Siempre se le oyó decir que a uno el amor le entraba por la nariz y por los ojos y que lo que el cuerpo no rechazara era potencialmente amable. Pero cuando lo tuvo por fin cerca, frente a frente, cuando se llegó el momento de saber de qué color eran sus pupilas, ella se distrajo contando las baldosas del suelo. Y cuando él la abrazó fuerte, como para que nunca se fuera, ella se estranguló las fosas nasales contra su pecho.

Diana Londoño.