Cuando Gina se pone a repetir el discurso de Fajardo y dice que haremos de Colombia la más educada me da como desespero. Es que, honestamente, estoy hasta el copete de Fajardo. Ese señor existe demasiado y no ha permitido que otras personas de su equipo y de su línea de pensamiento se destaquen. Además su programa bandera, el de parques educativos, me parece vago y lo veo como una imposición suya, aunque esquiven  las críticas diciendo que los pueblos se ganaron su construcción. A muchos pueblos casi no llegan recursos, entonces me parece lógico que si en la gobernación los ponían a escoger entre competir por un edificio o no recibir nada, las administraciones municipales harían el esfuerzo de ganarse el edificio, así tuvieran que hacer maromas y estirar la coca para arreglar las casas de la cultura y las escuelitas rurales.

Pero más triste que ver el gasto de miles de millones de pesos en ladrillos, de los que no se sabe si lograrán convertirse algún día en ladrillos educativos, es que para llenarlos con contenidos se estén trasladando las actividades de las casas de la cultura a esos edificios que entregaron huecos. Es decir: están vaciando los lugares que ya existían y que han sido levantados y mantenidos con mucho esfuerzo y a punta de donaciones. Eso era algo que yo veía venir, porque en los pueblos no es que haya mucha gente para mantener esos espacios llenos, y la gente de las zonas rurales va a las cabeceras municipales si acaso una vez por semana a comprar el mercado. No van mucho al pueblo por una razón de pesos: a veces no tienen ni para pagar el pasaje en chiva. Las administraciones municipales no cuentan siempre con los recursos ni con la experiencia para meterles contenidos a los parques pertinentes para el contexto de cada pueblo; por eso sigo esperando a que la gobernación presente el plan de sostenibilidad, porque como veo las cosas, esos parques podrían terminar siendo una carga más y el remedio podría resultar peor que la enfermedad.

En Vigía del Fuerte, por ejemplo, están enseñando inglés, y no es que me parezca mal que aprendan inglés allá, sino que no veo claro cómo el inglés les puede ayudar a enfrentar sus problemas de pobreza en el mediano plazo. Tal vez allá sean más necesarios contenidos relacionados con producción sostenible de energía, manejo de residuos, planeación -muy importante cuando se vive en zona de inundación del Atrato-, seguridad alimentaria, agroforestería y mejoramiento de vivienda; en cualquier caso, no me parece que el inglés sea un contenido muy acorde con el contexto de Vigía en el momento.

Pero a lo que iba es que no me gustan las fotos de políticos con niños, sin embargo, algunas de las fotos que comparte Gina Parody logran conmoverme. No sé por qué en su caso no me disgustan, será tal vez porque hay algo en ellas que me hace pensar que el sentimiento es auténtico. Me gusta que Gina sea la Ministra de Educación, aunque de vez en cuando me toque llevarle la contraria y refutarle las cosas que considero cojas. Quisiera aclarar que yo sólo les refuto cosas a aquellos políticos a los que les veo potencial para contribuir al desarrollo humano, social y económico de Colombia, y lo hago por la convicción de que el desacuerdo es un ejercicio fundamental para el avance y para mantener una democracia saludable. Creo que con esto también queda claro que lo mío con Fajardo no es saña, sino compromiso ciudadano.

Termino este deslizamiento del lenguaje expresando una necesidad utilizando la palabra “ojalá”, que según Juan Luis Guerra es una palabra que convierte todo deseo en plegaria:

Ojalá muy pronto sean muchas más las mujeres como Gina en el servicio público.