Recibir un libro siempre es una fiesta, porque es un regalo que alguien nos manda. Y si ese alguien tiene un significado especial para uno pues ya no solamente es una fiesta, es mucho más que eso. Es un regalo que nos hace saltar el corazón. Este libro es muy especial. Primero, porque las palabras que lo conforman las escribieron unas manos bellas, unas manos que así como sus palabras seguramente saben acariciar, aun diciendo las cosas más duras. Esta niña hace parte del mundo que usa sus manos para decir, para dar felicidad, para que por ellas pasen a borbotones miles de sueños y de ideas. Mientras otros las usan para hacer cosas inconfesables, ella las emplea para ayudar, para aportar, para cargar y armar los ladrillos de una humanidad mucho mas humana, para amar. Me la imagino escribiendo a veces rápidamente antes de que las ideas se escapen, otras pensando y meditando algún asunto que no sabe plasmar todavía, dándole vueltas al lápiz, pasando el borrador y rescribiendo, siempre pensando, siempre sintiendo. A veces va a la ventana y mira el paisaje para poder volver al papel. Tiene parte de su corazón y de su mente lejos de donde está. Me la imagino a veces luchando contra la necesidad de presentar una idea técnica y los recuerdos de otros quehaceres que siempre se le atraviesan. Yendo de un sueño a otro. Seguramente fue una batalla que aunque parezca terminada siempre estuvo inconclusa. Como todo en la vida, siempre concluyendo, siempre empezando, a veces en puntos que no son más que los mismos puntos del círculo itinerante que es la vida. Tiene una portada muy linda, los frutos de un noble cereal vuelan al viento buscando donde caer para germinar y reiniciar el milagro permanente de la vida o estar disponible como alimento, que es la otra forma de continuarla. Este libro es un pequeño milagro, entre los miles de millones de milagros que ocurren continuamente en el mundo y que lentamente van construyendo la enorme pirámide del conocimiento universal. Segundo, este libro lo recibí a través de una amiga común, a quien queremos mucho y quien hizo parte de esta cadena de afectos. En los ojos de ella también, como en otros, vi la batalla que sostiene para que sus sentimientos sean siempre los “correctos”. Este fue otro motivo más de alegría.

Apóstol.

Medellín, Agosto 7 de 2014.