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De parceros, bibliotecas y neuras

Lo que hace el parcero del popular número 8 me parece muy importante; mucho más que la construcción desaforada de bibliotecas enormes. Al parcero lo he escuchado hablando de la biblioteca que se está cayendo y con la que inflan pecho para decir que es el emblema de la transformación social de Medellín -aunque se esté cayendo-. El parcero habla de los políticos y de las bibliotecas en uno de sus shows. Esas bibliotecas las construyeron diciendo una frase que suena muy bonita en el discurso de plaza pública y que me llenó de emoción al escucharla por primera vez: “Lo más bello para los más humildes”. Con esa frase le cambiaron la cara a las comunas, o mejor dicho: barrieron por donde pasaba la suegra con el Rey de España. Después vino otra frase: “La calidad de la educación empieza con la dignidad del espacio”, y con esa le están cambiando la cara a la educación construyendo edificios de 3000 millones de pesos en todos los pueblos de Antioquia. Por los antecedentes de la “transformación” de Medellín, yo pienso que le están cambiando sólo la cara a la educación. A punta de frases a Medellín le han estado haciendo cirugías plásticas sucesivas, por eso la ciudad de la eterna primavera se me parece mucho a esas mujeres hermosas que quieren ser mucho más hermosas, no para ellas, sino para ser lucidas como carteras por hombres que tengan una chequera robusta. Esas mujeres, que desde siempre fueron hermosas y que se esfuerzan para ser las más hermosas, al final terminan por parecer empalagosas al mostrar su cara desfigurada quirófano tras quirófano. Así es Medellín, como una mujer con una cara y un cuerpo preciosos, y sus gobernantes, con su extravagancia en las construcciones, se parecen mucho en su actitud a esos hombres que se cuelgan mujeres preciosas del gancho  para presumir de su belleza y de que tienen con ellos a la mujer más bella.

El parcero dice que en su casa no hacía falta sino lo necesario, porque lo único que tenían era hambre. Yo tengo la certeza de que el hombre sin pan no vive. Los que repiten como loros esa frase bíblica que dice que no sólo de pan vive el hombre tal vez nunca han sentido hambre; por eso lo dicen. Las letras con hambre no entran, con hambre lo único que entra es la neura. Estaremos de acuerdo en que Medellín es una ciudad preciosa, pero también en que es una de las ciudades más furiosas y neuróticas de Colombia. Y eso no lo digo yo, sino años de cifras de extorsiones y de muertos.

Piropos y esputos

En un tiempo quise ser hombre porque siendo muy pequeña me parecía que la condición de hombre llevaba consigo un respeto implícito que no venía con la condición de mujer. Me rapé la cabeza a los catorce años y empecé a usar botas con platina. La pinta era sólo una fachada que me permitía sentirme más tranquila. No me gustaba que me dijeran cosas en la calle mientras caminaba. Sentía asco al escuchar cualquier piropo de calle, cualquiera, los recibía todos como esputos en mi cara. No distinguía entre frases, todos eran esputos en una calle que me resultaba violenta. Caminaba entre balas y entre esputos. Los piropos que me gustan son privados y vienen acompañados de cacheticos colorados y pataditas en la arena con mirada gacha. La intimidad es un regalo que no se le concede a cualquiera. La ventaja de envejecer es que uno se sale del espectro de los que escupen palabras y flema en la calle al ver pasar mujeres; no importa qué tan cubierto esté uno porque siempre lo hacen sentir desnudo, pero no con una desnudez voluntaria, sino con una de ropas rasgadas. La desventaja de envejecer -para mí- es la mortificación que siento cuando leo titulares de prensa manchados de sangre de mujer y cuando pienso en las niñas y jovencitas que estoy dejando atrás expuestas a esa baba que se escurre -porque aún se escurre-. Crecer es un proceso duro en el que toca reconciliarse con todas las cosas de uno, en especial con aquellas que no se eligen: papá, mamá, familia, género. Por ahí pasamos todos. Yo me tuve que reconciliar con mi condición de mujer muchas veces y quizás por eso me prohibo ser ruda en el lenguaje con mis colegas de género. Me lo prohibo, así de radical soy en eso, porque asumo que tal vez ellas pasaron por la misma incomodidad por la que pasé yo, o quizás por peores. Hoy me regocija escuchar a Aurita, poeta antioqueña, decir que también quiso ser hombre en algún momento. Me siento acompañada por una gran mujer. Amo ser mujer, amo mi feminidad, pero creo que sólo aprendí a amarme cuando comprendí que los amores más grandes, esos que se aman simplemente y que se quedan con uno para siempre, son también aquellos amores que más nos cuestan.

Fin de las vacaciones

Culmino este periodo de vacaciones organizando un poco mi casa del blog. Creé un nuevo folder que se llama Opiniones Antioquia. Ahí están consignadas algunas de las ideas sobre “la más educada”. Uno de mis propósitos de año nuevo era olvidarme del tema, pero ya, a tan solo a cuatro días del inicio del 2015, digo que retiro el propósito. No me voy a olvidar del tema porque eso es lo que los gobernantes quieren. Que no cuestionemos, que no preguntemos, que traguemos entero ante el discurso esperanzador, que se parece más a una lista de sueños que a un programa de gobierno con objetivos medibles: “Antioquia recupera la autoestima, rechaza de manera frontal la ilegalidad, sabe de decencia…”. Por eso hice el ejercicio de organizar un poco el blog para quienes quieran entender el porqué de mi reiteración. Mis preguntas son pertinentes. Yo también soy antioqueña y fue mucha la lora que di haciéndole campaña al gobernador para presidente y para todo lo demás. Me estoy haciendo responsable por mi voto de confianza y estoy insatisfecha porque no entiendo lo que están haciendo con los parques educativos y quiero entender. Voy a seguir preguntando sin tregua hasta que logre entender hacia dónde vamos. Me queda claro que a ningún medio le interesan este tipo de cuestionamientos, ni siquiera a los independientes. Recibí por ahí una invitación de alguien a escribir sobre educación pero de manera “propositiva”. ¿Qué será eso? ¿Acaso escribir moderadito haciéndole pasito a los egos de los que hablan de educación bonito? Tres años de espera acabaron con mi moderación. Yo ya no propongo más porque todas mis propuestas se perdieron en varios escritorios. Ahora trabajo con mis amigos ejecutando las ideas que nunca fueron escuchadas. Soy crítica en público porque no me dejaron otra alternativa. No les rindo más pleitesía. Las respuestas que busco son respuestas que se merece la ciudadanía.

Mi blog acumula a la fecha casi 3.000 visitantes y 10.000 visitas en un año y medio. El balance es muy bueno porque el medio que más utilizo para difundir el blog es Facebook. Yo escribo para mi familia y para mis amigos y no pretendo convencerlos de nada, quiero sí compartir lo que pienso y siento de manera libre, con mis prejuicios y mis sesgos, para sembrar una duda; una bella y fundamental duda. Sólo quiero eso. Ya cada cual verá. Tratar de convencer a alguien es violentarlo. Esa no ha sido mi intención nunca, y si escribo fuerte es porque se me ha ido agotando la paciencia con la espera y porque aprendí de una manera muy dura que uno entre políticos no tiene amigos y que con ellos no se puede sobar saco y ser crítico al mismo tiempo. Hay cosas buenas que reconozco, pero casi no las menciono porque para eso ellos tienen a la prensa, para amplificar con bombos y platillos que se le dio un morral a un niño de un pueblo que vive en la miseria y esas cosas. Yo indago en todo aquello que no nos llega. Ellos tienen la prensa de su lado porque tienen la pauta y el poder. A nosotros los ciudadanos, en cambio, todo nos llega filtrado. Y si están pensando en el absurdo de que soy una “enemiga política” sólo por atreverme a cuestionar, se equivocan. No me interesa lanzarme ni de un paracaídas y la última esperanza en la política que tenía se me desvaneció en “La más educada”. Vaya ironía…

http://www.elcolombiano.com/antioquia/antioquia-recupera-su-autoestima–sergio-fajardo-valderrama-XY1010066

Derecho a cuestionar y a disentir

Van ocho parques educativos entregados en tres años. Faltan 72 que deberán ser entregados al final del periodo de gobierno del actual gobernador (que será en un año). Por ahí me han dicho que yo parezco una tía, pero como mis tías son adorables, lo tomo como un cumplido. El gobernador no ha respondido por la sostenibilidad de esos parques, es decir: funcionamiento en el tiempo, objetivo de su construcción en cada pueblo y contenido. Sacaron en un video institucional a un muchacho que quiere ser barista y dijeron que eso se estaba haciendo en el parque educativo. Eso mismo se habría podido hacer en un colegio o en una casa de la cultura con programas dirigidos. Para ser cualquier cosa lo que más se necesita es ganas de aprender, en el caso del barista, aprender mucho de café y afinar los sentidos. Sobre los recursos para el mantenimiento de esos edificios el gobernador dijo que están asegurados porque la gobernación destinará un presupuesto para eso. Entonces por pintura y tejas no nos tenemos que preocupar. Sin embargo, por lo importante, por los programas educativos, sí me preocupo. Al menos yo, que tengo alma de tía, porque como están planteadas las cosas eso les corresponde a los pueblos y la economía de los pueblos es más bien precaria. Si hay convenios nacionales con el ministerio de educación y con el SENA es necesario que se hagan explícitos ahora. No me gusta el misterio que rodea esos parques. La información es vaga. Decir que la sostenibilidad está garantizada no es una respuesta seria. Los pueblos necesitan gente allá trabajando parejo con sus habitantes en la solución de sus problemas, es claro que debe hacerse desde el proceso educativo, pero para eso no se necesitaba un edificio de 3000 millones de pesos. Lo que se necesitaba era gente y poner a funcionar al tope las escuelas y colegios por fuera de la jornada escolar. Que construyan esos edificios tan pomposos mientras muchas escuelas hacen colecta para ser pintadas me parece una extravagancia. La gobernación también ha hecho mantenimiento en escuelas; yo hablo por lo que he visto en mi pueblo, por lo que me llega por fotos en redes sociales y por la prensa. También soy testigo de todos los esfuerzos de la administración municipal y de la ilusión por ese parque educativo. Ojalá sean conscientes de la ilusión y del esfuerzo de la gente; ojalá que la ambición de pasar a la historia como “los gobernantes de la educación” no los ciegue. Tenemos pobreza y miseria y violencia; esas cosas no se solucionan con ladrillos, sino con la buena voluntad de mucha gente. Llevo años preguntando por la sostenibilidad en cartas privadas y públicas y no he obtenido respuesta. No he querido acudir a un derecho de petición porque, aunque no lo parezca, en medio de todo hay confianza. Al menos una pequeña chispa. Yo también tengo ilusión, quiero que las cosas cambien, pero la ausencia de respuesta lo que produce en mí es el aumento de mi frustración de ciudadana comprometida que le mete ganas y alma a todo. Lo mío no es personal, simplemente hago uso de mi derecho ciudadano a preguntar y a reclamar una respuesta concreta de parte de los servidores públicos. Ejerzo mi derecho a cuestionar y a disentir porque yo hago parte de ese público al que dicen servir.

Quiero terminar con un cuestionamiento muy serio:

¿Cuántos colegios más tenemos que construir para maleducar?

 

 

¡Qué viva el instinto maternal!

Encabezaba alguna vez la Revista Semana con un titular que me gustó: “La hora de las mujeres en el Congreso”. Decía el artículo que las mujeres están marcando la pauta en la discusión de los temas relevantes para el país. Y sí, nosotras marcamos pauta sin necesidad de concursos –esto a propósito de la mujer reina de belleza que fue acribillada por los medios en un acto de carroñería patética y vulgar, acto que los mismos medios trataron de limpiar resaltando un concurso de talento femenino en Antioquia-. Tenemos que hablar mujeres, con miedo o sin él; tenemos que sacar toda esa energía que mantenemos acumulada en el estómago para decir lo que pensamos. Nosotras tenemos una fuerza natural para transformar porque nuestro instinto animal es muy diferente al masculino. Nosotras miramos, analizamos y tratamos de escoger lo mejor hasta para los hijos que no tenemos. No digo con esto que seamos unas santas, pero me arriesgo a generalizar: mientras los hombres se ocupan de discutir y planear estrategias para conservar el poder, nosotras nos ocupamos más de las estrategias para conservar la vida. Los cuarenta y tres proyectos de ley presentados por las mujeres del Congreso, que están relacionados con temas de bienestar, pobreza, salud y educación, le dan soporte a mi argumento.

Los hombres del Congreso, de las especies Gerlein o Barreras, famosos por una declaración sobre sexo y por una comparación entre el chicharrón y la marihuana, deben estar muy preocupados por las próximas elecciones regionales mientras se dilatan las discusiones de los asuntos importantes por las cuales se les paga un salario bastante robusto. Otros Congresistas se la pasan peleando y haciendo shows para crear un atasco en los medios de comunicación.

En este punto se me viene a la cabeza una imagen que recreé al leer un artículo hermoso y desgarrador de Juanita León, en el que describía cómo después de una masacre paramilitar en algún pueblo, las mujeres madrugaron con escoba en mano a lavar la sangre derramada en el parque y a arreglar las flores de sus jardines como queriendo mostrar su determinación para superar la tragedia. Así somos, una fuerza muy poderosa, vital para la sociedad, pero siempre subestimada y caricaturizada en forma de escoba.

Las mujeres del Congreso son una muestra diminuta de todo el potencial que tenemos y de la necesidad de seguir llenando espacios. Esos espacios tenemos que lucharlos, colonizarlos, porque Claudia López –por mencionar un ejemplo- no llegó al Congreso por un concurso de talento. A mí no me gustan ese tipo de concursos por algo que un hombre supo expresar mejor que yo en Twitter: “Hay un tipo de misoginia que les exige a las mujeres que demuestren que son capaces todo el tiempo”. Yo no compito con otras mujeres, ni por belleza ni por talento. No quiero espectáculos, sino que a las mujeres se nos escuche y que se potencien nuestras ideas. No quiero ser una cuota ni un relleno. Aplaudo a las mujeres del Congreso, pero esto no es sólo una reivindicación de la mujer que da ese tipo de batallas dentro del recinto que decide el destino del país, sino también una reivindicación de la maternidad. Todas las mujeres, mamás o no, podemos hacer (¡y hacemos!) cosas que a simple vista parecen pequeñas e insignificantes, y que terminan siendo grandes aportes a las instituciones base de la sociedad: la familia y la escuela. Muchas mujeres son madres y muchas otras son maestras. Así que cada cosa en su lugar: en nosotras se gesta la sociedad; y eso se puede tomar de manera literal o simbólica.

Nota: El artículo que motivó estas palabras. http://www.semana.com/nacion/articulo/la-hora-de-las-mujeres-en-el-congreso/409105-3

 

 

 

Antioquia: ¿Políticas públicas o Show de las Estrellas?

Leo en el Facebook de un amigo que en Yarumal recibieron los insumos para el establecimiento de 450 huertas familiares. Me alegré porque esas son las noticias que me gusta leer. El programa de huertas de la gobernación de Antioquia me parece muy importante porque en el sector rural hay problemas de nutrición que no se solucionarán con vías ni con la construcción de parques educativos. El hambre es un problema de distribución del ingreso. Estamos en capacidad de producir suficiente alimento, el problema es que la gente que vive en condiciones de pobreza no puede pagar para obtenerlo. Por eso son importantes las huertas familiares y el autoabastecimiento en el sector rural.

Como el programa de huertas, hay otros programas también muy importantes de los que sabemos poco o nada, como Antioquia Joven y Antioquia Digital, que se enfocan en el trabajo con jóvenes de todos los pueblos y en contenidos educativos. Pero a pesar de su relevancia, este tipo de programas, que impactan de manera directa y casi inmediata la vida de la gente, reciben mucha menos atención que los concursos que tienen invadido el gobierno de Antioquia. Nos mantienen embelesados con concursos que, en vez de ayudarnos a mejorar como individuos que forman parte de un colectivo, podrían llegar a exacerbar nuestro arribismo. Nos trasladaron la algarabía del estadio a todos los espacios. Como decía una amiga: “esos concursos de la más educada parecen parte de uno de esos programas intrascendentes que presentan en televisión por las tardes”. Cambia el tema, pero el formato -con sus códigos secretos- se conserva.

A la gente le gustan los concursos, claro. El bingo, las rifas y hasta las peleas de gallos hacen parte de nuestra cultura; entonces digamos que la estrategia les funciona para mantener a la gente hipnotizada frente al televisor con la adrenalina que nos generan siempre aquellas cosas en las que resulta un ganador y un perdedor. Lo que me parece muy lamentable es que no sea precisamente un hipnotismo frente a la reflexión sobre lo que somos como sociedad y sobre lo que queremos llegar a ser juntos, como sociedad. No digo que no se deban hacer los concursos y que la educación no se pueda volver espectáculo, pero pienso que una cosa es querer superar los propios miedos, los obstáculos y las limitaciones, y otra muy distinta es querer superar a los demás. En la segunda puede estar la base del arribismo, muy arraigado también en nuestra sociedad. Como principio, el lenguaje de la competencia no debería ocupar tanto espacio en un gobierno cuyo eje central es la educación.

Mientras me entero del programa de huertas por un amigo en Facebook, por los mensajes oficiales de la Secretaría de Agricultura -que me llegan al correo- me entero de la creación de un nuevo concurso que se llama “Encarrétate con el Agro”. Hace como tres semanas me llegó otro concurso que se llamaba “Gánate un iPad con el agro”. Mientras el sector agrario está jodido con las lluvias, los bajos precios que reciben los productores en las centrales mayoristas, el alto costo de los insumos y el mal estado de la infraestructura vial, el director de rifas, juegos y espectáculos de la gobernación nos pone a concursar para ganarnos un iPad. Sin duda, ese incentivo llamará la atención en las fincas de recreo. Se gastan una millonada en publicidad mientras lo que necesitamos son políticas públicas serias, no la versión mejorada del Show de las Estrellas.

Un listado de los concursos que se me vienen a la cabeza:

Mujeres talento
Olimpiadas del conocimiento
Mejor taza de café
Gánate un iPad
Quién se le mide
Encarrétate con el Agro

Solo les falta sacar el concurso “Los miserables tienen talento” y que me llegue la invitación a participar a mi buzón de correo. Termino con un cuestionamiento: ¿Cuánto cuesta verle la cara al gobernador cada semana en su versión paisa de Aló Presidente?

 

“Los llamaban locos”

Alguien desempolvó una foto mía que refleja mi época de Diana más ilusa. En la foto tengo la camiseta de Compromiso Ciudadano por Colombia. Yo soy muy crítica, lo sé, casi insoportable. Yo me soporto porque me toca, los demás están en libertad de bloquearme y de sacarme de sus asambleas, listas y reuniones. Lo pueden hacer con tranquilidad y cuando se arrepientan, porque seguro les hará falta mi insoportabilidad, pueden volver que yo con gusto les abro la puerta de mi pared virtual. Semanalmente recibo uno que otro bloqueador arrepentido.

En la política tradicional los discursos cambian. Por ejemplo, si a la gente le van a subir el predial, el político tradicional dice que va a trabajar para que no suban el predial. Si hay problemas de movilidad, el político tradicional dice que va a construir un puente con diez carriles (aunque la salida a la autopista tenga uno solo y la autopista dos). Mal que bien, el político tradicional adapta su discurso y su programa a la realidad. En medio de ese dinamismo populista y sagaz de la política tradicional, ve uno a los políticos alternativos -a los de jean desgastado, corbata heredada y eslogan de moda- pedaleando en una bicicleta estática, repitiendo las mismas cosas y replicando los mismos programas de hace diez años. La continuidad es un ideal en las políticas públicas, pero la realidad es dinámica. No todo lo de los políticos tradicionales está mal. Ellos se mueven y están en la jugada, eso se puede tomar de la política tradicional, no el populismo, sino el dinamismo. Nadie va a dudar de la pulcritud de los políticos alternativos porque se hagan una autoevaluación, se pellizquen y se muevan. O que por lo menos se inventen frases distintas porque ya parecen loros.

Repeat after me:

“Antioquia la más Educada”. “La calidad de la educación empieza por la dignidad del espacio”. “No nos robamos ni un peso”.

Eso de no robar es un mandamiento, una obligación moral con el otro y con toda la sociedad. ¡Saquen eso de ahí! No están educando, están adoctrinando con su discurso “mántrico”. Aunque ni siquiera eso, se están autoadoctrinando -que es peor-. De lo repetitivo que es, el discurso ya no se escucha porque perdió la fuerza. Hablo por supuesto por mí, que me hastié, me empalagué como si me hubiera comido una torta Deli entera. Quise construir desde adentro de Compromiso Ciudadano y no encontré un lugar para hacerlo; intenté que me escucharan muchas veces, quise ayudar, pero fracasé en todos mis intentos. Entonces, como no pude construir desde adentro, me tocó tratar de destruir desde afuera esa barricada de egos que construyeron. Lo hago con bombas molotov de palabras a ver si de pronto con eso despiertan, toman aire y se renuevan. A veces hay que destruir para poder reflexionar y construir. Por eso mi crítica es destructiva, y es ahí, en su poder destructor, donde radica su importancia. Ya hay demasiada gente dispuesta a sobarles el saco y a enceguecerlos con el halago.

Se quedaron en esto: “Es que mire, hace 15 años que empezamos nos llamaban locos”. Empezaron y allá se quedaron con el mismo discurso, con la misma gente, con las mismas frases, con el mismo cuento. Superen el comienzo a ver si logramos continuar, pero trabajando en equipo, sin imposiciones ni Fajardismos. (Y nótese la conjugación… parece que todavía soy ilusa).

Conversación imaginaria con Fajardo

Hice el ejercicio de tomar algunas frases de Fajardo de una entrevista que le hicieron en El Espectador. Comenté cada frase y dejé planteadas algunas preguntas. Todas mis preguntas quedan por ahora sin respuesta -ya saben ustedes que los políticos son muy escurridizos-. Esta fue mi conversación imaginaria con el Gobernador:

Fajardo: “En muchos municipios, estos parques van a ser los sitios más bonitos del pueblo”.

Diana: Hombre Fajardo, ese es uno de mis puntos de discordia con los parques -porque tengo varios-. ¿Están construyendo lugares de encuentro o los sitios más bonitos de los pueblos? Qué muletilla la que tenés con la palabra “más”. Además, eso de la belleza es tan relativo… lo que es bonito para vos no tiene que ser bonito para los demás. Hay un arraigo por la arquitectura tradicional y unos patrones culturales de belleza que hay que aprender a respetar.

Fajardo: “Acá han creído que como la gente es humilde, cualquier cosa que le den es ganancia. Pero nosotros no somos un pueblo de limosnas”.

Diana: No sé qué decirte, hombre Fajardo. Hay prioridades, hay prioridades. No se trata de limosnas, sino de atender las cosas más urgentes. Sitios de encuentro ya hay en cada pueblo -colegios, casas de la cultura-, pero muchos se están cayendo. ¿Los dejamos caer todos para abrirle campo al bello Parque Educativo? ¿Esa es la idea? Si algunos pueblos no tienen con qué mantener la infraestructura que ya tienen, ¿cómo van a mantener la nueva?

Fajardo: “En los pueblos donde nadie volteaba a mirar a los docentes, los parques educativos los han convertido en personas importantes”.

Diana: Es cierto que los parques educativos visibilizaron a los pueblos, mas no a los docentes. Pero esa visibilización se debe a que esos parques son el plan bandera del gobierno departamental y su plataforma política. Lo de la plataforma política no está mal, pero me parece pertinente dejar claro que no se ha visibilizado el trabajo de los docentes. Al menos no es mi impresión, y si estoy equivocada quizás deban revisar su estrategia de comunicación. Hombre Fajardo, yo no creo que un parque vuelva importante a nadie. La gente, por ser gente, ya es importante. Aunque esas son nimiedades del lenguaje. Avancemos mejor.

Fajardo: “No nos concentramos en pruebas de matemáticas porque ese no es el punto fundamental, sino en problemas de desigualdad, violencia e ilegalidad. Esto es doloroso (…) Después de resolver eso, si quiere discutimos las pruebas. Porque no es justo poner en la misma balanza al colegio Los Nogales de Bogotá con la escuela de Abriaquí, Antioquia”.

Diana: ¡Chóquela Fajardo! Por fin nos encontramos en algo. ¿Pero no cree que después de diez años de políticas que han tenido cierta continuidad en Medellín, los resultados en educación -por lo menos en términos de convivencia escolar- deberían ser mejores? ¿No cree que les está faltando algo en la fórmula? No sé, tal vez no era tanto por el lado de los parques biblioteca y la “dignidad del espacio”. ¿Cuál es su reflexión al respecto? Porque pareciera que están replicando la fórmula en los demás municipios de Antioquia.

De otro lado, si las pruebas Saber pueden esperar porque hay otras prioridades, ¿por qué poner a competir a los jóvenes de los pueblos en las olimpiadas del conocimiento? No encuentro diferencia fundamental entre las pruebas Saber y sus olimpiadas, aunque me parece que en las segundas se fomenta mucho más la competencia. Una frase: “Todos hablan de paz, pero nadie educa para la paz. En el mundo educan para la competencia y la competencia es el inicio de cualquier guerra”. Gobern, ¿qué piensa usted del fomento de la competencia en la educación? ¿Valdrá la pena separar a los jóvenes entre un ganador y muchos perdedores, entre mejores y peores?

Fajardo: “Las escuelas rurales no se ven porque han estado atrapadas en la violencia y distanciadas por el Estado. De firmarse un proceso de paz, el mundo rural tiene que cambiar y cada escuelita de vereda se va a convertir en un punto nodal para avanzar en el posconflicto.

Diana: ¡Choque esos cinco otra vez, hombre! Pero no es necesario esperar a que se firme un acuerdo de paz para hacer de la escuela un factor articulador de la comunidad alrededor de la paz, la educación, el emprendimiento, y demás cosas maravillosas. ¿No le parece que eso lo podríamos empezar ya? Es más, hay gente que lo está haciendo; por qué no se suma a las iniciativas locales y les sube la potencia a la “n” -para ponérselo en términos matemáticos-. Pero ojo, Gobern, no es sumarse con el sello de la más educada que ya está estampado en todas las escuelas, en los peajes y hasta en los aguacates; sino sumarse de verdad. Como en el poema de Benedetti: contar contigo, no hasta dos ni hasta diez, sino contar contigo.

Fajardo: “Necesitamos acercar con vías a estas escuelas, convertirlas en los puntos de encuentro más lindos de toda la comunidad, porque ahí se reúnen los líderes y la junta de acción comunal a resolver los asuntos de todos”

Diana: Ahora sí, Fajardo, venga un abrazo. Eso de acercar a las escuelas rurales es fundamental porque los maestros hacen esfuerzos sobrehumanos por sus niños y por la comunidad. ¿Cuáles han sido las acciones específicas en esto de acercar a las escuelas rurales? Espero que no sean solo vías terciarias… ¡Sorpréndeme!

Fajardo: “Las escuelas rurales merecen tener buenos tableros, estar conectadas a internet y tener mejores instalaciones para los maestros a los que les toca vivir en ellas, dormir en ellas, cocinar en ellas. No me cabe duda de que serán las escuelas rurales conectadas el eje para articular un proceso de paz en las regiones”.

Diana: Parcialmente de acuerdo hombre, porque muchas escuelas rurales tienen recursos subutilizados porque los maestros no dan abasto. A una maestra con veinte niños de distintas edades le queda poco tiempo para innovar en sus clases, aunque tenga el mejor tablero. Además, muchos niños rurales tienen serios problemas de nutrición. ¿No le parece que todo es un proceso y que tal vez los maestros necesitan más apoyo y acompañamiento? Pero allá, Gobern, en las escuelas. Ustedes tienen un plan de becas para maestros, pero un diploma de maestría no les soluciona esos problemas cotidianos. La realidad rural es compleja, pero en medio de la complejidad hay mucha belleza. No se la pierda por estar pensando tanto en adobes y tableros. Acépteme aunque sea eso.

Nota: Esta es la entrevista real que le hicieron a Fajardo: http://www.elespectador.com/noticias/educacion/catedra-paz-carreta-articulo-521759

“Motor de la transformación”…

Decir que la educación es el camino para la transformación no es suficiente. Hay que explicar cómo es ese camino. Nuestra realidad demuestra que los personajes más corruptos del país también han sido educados. Bueno, educados dentro del concepto general de educación: calentar silla en un colegio y coleccionar diplomas. La decencia no estaba incluida en el currículo. Repito, la idea es noble, como idea, pero es vaga. Por este comentario me cayeron encima la semana pasada, porque dentro de los educados también hay gente que quiere que los demás se callen y no piensen. Eso me llevó a algo que escribió William Ospina que decía que la política es un chantaje. Nos mantienen chantajeados. Lo ilustro de la siguiente manera:

Los corruptos que se alían con otros delincuentes nos chantajean con el silencio; si hablamos nos quitan un contrato, mueven influencias o nos matan. Y los políticos que no son corruptos también nos chantajean con el silencio, porque como ellos son los decentes y los que hacen algo, entonces nos tenemos que quedar callados porque están haciendo algo. No importa si lo que hacen queda mal hecho, lo importante es que hagan algo, mientras los demás nos tenemos que conformar con el eslogan vendedor. Vaya suerte tan cula.

Apareció otro artículo sobre los parques educativos de Antioquia que no dice nada que no haya salido en otros artículos. Es repetitivo. Mucha retórica. Sin embargo, entre tanta palabra esperanzadora aún no se resuelven mis preguntas:

¿Cómo se van a sostener los parques educativos? ¿Cuál es la visión a cinco, diez y quince años de cada pueblo? ¿De dónde sale la plata para eso?

Eso no más. Decir que esos parques son la puerta de las oportunidades es una visión muy borrosa para un plan tan noble y ambicioso, en especial a un año de terminar el periodo de gobierno del actual gobernador y de los alcaldes de los pueblos. El plan de sostenibilidad es fundamental.

Entonces, es hora de soltar el eslogan para pasar a lo concreto. Es decir, para que la educación no se quede solo en el concreto de los edificios, que ya sabemos que todos van a ganar premios. Esas cosas les quedan preciosas a los arquitectos.

Nota: El artículo que motivó este texto.

http://www.semana.com/educacion/articulo/que-son-los-parques-educativos/405252-3

Olimpiadas del conocimiento

No estoy de acuerdo con el fomento de la competencia en la educación. Hace varios años me gustaba la idea, me parecía novedoso que quisieran cambiar reinados de belleza por olimpiadas de conocimiento. Pero ya cambié de opinión, porque entre el reinado y la olimpiada hay un tongoneito que no me gusta; en el reinado se tongonea el trasero y en la olimpiada se tongonea el conocimiento. No me gusta separar a los jóvenes entre ganadores y perdedores, en especial porque por cada ganador hay miles de perdedores. No me parece un mensaje muy motivante.

Además, los jóvenes de los pueblos vienen de un sistema de Escuela Nueva, en el que los niños tienen un solo maestro (casi siempre maestra) para enseñarles todo y a niños de todas las edades al mismo tiempo. Ese sistema me parece una belleza, es innovador porque les permite a los niños rurales tener acceso a la educación y porque tiene la flexibilidad que no se tiene en las ciudades. El esfuerzo de los maestros y de los niños por hacer cosas es inspirador; los niños caminan horas para aprender a leer y si lo hacen es porque tienen voluntad para aprender. Es admirable ver a una maestra, sola, enseñándoles -a veces- hasta a más de 20 niños cosas distintas, y a la vez atendiendo el mantenimiento de la escuela, escribiendo proyectos y cartas para conseguir donaciones para mejorar la infraestructura, y resolviendo asuntos relacionados con el número de bananos que le llegan para el restaurante escolar. Eso sin contar su preocupación constante por aquellos niños que por más que se esfuerzan no pueden aprender las letras, y por los cuales, humanamente, la maestra no puede hacer más.

En esas condiciones los niños rurales van a estar siempre en desventaja con los de las ciudades, que al menos están separados por edades. Desde ahí, desde la educación básica primaria, los niños rurales quedan excluidos de muchas oportunidades. Por eso me parece triste que a los pocos que logran llegar a las cabeceras municipales a continuar con el bachillerato los pongan a competir como para escoger al que “sirve”. Me resulta muy ruda esa forma de incentivar la educación.

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