Vi tu mensaje temprano esta mañana. Y he buscado palabras que sirvan de paliativo sin dar con las más analgésicas posibles. Quizá estén en nuestra amistad, donde hay mucho cariño y silencios cómplices, y también algunas preguntas sin hacer y unas respuestas a la espera de la interrogación para ser liberadas.

A mí, como te pasa a vos, me duelen tus dolores y me angustian tus angustias. Te imagino siempre bien, siempre fuerte, siempre con el viento en las velas capoteando tempestades. Entonces, cuando el cielo llueve sobre vos, no sé si es mejor ser paraguas que te cubra o relámpago que te alumbre por un par de segundos. Yo, que apenas soy un aprendiz de navegante que alguna vez tuvo la suerte de ser parte de tu tripulación, siempre estoy para servir en tus proyectos, así sea como marinero raso.

Pero veo que me estoy yendo por las ramas (o por los mástiles, mejor). Quisiera que al leerme se te pasara el ardor de los rasguños y se te aplacara el dolor, que mis palabras fueran opio para que no te doliera más y punto. Quisiera que bastara el cariño acumulado con los años que viaja en cada tecla presionada, para que todo fuera menos complicado y nada doloroso.

 Quisiera, en todo caso, que sirvieran para algo estas palabras.

Apóstol.