El programa de las diez mil becas del gobierno me emociona. Es un experimento porque las dificultades serán muchas, pero es un experimento que vale la pena hacer y del cual tenemos que tomar datos para sacar conclusiones y aprender las lecciones dolorosas y necesarias para poder mejorar los experimentos futuros. La autocrítica es tan fundamental en este tipo de cosas como en la ciencia. Si yo hubiera recibido un aviso así con mi puntaje del ICFES, o con el del ECAES (el segundo a nivel nacional en mi programa), las cosas habrían sido mucho más fáciles para mí, porque para poder continuar con mis estudios de maestría tuve que hacer grandes esfuerzos para encontrar una beca y aprender inglés pagando clases particulares muy costosas. También tuve que conseguir dinero prestado para el viaje y no tenía siquiera un computador ni otras cosas que hoy parecen obstáculos insignificantes, pero que para mí eran toda una madeja compleja en la que cada hebra me costaba dinero que no tenía. Valga decir que también dejé empeñada un poco de salud en mi carrera por la educación. Al final, después de pagar apostillas y traducciones, y de ser aceptada para estudiar en la universidad de Gent con una beca, viajé a Bélgica con sólo cien euros en el bolsillo. Recuerdo que me daba miedo hasta comprar una Coca-Cola porque su precio convertido de euros a pesos equivalía como a cinco mil pesos, que fue lo que gasté a diario para estudiar en la Universidad Nacional por cinco años y que la inflación inmisericorde cada año me fue encogiendo. Salir a estudiar fue una aventura y una locura, no entendía nada en las clases, no entendía ni lo que yo misma escribía. Ahora, cuando miro atrás, pienso que siempre he estado un poco loca y bendigo esa locura porque me ha permitido sobrepasar los límites impuestos por la sociedad en la que nací y crecí. Así que a estos muchachos pilosos y a Gina les digo que adelante, que será difícil, pero que si tomamos nota y aprendemos, podemos hacer de esto una experiencia social revolucionaria en la eliminación de las fronteras invisibles que existen en las universidades; lugar fundamental en la construcción de la sociedad. Siempre he pensado que las oportunidades hay que crearlas para que quienes estén en capacidad en el momento las tomen. El reto será siempre incrementar el número de personas en capacidad de tomarlas, sin que importe el lugar en que nacieron ni su condición económica. Eso es equidad, que todos estemos en capacidad de competir por un cupo en una universidad y de permanecer sin que la parte económica nos limite. La Ministra me sorprendió con su apuesta por la inclusión, y aunque no me gusta que la palabra “crédito” esté involucrada, rescato que al menos son créditos que se condonan con esfuerzo, porque estoy segura de que estos pilosos tienen con qué responder. Tenemos que estar pendientes de que las universidades y el gobierno pongan mucho de su parte para no quemarlos en su esfuerzo y para que su deuda se condone toda y quede en ceros; que lo único que tengan ante sus ojos sea un futuro brillante con un país entero metido en la piel y en el alma. Me recuerdo al escucharlos hoy hablar con tanta ilusión. Desde ya les hago fuerza y para ellos van todas las porras de mi corazón.

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