Tomado del libro Manual de tolerancia, de Héctor Abad Gómez.

“Hay personas emocionalmente incapaces de admitir que pueden estar equivocadas. Son de la madera de aquellos que una vez adquieren el poder, se convierten en pequeños o grandes dictadores. Son de la madera de aquellos que cuestan a sus familias, a sus organizaciones, a sus partidos, o a sus naciones, según el ámbito en que les toque actuar, los sufrimientos y los conflictos de que la historia de la humanidad está desgraciadamente llena.

Con las mejores intenciones, creyendo fanáticamente hacer el bien, se han arrogado para sí mismos la verdad y el derecho a imponerla y han causado prejuicios sin cuenta. El mundo sufre todavía y tendrá que seguir sufriendo las consecuencias de los que creen tener siempre la razón. Ellos han conducido al mundo a las grandes guerras y a los grandes sacrificios. Luchas religiosas, luchas ideológicas, luchas políticas, luchas raciales, todas nacen en la mente de los hombres que no pueden admitir que pueden estar equivocados. En la mente de los hombres que creen tener la verdad revelada.

El origen de estas mentalidades fanáticas, fuera de su propia constitución, es la educación que en un momento dado les da su propia sociedad. Al niño que le hacen creer que no hay más verdad que la de sus padres o la de sus maestros, o la de su raza o la de su partido o la de su religión, le están deformando la mente de una manera que si no fuera por la ignorancia y por las buenas intenciones que conlleva, sería de calificarse como criminal”.