sobre sus hombros varias hermosas quiebras, porque todas sus producciones fueron autovendidas y autocompradas para evitar que otros sacaran tajada. Es una muchacha titulada y bastante estudiada. Tiene un título de maestría en Nematología de una universidad belga y uno de doctorado en Fitomejoramiento de una universidad holandesa. La Nematología -para quienes no sepan- es una rama de la patología vegetal que estudia unos gusanitos microscópicos que atacan las raíces de las plantas; el Fitomejoramiento consiste en la producción de mejores semillas. Escribe borradores porque sí y porque le gustan sus borradores. Todavía no aprende a borrar palabras de sus borradores, por eso no es escritora sino una buena escribidora. Ambigua como el punto y coma. Echadora de cuentos y maestra sin escuela. Juanete, piedra en el zapato, alfiler y seca papayos. Dentista de lobos, estilista de leones y golpecito de médico en la rodilla. Chispa, calambre, trueno. Amorosa y muy zanahoria. Científica por el método más que por cualquier otra cosa.

“Aguacero de mayo. Déjenlo caer”.