En un artículo publicado el 16 de marzo en El Colombiano se da a entender, desde el título, que la nueva administración departamental no cree en los Parques Educativos de Antioquia y que por eso radicó un proyecto de ordenanza en la Asamblea Departamental para modificar (o eliminar) la política pública que se había generado como mecanismo para poder darle continuidad a los Parques.

En mi interpretación de la noticia creo que lo que se quiere hacer es modificar la política pública, mas no eliminarla, porque me parecería incomprensible – y además mezquino- que la nueva administración pretenda dejar a los Parques sin financiación después de todo el esfuerzo que significaron para la pasada administración y para todos los antioqueños.

Les recuerdo que ahí, en esas infraestructuras, hay invertidos miles de millones de pesos que no se pueden perder. El dinero que se necesitaba para levantar las escuelas y los colegios, el del restaurante escolar -que por cierto no llega con normalidad desde que empezó el periodo del nuevo Gobernador-, se quedó en los ladrillos de esos Parques, y esa es una razón de peso para sacarlos adelante. Es más, es una razón de índole moral, porque en Antioquia, la rimbombante, la más de todas, la de la prosperidad -y vaya uno a saber qué otro eslogan más se les ocurrirá-, hay niños que se van a estudiar sin desayunar y para los que la única comida del día es la del restaurante escolar.

Estoy de acuerdo con que la construcción de esos parques fue arriesgada, primó el entusiasmo, no la razón, y con el pasar del tiempo se fueron descubriendo las falencias del proyecto. A los pueblos les entregaron unas infraestructuras gigantes, pero por las carreras -por la mala planeación-, no hubo tiempo para hacer un acompañamiento adecuado del proceso. Esos errores de cálculo son muy comunes en la política, como también es común que cada nuevo gobernante deseche de tajo todo lo que haya hecho su antecesor.

Podría hacer una lista de las falencias de los Parques, sin embargo, me limito a la que a mí me parece más grave: el costo de su sostenimiento. Según el artículo de El Colombiano, ese costo es de 32 millones de pesos mensuales. Después de leer esa cifra me pregunté de cuánto podría ser todo el presupuesto de un pueblo como Tarso para educación y cultura (sin contar los Parques). Hay escuelitas rurales en un estado lamentable, entonces parte del dinero destinado a los Parques Educativos (2.500 millones por Parque) sí habría quedado mejor invertido en otras necesidades más primarias. No era necesario construir cincuenta y cinco, sino tal vez diez que sirvieran como prueba piloto para diseñar una política pública que se extendiera después a todo el departamento.

Pero a pesar de las críticas y de sus falencias, los Parques Educativos ya están construidos y tenemos la obligación de aprovecharlos de la mejor manera. No sé qué estará pasando con los Parques de otros pueblos, pero me llegan muy buenas noticias del Parque Educativo de San Vicente Ferrer. Por eso invito a la Asamblea Departamental a que vaya a San Vicente para que se cerciore de que el Parque recibe 900 visitantes semanales que se benefician de los contenidos establecidos para siete líneas estratégicas.

Además de eso, en San Vicente, la actividad del Parque Educativo se está articulando con los procesos comunitarios de las veredas, un caso específico es el de la sinergia que se ha dado entre el Parque Educativo y La Casita Rural, un proyecto comunitario de la vereda La Porquera que tiene como objetivo acompañar a los maestros rurales en la educación de los niños por medio de la realización de talleres de lectoescritura, huerta escolar, danza y teatro, además de prestar el servicio de biblioteca en la vereda. Gracias al trabajo conjunto, 35 niños de la Porquera empezarán a recibir clases de música con una frecuencia semanal. El Parque Educativo aportará el profesor de música y la Casita Rural está a cargo de gestionar la dotación de instrumentos musicales.

No dejemos caer los Parques, esto no se trata de Sergio Fajardo o de Luis Pérez, sino de la confianza, de la ilusión con que la gente presentó los proyectos y se movilizó para llevar más oportunidades educativas a sus pueblos. Esa confianza no se puede dejar caer, independientemente del nombre de quien nos gobierne.

Para terminar esto, que es un llamado a mejorar las cosas y a trabajar juntos para no dejar caer lo hecho, quiero pedirle a la Asamblea Departamental que, además de visitar el Parque Educativo de San Vicente antes de tomar una decisión, también revise qué está pasando con los dineros de Regalías que deberían ser destinados para ciencia, tecnología e innovación. Les pido esto porque, en el mismo artículo de El Colombiano, se lee una declaración de la exsubsecretaria de los Parques Educativos, Jessica Stephenson Puerta, que dice que los recursos de Regalías para ciencia han sido utilizados para financiar los Parques Educativos.

Me da pena tener que hacer esta aclaración tan básica, pero no creo que el propósito de los Parques Educativos sea la generación de conocimiento -lo que se conoce como ciencia- ni la aplicación del conocimiento generado -lo que se conoce como tecnología e innovación-. Una cosa es la educación, otra muy distinta la ciencia. Los recursos provenientes de las Regalías para ciencia tendrían que haber sido utilizados para fortalecer los grupos de investigación de las universidades y de los centros de investigación, no para la financiación de los Parques Educativos de Antioquia.

Diana Londoño

http://www.elcolombiano.com/antioquia/gobernacion-cambiara-la-politica-publica-de-los-parques-educativos-YY3753537