Que si me podían mandar cartas, me preguntó una niña al despedirse. Claro que sí -le respondí-; cuando tengan cartas para mí se las pueden entregar a la maestra Sofi. Ella las amarrará a las patitas de una paloma mensajera y la paloma las llevará volando hasta Holanda y las dejará en mi ventana. Yo dejaré todos los días un granito de maíz en mi ventana, haré una hilera de granitos de maíz para que la paloma se alimente cuando llegue con las cartas.