Category: Citas

Ser culto (Julio Cortázar)

“Nadie se conoce sin haber bebido la ciencia ajena en inacabables horas de lectura y de estudio; y nadie conoce el alma de los semejantes sin asistir primero al deslumbramiento de descubrirse a sí mismo. La cultura resulta así una actitud que nace imperceptiblemente; nadie puede despertarse una mañana y decir: “Soy culto”. Puede, sí, decir: ” Sé muchas cosas”, y nada más. La mejor prueba de cultura suele darla aquel que habla muy poco de sí mismo: porque la cultura no es una cosa, sino que es una visión; se es culto cuando el mundo se nos ofrece con la máxima amplitud; cuando los problemas menudos dejan de tener consistencia; cuando se descubre que lo cotidiano es lo falso y que sólo en lo más puro, en lo más bello, en lo más bueno, reside la esencia que el hombre busca. Se es culto cuando se comprende lo que verdaderamente quiere decir Dios”.

Papeles inesperados, Julio Cortázar.

Bertrand Russell

Bertrand Russell, uno de los más adorables filósofos de este tiempo -que sin haber sido el mío tampoco lo siento ajeno-, le dedicó la recopilación de su vida a su última compañera, después de haber tenido muchas, porque la búsqueda filosófica de Russell también incluía al amor, y por eso vivió con una y con otra, quizá pensando que el amor podría parecerse a algo. Al final lo encontró después de buscarlo como por 80 años y murió tranquilo. Yo creo que el amor es muy raro y que cada quien lo peina para el lado que mejor le convenga. Para mí el amor es paz y produce mucho sueño. Por ejemplo, cuando yo miro el amor en sus ojos me da un sueño como de muerte. Si la muerte llegara así, súbita a través de esos ojazos, la muerte sería todo un deleite. Que Dios permita que así me llegue.

Esta fue la dedicatoria de Russell a Edith, quien no fue su compañera de la vida, sino prácticamente la de su muerte:

“A través de los largos años
busqué la paz
y encontré el éxtasis,
encontré la angustia,
encontré la locura,
encontré la soledad;
un dolor solitario
que corroe el corazón.

Ahora, viejo y con el fin cerca,
te conocí,
y conociéndote encontré el éxtasis
y también la paz.
Ahora sé lo que es descasar
después de tantos años de soledad.
Ahora sé lo que pueden ser la vida y el amor.
Ahora, si muero, moriré pleno”.

Para qué he vivido (Bertrand Russell)

Prólogo a la Autobiografía de Bertrand Russell:

“Tres pasiones simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

 El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.

 Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad.”

 Bertrand Russell, Autobiografía , 1967.

Dos visiones de la sátira, por Fernando Savater

Extraigo algunos apartes del texto de Savater con los que me quedo (uso comillas para compartirlos), no sin decir que, después de leer el fragmento que comparto, me siento como la guardiana de la cordura de Fajardo y sus seguidores. Yo les estoy dando una mano para que no crean que sus ideas son verdades absolutas y para que se vayan bajando del pedestal en el que ellos mismos se montaron al presentarse como los salvadores de la educación, convirtiendo una causa de interés social y un derecho fundamental en una bandera política representada en un sello estampado por igual en peajes, aguacates y morrales de niños.

Ahora sí, el fragmento del texto:

“Empecemos por descartar un tópico bobo y falso: “Todas las opiniones son respetables”. Pues no, ni mucho menos. Todas las personas deben ser respetadas, eso sí, sean cuales fueren sus opiniones. Si alguien sostiene que dos y dos son cinco, no por ello debe ser encarcelado, ni ejecutado en la plaza pública (tampoco recomendado como profesor de aritmética). Pero su opinión puede y debe ser refutada, rechazada y, si viene al caso, ridiculizada. Las opiniones o creencias no son propiedad intangible de cada cual, porque en cuanto se expresan pueden y deben ser discutidas (etimológicamente, zarandeadas como quien tira de un arbusto para comprobar la solidez de sus raíces). Todo el progreso intelectual humano viene de la discusión de opiniones santificadas por la costumbre o la superstición. En las democracias, el precio que pagamos por poder expresar sin tapujos nuestras opiniones y creencias es el riesgo de verlas puestas en solfa por otros. Nadie tiene derecho a decir que, quien lo hace, le “hiere” en su fe o en lo más íntimo. Hay que aceptar la diferencia entre nuestra integridad física o nuestras posesiones materiales y las ideas que profesamos. Quien no las comparte o las toma a chufla no nos está atacando como si nos apuñalase. Al contrario, al desmentirnos es guardián de nuestra cordura, porque nos obliga a distinguir entre lo que pensamos y lo que somos. Por lo demás, recordemos a Thomas Jefferson, cuando decía, más o menos, “si mi vecino no roba mi bolsa o quiebra mi pierna, me da igual que crea en un dios, en tres o en ninguno””.

http://linkis.com/cultura.elpais.com/c/jkE6S

 

Estanislao

Una frase de Estanislao para aquellos políticos que dicen ser buenos y transparentes, pero que se niegan a responder las inquietudes ciudadanas:

“Preferiríamos que nuestra causa se juzque por los propósitos, y la adversaria por los resultados”.

Aguirre el dictador

“Aguirre es autoritario, dominante. Nació para ser jefe. Terco, dogmático, apasionado en sus ideas. Nunca cede a las razones contrarias. Liquida las discusiones con un silencio indiferente, o con una risita nazi que oculta sobándose su bigote prusiano.

Ordenado y metódico en sus empresas, lógico como un cerebro electrónico. En todo lo que hace triunfa. Esto no quita que en la calle, en el bar, en la amistad, sea un idealista y un romántico.

Posee una virtud admirable: cada que triunfa tira los laureles y se embarca en nuevas aventuras. No se deja coronar por la frágil gloria de adormidera que se ciñen los hombres mezquinos. Le interesa más la lucha que la gloria (…) Nada lo apacigua, excepto la lucha; nada lo sacia sino la sed. Le interesa menos la cosecha, y más la siembra.

En él identifico, por eso, las grandes, las puras, las épicas virtudes de la raza antioqueña, tan degradadas por el folclorismo cultural de barbera y alpargatas, y que no son más que símbolos decadentes de degeneración del espíritu antioqueño, exaltado por literatos provincianos estilo Mejía VaIlejo, para quienes el bobo de Jericó es un personaje de novela de vanguardia, en esta época en que los hombres jinetean sobre cohetes por los laberintos del cosmos. Da risa y lástima que los literatos antioqueños sigan escribiendo himnos a la arepa, al bambuco, a las orquídeas y al bobo de Jericó. Allá ellos con sus venerables tradiciones y sus templos de oro donde rezan con una fe utilitaria a dios Plutón…

Alberto posee un espíritu dominante. Esta voluntad de dominio que se refleja en su bigote nietzscheano, la heredó de su padre Pedro Claver Aguirre (-), que fue gobernador de Antioquia en las épocas embanderadas de la Revolución en Marcha de Alfonso López. Alberto se paseaba con su padre por las plazas públicas en calidad de hijo del gobernador. La embriaguez del poder y los delirios de las muchedumbres dejaron una profunda huella en su espíritu adolescente. De esa nostalgia del poder conserva su temperamento autoritario y mandón. De las masas, su fervor por el pueblo, su solidaridad con los que sufren miseria y opresión, y esperan ser redimidos por un líder. Ese líder nunca será el doctor Alberto Aguirre, pues si él se dedicara a la política, sólo aceptaría ser dictador. Su primer acto de gobierno sería decretar el fin de la democracia. Por fortuna para la democracia, por Alberto sólo votarían dos personas: él y yo”.

Gonzalo Arango.

http://www.gonzaloarango.com/ideas/albertoaguirre.html

 

 

 

 

 

Alberto Aguirre

“La salvación está en la palabra. Desde que escribo con regularidad estoy más tranquilo: es como la terapia para un esquizofrénico (¡y eso somos!). No sé qué decirte a lo que dices de: “Escribo más bien poco en este tiempo, porque lo que me sale me parece hediondo”. Y no te doy ningún consejo porque –carajo– yo no soy maestro”.

Alberto Aguirre

“Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta”

Fuente: La Aventura del Pensar, Fernando Savater.

En la conmemoración del día de la raza, por allá en la España de 1936, el general Franquista Millán Astray dio un discurso en la universidad de la que Miguel de Unamuno era rector. El general atacó a los vascos y a los catalanes, calificándolos como el cáncer de España, y gritó consignas para agitar a la masa. Las consignas fueron:

¡Viva la muerte! ¡El fascismo es el liberador de España!

La masa respondió enérgicamente las consignas.

Todos los ojos estaban puestos en Unamuno que, además de ser el rector de la universidad, era filósofo y vasco. Unamuno se levantó y esto fue lo que dijo:

“Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia […] Pero ahora, acabo de oír el necrófilo grito ¡Viva la muerte! Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general es un inválido de guerra, como también lo fue Cervantes, y en España hay ya demasiados mutilados. Me atormenta pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de la psicología de la masa, porque un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor”.

El general no se aguantó y gritó: ¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!

La masa coreó las consignas. Pero Unamuno continuó su intervención sin titubeos.

“La Universidad es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España. He dicho”.

En un gesto valiente, un catedrático se levantó y se paró a un lado de Unamuno. La esposa de Franco se paró al otro lado. Esta fue la última cátedra que dio Unamuno porque después de su discurso fue arrestado. El acontecimiento ocurrió en octubre de 1936. Miguel de Unamuno murió de pena el 31 de diciembre del mismo año.

Pensamientos sobre el fanatismo y la arrogancia

Tomado del libro Manual de tolerancia, de Héctor Abad Gómez.

“Hay personas emocionalmente incapaces de admitir que pueden estar equivocadas. Son de la madera de aquellos que una vez adquieren el poder, se convierten en pequeños o grandes dictadores. Son de la madera de aquellos que cuestan a sus familias, a sus organizaciones, a sus partidos, o a sus naciones, según el ámbito en que les toque actuar, los sufrimientos y los conflictos de que la historia de la humanidad está desgraciadamente llena.

Con las mejores intenciones, creyendo fanáticamente hacer el bien, se han arrogado para sí mismos la verdad y el derecho a imponerla y han causado prejuicios sin cuenta. El mundo sufre todavía y tendrá que seguir sufriendo las consecuencias de los que creen tener siempre la razón. Ellos han conducido al mundo a las grandes guerras y a los grandes sacrificios. Luchas religiosas, luchas ideológicas, luchas políticas, luchas raciales, todas nacen en la mente de los hombres que no pueden admitir que pueden estar equivocados. En la mente de los hombres que creen tener la verdad revelada.

El origen de estas mentalidades fanáticas, fuera de su propia constitución, es la educación que en un momento dado les da su propia sociedad. Al niño que le hacen creer que no hay más verdad que la de sus padres o la de sus maestros, o la de su raza o la de su partido o la de su religión, le están deformando la mente de una manera que si no fuera por la ignorancia y por las buenas intenciones que conlleva, sería de calificarse como criminal”.

 

Pensamientos de Platón sobre la educación de los niños

Algunos pensamientos de Platón sobre la educación de los niños en la Atenas de su tiempo:

“No habrá que emplear la fuerza para la educación de los niños; muy al contrario, deberá enseñárseles jugando para llegar a conocer mejor las inclinaciones naturales de cada uno”.

“Apenas vuelva la luz del día es necesario que los niños vayan a la escuela. Pues ni las ovejas, ni otra clase alguna de ganado pueden vivir sin pastor, tampoco es posible que lo hagan los niños sin pedagogo”.

“De entre todos los animales, el más difícil de manejar es el niño; porque debido a la misma excelencia de esta fuente de razón que hay en él, y que está todavía por disciplinar, resulta ser una bestia áspera, astuta y la más insolente de todas”.

“Habrá que rodear a los niños de preceptores y pedagogos que controlen la ignorancia de su corta edad y lo instruyan en todas las disciplinas y ciencias, según conviene a un hombre libre”

“Cualquier hombre libre* podrá castigarle, tanto al niño como a su pedagogo y a su preceptor, por cualquier falta que cometa cualquiera de ellos. Cualquiera que encontrándose con ellos no los castigara como es debido, incurre en la mayor de las deshonras. El guardián de las leyes que ha sido especialmente elegido para atender la infancia deberá observarlos”.

“El inspector de nuestra juventud deberá tener una vista muy penetrante y ejercer una vigilancia extrema sobre la educación de los niños, y enderezar sus naturalezas, dirigiéndolas siempre hacia el bien que prescriben las leyes”.

* hombre libre hace referencia a un hombre instruido en todas las disciplinas y ciencias.

Tomado del libro La aventura del pensar, de Fernando Savater.

 

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