Estaba limpiando el correo electrónico cuando aparecieron en mi buzón dos mensajes de un tal Apóstol. Abrí el primero y era una carta. La leí sin parar hasta el punto más final. En el otro había dos cuentos. Tantas palabras que se nos fueron acumulando en el tedio de la vida, en la olla de la aguapanela… No recuerdo cuándo fue ese momento en el que nos dijimos hasta luego para dejar que pasaran años sin vernos. Me reconforta leer que tus alumnas me imaginan de distintas maneras porque eso significa que las palabras están logrando algo, por lo menos logran que quien las lea se imagine a una señora -quizá amargada- que escribe a los alaridos sobre todo lo que aparentemente se ve muy bien; como los edificios educativos, los discursos de los políticos que cada vez me alborotan más la náusea y la obligación que al parecer tenemos las mujeres de destacarnos por nuestros talentos… en fin. Vieja y amargada para unas cosas, fuerte para otras, y frágil para todas las demás. La realidad me fragmenta y a veces no logro recoger los pedazos para por lo menos empacarlos en una maleta mientras me queda un tiempito para sentarme a armarlos (y con la ayuda de varios). El texto que te sacó lágrimas a mí me ha sacado un río por los ojos. Hace mucho estoy escribiendo algo que tengo regado en pedazos y que espero poder armar un día para ver si quedo yo también reconstruida. Es un esputo que tengo atravesado y que espero poder compartirte y poder secarte las lágrimas de paso. Al leer que tus luchas en la escuela te saben a paleta de cal me estupefacté, tanto, que pensé que mi sensación ameritaba la conjugación de un verbo inexistente para contrariar a la RAE y a su séquito de literatos. Imagínate si te dijera que al leer tu texto quedé atónita… no cuadra, amigo, no cuadra. Si bien la gramática y la semántica y las demás cosas podrían estar a tono con la RAE, no lo estarían jamás con la frase en la que expresas que tus palabras como maestro rebotan contra las paredes y te saben a paleta de cal. Te imaginé con la lengua pegada a la pared y escupiendo ripio blanco mientras los innovadores de la educación dicen que lo importante en la educación es el espacio encalado. Te tenés que salir de esas paredes encaladas que te tienen encerrado. Pasá por mí a las ocho; estaré leyendo debajo del Gualanday. Te voy a invitar a dar una vuelta y a chupar paleta, pero una de verdad. ¿Limón o lulo?