Los que le han arrebatado hombres y mujeres a la vida en nombre de unas ideas diestras o zurdas, en cualquier caso fatuas, me dan tanta grima como sus ideas. Siempre tratando de convencer al otro por la fuerza de las armas o del grito o del silencio obligado; siempre tratando de conquistar mentes para su causa y cuerpos en masa para su guerra. Y no me vengan con que Simón Bolívar y con que la independencia, porque: ¿Cuál independencia? ¿La del desfile militar veintejuliero? ¿La del cambio de tiranos? Ya que su estupidez es inolvidable, que se nos conceda el favor de que sea al menos perdonable. Aunque hay algo que se les puede agradecer a todos aquellos que, por los siglos de los siglos, han sido los mercaderes del horror, de la paz y del olvido. Muchas gracias por todo el arte que causaron. Gracias, miserables, por la Elegía de Miguel Hernández.