Category: Cartas a un político

Ahora te comprendo abuelo

Antes de elecciones se aparecen siempre unos cuantos políticos en las escuelas rurales a ofrecer paseos y cosas para los niños. Hombre, qué vaina, qué hiciéramos… Nos encantaría, pero ya estamos programados y copados todo este resto de año. Muchas gracias de todas maneras, y no dejen de pasar por aquí en las elecciones del 2018 para contarles cómo nos fue por aquí sin sus paseos.

Cuando se van miro al cielo pa’ hacerle ojitos a Dios y pa’ llenar mis pulmones de nubes, porque para poder levantarles la cabeza a los políticos uno tiene que estar muy lleno de nubes por dentro, para que al hablarles ellos vean y oigan nubes y sientan la nostalgia de haber vivido arrastrados. También pido que me pongan a todo loro la canción que de niña me cantaba el abuelo:

“Los peones se fueron lejos, el surco está abandonado,
y a mí ya me faltan fuerzas, me pesa tanto el arado,
y tú eres tan solo una niña pa’ sacar arriba el rancho.

Aparecen en elecciones unos que llaman caudillos,
que andan prometiendo escuelas y puentes donde no hay ríos.
Y al alma del campesino llega el color partidizo
y entonces aprende a odiar hasta a quien fue su buen vecino;
todo por esos malditos politiqueros de oficio”.

https://www.youtube.com/watch?v=nzwq2IE-KdU

 

 

Cartas a un político

Mayo 28, 2014

Me están etiquetando en las fotos del Parque Educativo de San Vicente. La gente está contenta y el entusiasmo me salpica un poco. No te puedo mentir, no te puedo mentir… Todavía no me puedo poner contenta, pero me pondré muy contenta cuando me siente a ver qué es lo que se va a hacer en el Parque, cómo se va a desplazar la gente de las veredas hacia él, de dónde van a salir los recursos para sostenerlo y cómo se van a articular los contenidos con las actividades del pueblo (por ejemplo con el fique), entre otros muchos detalles que no son para nada irrelevantes.

Te escuché en Teleantioquia y también leí el artículo que compartiste, ese que dice que lo importante son las ideas, no la infraestructura. Las ideas son importantes, pero ideas tiene cualquiera muchacho, mas no cualquiera tiene la disciplina de perfeccionarlas y de ejecutarlas. Una idea no se sostiene sola. Yo me debato entre el cariño que les tengo y el rechazo a la vanidad y a la arrogancia que de ustedes me llega y recibo con dolor. (Te meto porque vos sos parte de algo que quiero y a la vez desprecio en la intimidad de mi fuero más interno). Me alegró ver nuevos esfuerzos por comunicar, sobre todo porque empiezo a ver frases por ahí que son claves, por ejemplo: “no se trata de replicar edificios”.

De la entrevista me gustó que dijeras que van a tener cien horas semanales de programas, que firmaron un acuerdo marco con el SENA y que esperan respuesta del Ministerio de Educación. Eso es clave muchacho y hay que escribirlo y repetirlo en mensajes cortos y contundentes. Aunque te voy a decir, queridísimo, que si yo fuera la Ministra no le daría recursos a Antioquia para un proyecto tan ambicioso, preferiría dárselos a Fundación. No lo haría porque me parece injusto que con los recursos de todos los colombianos se financie semejante programa en un solo departamento. Pero bueno, alegrémonos porque no soy yo la Ministra; mi punto, mi crítica más puntiaguda y que quisiera me tomaras a bien, es que hace falta profundidad en las comunicaciones y esa falta de profundidad hace crecer la sospecha de un vacío de más envergadura, algo así como un vacío filosófico, lo cual es bastante grave tratándose de un programa educativo. Te lo escribo con cariño y consideración.

Diana.

Cartas a un político

7 de marzo de 2015.

Me llegó una queja sobre mis puntos seguidos en los textos de contenido político, y aunque el quejumbroso no especificaba el tipo de textos, sé que se refería a esos. No le gustan las frases cortas separadas por puntos seguidos. Le respondí, sin justificarme -no tendría por qué hacerlo-, que yo para los políticos no tengo prosa, que escribo como me sale y para ellos sólo tengo frases cortas y muy cortantes; textos con un cierto toque discursivo, hablados y llenos de pausas necesarias para descargar la impotencia y la rabia. Mientras los escribo me imagino entrando al despacho de un político cortacintas con mis crespos muy bien puestos, mis cachetes de montañera bien colorados y con dos espadas, una en cada mano, para decirle que muy buenos días y después soltarle mi discurso escrito, mi perorata. Se lo suelto como si cada palabra fuera un sablazo del Zorro, pero en vez de una Z le dejo una D, y me largo.

Así son esos textos. Para los políticos cortacintas tengo eso.

 

Cartas a un político

 7 de junio de 2013.

Si reflexiono sobre mis palabras encuentro que para lo que no hay espacio en el mundo es para “el querer ser”, para desarrollar un algo que haga feliz al individuo. Uno no es lo que quiere sino lo que puede, uno es cualquier cosa que le permita sobrevivir en un mundo hostil. Lo peligroso de eso es la acumulación de frustraciones y la tendencia a repetir el modelo con los hijos y en la escuela. La frase “haga algo útil con su vida” nos es demasiado familiar. ¿Cómo son nuestros maestros? ¿Son personas que quisieron ser maestros, con vocación, o personas a quienes la vida los llevó a ser maestros? ¿Quiénes son nuestros soldados, nuestros policías? Otra frase que escuché muchas veces fue: “métase a la policía que allá por lo menos va a tener un trabajo”.

No hay espacio para que el individuo descubra su vocación. No todos los individuos están en capacidad de cargar un arma sin olvidar la razón que los llevó a hacerlo (que debería ser el deseo de proteger a los demás ciudadanos). Me gusta recordar la pose de los niños frente a los policías: cuerpo recto y mano en la frente, mi capitán. ¿A qué edad se nos esfumaría la ilusión de que los policías eran unos superhombres? En el caso de los maestros, me parece fundamental pensar en cómo elegir a los que serán el relevo generacional, porque puede ser muy difícil volver a encender la chispa de la vocación, de la ilusión, en los maestros que ya la han perdido. La mayoría se ven muy cansados.

Sobre el fenómeno de la Mesa Nacional de Estudiantes, me parece esperanzador que estudiantes de universidades públicas y privadas de todo el país se reúnan para pensar la educación y para proponer soluciones. Sin embargo, difiero del punto en el que presentan la matrícula como el mayor obstáculo para ingresar a la educación superior pública. En mi opinión, el mayor obstáculo para la mayoría de jóvenes colombianos es el examen de admisión, porque la deficiente educación que han recibido en años anteriores no les permite competir en igualdad de condiciones por un cupo en una universidad pública. Que a un muchacho de un pueblo lo sienten a competir con uno del Columbus School por un cupo en la Universidad Nacional me parece un acto de cinismo por parte del Estado.

Cartas a un político

7 de junio de 2013

No estamos en caminos tan distintos, porque la ciencia, como la política, es también un instrumento para conducir a la humanidad al bien colectivo. Pero en la ciencia también abundan los intereses particulares y los egos. En la ciencia también se practican de manera solapada todas las malas mañas de la política.

La semana pasada estuve en una conferencia y discutí mucho con uno de mis supervisores sobre cómo el sistema educativo se encarga de seleccionar a favor de la infelicidad del individuo (utilizo el lenguaje del mejoramiento de semillas). Muchos poetas mueren antes de nacer y la escuela es su asesina. Quien te escribe es una poeta medio muerta que por temor a sus palabras se dedicó a la ciencia. Lo de poeta es por el modo de ver la vida, porque mis versos no llegan a versos y me quedan todos de tres cuartillas. La poesía se me parece a los corrientazos que causa un alambrado, que son como sustos chiquitos e inofensivos que nos hacen despertar y sentir que estamos vivos. La poesía es el ingenio que nos permite vivir de asombro en asombro -aunque no siempre maravillados-. Ya no estoy en la escuela primaria y la situación sigue siendo la misma: me encuentro en un medio competitivo que no deja espacio para la vocación. Todos opinan sobre lo que debería ser mi vida, unos dicen que la política, otros dicen que debería volverme periodista y otros dicen que ya es hora de considerar la maternidad.

¿Y yo qué quiero? De niña quise bailar y se burlaron porque era muy tiesa. De grande dije que quería ser filósofa y maestra de escuela, y el asombro de mis contertulios estuvo acompañado de una estruendosa carcajada. Según ellos, para ser maestra de escuela no era necesario haber hecho un doctorado. Sobre la filosofía no dijeron nada. Hoy digo que quiero seguir en la ciencia, pero a veces pienso que no lo lograré. Parece que en este mundo sobrepoblado no hay espacio para la vocación. Entonces creo que es mejor andar desprevenidos y ejercitar el coraje para aprender a encontrar belleza en un mar de mierda.

Yo también me canso de nadar a contracorriente, aunque te voy a confesar que lo que más me cansa es mirar el río porque soy más de tierra que de agua. Me canso de sentir un tipo de simpatía por la humanidad de cada hombre y de cada mujer, y también un tipo de antipatía por su sufrimiento; y no importa que entre ellos estén mis verdugos. La filantropía es también un infortunio. Pero para qué gastar energía en la queja. Nuestro destino es trágico y será mejor asumirlo con entereza.

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