Muchas gracias por esas cartas de Caicedo. No tenía cómo haberlo anticipado, pero me han caído muy bien. Viéndolo tan cheverongo, e identificándome con algún pedacito de su cabeza, me reconocí pero al mismo tiempo me extrañé: no me había dado cuenta de que me hubiera ausentado.

Uno en la vida es actor de muchos guiones en paralelo y, al parecer, tengo una habilidad particular para dejar algunos en piloto automático según algún pragmatismo de momento. Mal hago en llamar habilidad -aunque lo sea- a semejante acto de cobardía y hasta irrespeto. Esa concentración de más en asuntos utilitarios, si bien es fundamentada, tiene también su contraparte de mecanismo de defensa. ¿De qué? Me lo pregunto yo también y atino a responder que es como el tipo que se pone a ver una revista mientras lo “peluquean” para que la próxima vez que se mire al espejo ya esté resuelto el despelote, que en este caso vendría a ser el cómo me peino el alma en esta etapa.

Creo que problemas de separación no tengo muchos ahora, o son poco notorios, al menos. Es algo quizá más pendejo (pero con su dificultad propia) y va por el lado de cómo definir las relaciones de uno con un montón de personas y cosas que han quedado patas-arriba después de una turbulencia, y con ello las actividades, etcétera, etcétera. La apuesta inconsciente era a deshumanizar completamente mi rutina y que el peluquero de la vida tuviera el asunto resuelto en cuestión de unas semanas, pero es bien sabido que la entropía tiende a aumentar en ausencia de intervenciones y que la peluquería de la vida es autoservicio.

En esa deshumanización he dejado de hacerle el amor a la guitarra, o mejor dicho, sí se lo hago pero le hago el de otros, que no es lo mismo. Tampoco he vuelto a escribir de variedades o a meterme en discusiones virtuales y estériles, aunque entretenidas. Creo que como no he podido peinarme, le he hecho el quite a esas galas. Eso y el tiempo, el puto tiempo.

Apenas ahora me veo como creo que me has estado viendo últimamente y entiendo esa especie de ¡vaya pues péinese! que me lanzaste. Eres más perspicaz que yo en el lenguaje y los peinados. Ya me noto de un silencioso maluco y de una inhabilidad verbal que sin ser extraordinaria me sorprende un poco; en español, en inglés, por escrito, al hablar, en ausencia y presencia de mujeres o licor: un remedo de autismo. Siendo este el quinto párrafo, doy por cierta la hipótesis de la peinilla Caicedo, que no me habrá organizado pero ya me tiene mirando hacia el espejo.

Te cuento que estuve esquiando el fin de semana en un paseo anual que organizan en el laboratorio. Fue un 80% de sufrimiento y un 20% de diversión, por aquello de ser principiante. Tengo varios morados, y si bien ya puedo transportarme en los armatostes esos, no creo que llegue a ser muy diestro. Eso sí, la pasé muy bien. Por lo demás, el trabajo es motivador, un poco asustador (no valdría la pena de otra forma), y en muchos otros sentidos agridulce, que es un sabor que disfruto.

Apóstol.