Me abrazaste y te pusiste a llorar.

El sueño fue muy real,

son las diez de la mañana

y la sensación del abrazo no se va.

Me apretaste fuerte.

Después de soltarme mirabas al suelo,

yo te revolvía el pelo y miraba al cielo,

la gente me miraba feo.

Quise corresponderte, apretarte fuerte,

pero sentí temor y elegí ser prudente.

No por la gente, sino para protegerme.

Había agobio en tu llanto, estabas triste

y no mediste la fuerza de tus movimientos.

Estabas en busca de sosiego y transferiste,

en un abrazo, todo tu dolor a mis senos.