Con regocijo me topo con tus palabras y no sabes cuánto me alimentan. Me alegra saber que El Quijote, o mejor, La Quijote, si es posible decirlo, no se encuentra en la ficción y es producto de la imaginería de contadores de historias. Una vez más, luchadora contra molinos de viento, enseñas desde el acto de la coherencia. Esencia vital para ser, hacer y desarrollar cualquier empresa. No diré que estoy de acuerdo o en desacuerdo con lo que dices, pero sí estoy seguro de que tus ideas poseen fuerza sísmica y abono para florecer de otra manera. Con hidalgas como vos la vida y el mundo no se ven de manera soslayada, al contrario, lo sitúan a uno por momentos en este gran paisaje a punta de abrazos y jalones. Como alguna vez escuché, “entre la ternura y el espanto”. Desde la distancia, viajera, te observo y te leo y guardo tus apuntes, los comparto, los releo, discuto y de manera silenciosa hago la pataleta para que la vida, mi vida, no pase de largo. Trato de incomodar y estorbar lo que más pueda para que este viaje me dé la posibilidad de luchar también contra molinos de viento, y aunque no lo sepas, también trato de peinar leones.

Gracias por estar. Eternas bienvenidas, Amiga.

Apóstol.