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El rifirrafe con los Parques Educativos

En un artículo publicado el 16 de marzo en El Colombiano se da a entender, desde el título, que la nueva administración departamental no cree en los Parques Educativos de Antioquia y que por eso radicó un proyecto de ordenanza en la Asamblea Departamental para modificar (o eliminar) la política pública que se había generado como mecanismo para poder darle continuidad a los Parques.

En mi interpretación de la noticia creo que lo que se quiere hacer es modificar la política pública, mas no eliminarla, porque me parecería incomprensible – y además mezquino- que la nueva administración pretenda dejar a los Parques sin financiación después de todo el esfuerzo que significaron para la pasada administración y para todos los antioqueños.

Les recuerdo que ahí, en esas infraestructuras, hay invertidos miles de millones de pesos que no se pueden perder. El dinero que se necesitaba para levantar las escuelas y los colegios, el del restaurante escolar -que por cierto no llega con normalidad desde que empezó el periodo del nuevo Gobernador-, se quedó en los ladrillos de esos Parques, y esa es una razón de peso para sacarlos adelante. Es más, es una razón de índole moral, porque en Antioquia, la rimbombante, la más de todas, la de la prosperidad -y vaya uno a saber qué otro eslogan más se les ocurrirá-, hay niños que se van a estudiar sin desayunar y para los que la única comida del día es la del restaurante escolar.

Estoy de acuerdo con que la construcción de esos parques fue arriesgada, primó el entusiasmo, no la razón, y con el pasar del tiempo se fueron descubriendo las falencias del proyecto. A los pueblos les entregaron unas infraestructuras gigantes, pero por las carreras -por la mala planeación-, no hubo tiempo para hacer un acompañamiento adecuado del proceso. Esos errores de cálculo son muy comunes en la política, como también es común que cada nuevo gobernante deseche de tajo todo lo que haya hecho su antecesor.

Podría hacer una lista de las falencias de los Parques, sin embargo, me limito a la que a mí me parece más grave: el costo de su sostenimiento. Según el artículo de El Colombiano, ese costo es de 32 millones de pesos mensuales. Después de leer esa cifra me pregunté de cuánto podría ser todo el presupuesto de un pueblo como Tarso para educación y cultura (sin contar los Parques). Hay escuelitas rurales en un estado lamentable, entonces parte del dinero destinado a los Parques Educativos (2.500 millones por Parque) sí habría quedado mejor invertido en otras necesidades más primarias. No era necesario construir cincuenta y cinco, sino tal vez diez que sirvieran como prueba piloto para diseñar una política pública que se extendiera después a todo el departamento.

Pero a pesar de las críticas y de sus falencias, los Parques Educativos ya están construidos y tenemos la obligación de aprovecharlos de la mejor manera. No sé qué estará pasando con los Parques de otros pueblos, pero me llegan muy buenas noticias del Parque Educativo de San Vicente Ferrer. Por eso invito a la Asamblea Departamental a que vaya a San Vicente para que se cerciore de que el Parque recibe 900 visitantes semanales que se benefician de los contenidos establecidos para siete líneas estratégicas.

Además de eso, en San Vicente, la actividad del Parque Educativo se está articulando con los procesos comunitarios de las veredas, un caso específico es el de la sinergia que se ha dado entre el Parque Educativo y La Casita Rural, un proyecto comunitario de la vereda La Porquera que tiene como objetivo acompañar a los maestros rurales en la educación de los niños por medio de la realización de talleres de lectoescritura, huerta escolar, danza y teatro, además de prestar el servicio de biblioteca en la vereda. Gracias al trabajo conjunto, 35 niños de la Porquera empezarán a recibir clases de música con una frecuencia semanal. El Parque Educativo aportará el profesor de música y la Casita Rural está a cargo de gestionar la dotación de instrumentos musicales.

No dejemos caer los Parques, esto no se trata de Sergio Fajardo o de Luis Pérez, sino de la confianza, de la ilusión con que la gente presentó los proyectos y se movilizó para llevar más oportunidades educativas a sus pueblos. Esa confianza no se puede dejar caer, independientemente del nombre de quien nos gobierne.

Para terminar esto, que es un llamado a mejorar las cosas y a trabajar juntos para no dejar caer lo hecho, quiero pedirle a la Asamblea Departamental que, además de visitar el Parque Educativo de San Vicente antes de tomar una decisión, también revise qué está pasando con los dineros de Regalías que deberían ser destinados para ciencia, tecnología e innovación. Les pido esto porque, en el mismo artículo de El Colombiano, se lee una declaración de la exsubsecretaria de los Parques Educativos, Jessica Stephenson Puerta, que dice que los recursos de Regalías para ciencia han sido utilizados para financiar los Parques Educativos.

Me da pena tener que hacer esta aclaración tan básica, pero no creo que el propósito de los Parques Educativos sea la generación de conocimiento -lo que se conoce como ciencia- ni la aplicación del conocimiento generado -lo que se conoce como tecnología e innovación-. Una cosa es la educación, otra muy distinta la ciencia. Los recursos provenientes de las Regalías para ciencia tendrían que haber sido utilizados para fortalecer los grupos de investigación de las universidades y de los centros de investigación, no para la financiación de los Parques Educativos de Antioquia.

Diana Londoño

http://www.elcolombiano.com/antioquia/gobernacion-cambiara-la-politica-publica-de-los-parques-educativos-YY3753537

“El culpable soy yo”

Los antioqueños de bien que han puesto la vara de la decencia tan alta -que ya ni siquiera ellos la alcanzan- me han enseñado que el poder termina por revelar nuestra peor cara. Llevan años heredando el poder a dedo y haciéndonos creer la falacia de que ha sido la democracia, incluso cuando han ganado elecciones por una diferencia mínima valiéndose de un truco que funciona: llamar corruptos a quienes no estén dentro de su diminuto y selecto círculo. Se han dedicado a hablar mal de los otros en lugar de estar concentrados en lo que verdaderamente importa y en cumplir con los compromisos adquiridos por cuenta de lo que ellos llaman democracia. Y lo que importa es la gente, los niños que no alcanzan a ingerir las calorías necesarias para poder aprender a leer con ganas, las personas que hacen fila en un hospital o en la oficina de pasaportes, los que viven del rebusque -42% según datos de El Colombiano- y los que deciden migrar del campo a la ciudad desplazados por la pobreza, por los megaproyectos y por la expansión del área urbana; porque ya ni la agricultura da para la propia mesa y la tierra se la siguen feriando a las mineras. Lo importante son las montañas, los ríos, el bosque seco tropical y la fauna silvestre que en nombre del empuje paisa están muriendo bajo el agua.

Los ciudadanos que aceptan todo sin pensar, sin ir más allá, son más dañinos que los mismos políticos a los que con tanto ahínco se combate desde una columna semanal de algún periódico capitalino; lo peor es que se habla en clave y todos sabemos que se están refiriendo al contrincante político de quien ostenta el poder en Antioquia, el mismo que ahora sin escrúpulos sugiere que se necesita que sea elegido alguien que pueda cuidarle los huevitos de la educación. Medellín es un lunar, la grande es Antioquia y es además bastante rural. Pero resulta que en el campo casi nadie lee las columnas ni la propaganda que se utiliza de lado y lado en esta guerra electoral, en el campo la gente tiene pocos elementos para decidir por quién votar, a menos que, con suerte, les haya tocado saludar de mano al político que llegó a la plaza del pueblo el día que les tocaba salir de la vereda para hacer el mercado y que, en unos cuantos minutos, el político haya logrado dejarles algún mensaje que les cale. Los de un lado optaron por ir a los pueblos a decirles que por nada del mundo fueran a votar por corruptos y que “educación, educación y educación”, los del otro les dijeron que quieren que Antioquia se convierta en la gran despensa de alimentos de Colombia y que van a llevar universidades digitales a los parques biblioteca. Ambos mensajes tienen sin duda una buena carga de demagogia, pero a mí me cala más el segundo porque el campo necesita trabajo bien remunerado y los parques biblioteca necesitan contenido. En cuanto a la ruralidad, los que son tildados de corruptos están llevando un mensaje que me resulta más relevante, lo cual no me sorprende, ya que los decentes se echaron a dormir en los laureles de su decencia y para ilustrarlo cito una frase profundamente desalentadora que le escuché a alguien: “Es que los corruptos por lo menos nos escuchan”.

La pugna por el poder se libra pues desde Medellín porque allá es donde se distribuye el presupuesto y donde están los mejores puestos; en Medellín se reparten los contratos para diseñar las convocatorias de educación, de cultura y los programas que beneficiarán a todo el departamento. Y mientras en la ciudad se libra la batalla por la sucesión del poder, en el campo la gente se tiene que conformar con las veinte sillas nuevas que les mandaron a la escuela rural, con la visita de un contratista para hacer una huerta a la que no le germinó ni una semilla o con el imponente edificio al que le dicen parque que apareció en algún lugar del pueblo. Y ay de los que se quejen, ¡desagradecidos! ¡Por lo menos ahora se ven los edificios!

Yo no voy a entrar en el juego de llamar corruptos a los demás porque eso contribuye a la estigmatización de quienes apoyan a un candidato en particular y nos fragmenta mucho más como sociedad, además la corrupción abunda hasta en nuestras propias casas como bien lo escribió Salcedo Ramos hace un tiempo: que no es precisamente por los políticos que se encadenan los bolígrafos en las tiendas o se les pone reja a las ventanas. Antes de señalar a los demás sería bueno que cada uno examinara cuántas maromas ha hecho para no pagar impuestos, cuántos pasteles hizo en la universidad, cuánto pagó para que le cambiaran las notas (escándalo UPB), cuántas veces le ha chuzado la cuenta de correo al novio o a la novia, cuántas devueltas se ha embolsillado y a cuántas roscas pertenece. La rosca es una de las cosas más peligrosas que se generan con el poder y que se perpetúan con la sucesión de los amigos en él. Unos intimidan con las armas y otros con la rosca, y los que acuden a la segunda no se deberían creer tan decentes porque la rosca también es una manera de irle matando las ilusiones a la gente. Finalmente, los gobernantes son tan solo un reflejo del nivel de nuestra patanería y para cambiar ese reflejo tendríamos que empezar por cambiar primero nuestro propio comportamiento. Y el comportamiento se cambia con voluntad, ya no diré que con educación para que no aparezca algún político a decir que por eso es que nos ha estado educando con concursos de televisión. Utilizar la educación para ganar el favor popular me parece la más detestable de las demagogias; unos se pegan de la seguridad, otros de la educación, y en ambos casos se señala a dedo al sucesor.

Esta vez me abstengo de participar en la elección del gobernador y acudo a un lugar muy común para terminar mi retahíla: entre políticos decentes -y arrogantes- y políticos corruptos, que entre el ciudadano y escoja de acuerdo a la agonía de sus esperanzas. Ni es decente todo el que vote por Restrepo, ni es corrupto todo el que vote por Luis Pérez, ni es periquero todo el que escuche Diomedes.

Diana Londoño.

Mi confusión con Luis Pérez

Estoy muy confundida con Luis Pérez. Desde que me interesé por la política tuve la idea de que era un hombre terrible, un corrupto, una amenaza para el progreso de Medellín y el argumento siempre fue una vajilla. Después, en las pasadas elecciones, también se dijeron muchas cosas malas de él, y con el argumento de “salvar” a Medellín, Fajardo hizo una alianza con Aníbal Gaviria que sólo fue electoral, porque después de elegidos partieron cobijas y siguieron cada uno por su lado. Medellín está como está de la mano de Gaviria, y el programa educativo de Fajardo ha sido duramente cuestionado. Si vamos a lo de la honestidad y a la vajilla de Luis Pérez, recuerdo que Fajardo también tiene una historia con la adjudicación de una mina y que hay unos contratos cuestionados y una Biblioteca España cayéndose a pedazos. El concepto que tengo de Luis Pérez fue construido a partir de los juicios de los fajardistas, quienes lo pintaron siempre como lo peor de lo peor. Lo cierto es que no hay condenas ni procesos en su contra y que no lo veo como un hombre tan poderoso como para comprar fiscales.

La primera vez que dudé de la veracidad de esa imagen de hombre perverso fue cuando dos profesores de la de Antioquia, que conozco de toda la vida, hablaron muy bien de las ideas de Luis Pérez y de cosas muy buenas que había hecho cuando tuvo la rectoría de la Universidad de Antioquia. “No es el monstruo que pintan”, dijeron. Después, mi profesor de matemáticas de la Nacional, una persona a quien admiro y quiero, me dijo hace varios años: “Estás equivocada”. Después otro amigo, que conocí en Compromiso Ciudadano, también me dijo: “Luis Pérez no es tan malo”. Ahora, muchos amigos que llevan trabajando veinte años en teatro y en educación; amigos que han vivido del rebusque honesto toda la vida, están participando en política de la mano de este señor. Les veo la foto de Luis Pérez en el tarjetón. Entonces me pregunto: ¿Qué fue lo que en realidad pasó? ¿Será posible que por ser una persona de bases populares, y no de bases de estrato seis, haya sido estigmatizada de una manera exagerada? Porque errores cometen todos los gobernantes. Mis amigos no son matones ni jefes de bandas criminales. Los conozco de años, y no serán santos, pero les conozco un trabajo serio y disciplinado. Su trabajo habla por ellos. Por cierto, dejo una píldora para la memoria: el primer Metrocable lo construyó Luis Pérez.

Ya que tanto la honestidad de Fajardo -y sus fajardistas- como la de Luis Pérez está cuestionada, me limito a las propuestas de esta campaña. Comparto un cuestionario que les hizo El Colombiano a los dos candidatos que veo más opcionados para ganar la Gobernación. Luis Pérez plantea cosas muy importantes sobre el campo, mientras Federico Restrepo se limita a repetir frases desgastadas y no propone nada nuevo. Mientras el movimiento de Luis Pérez parece incluir a muchas personas que llevan años trabajando y que merecen un apoyo decidido, Federico Restrepo habla del mismo grupito de quince amigos con los que se aventuró a participar en política hace años; y valga decir que en ese grupito de pulcrísimos no hubo lugar para mí ni para muchas otras personas con deseos de contribuir. No sé si fue la moral o el estrato lo que no nos alcanzó para ser dignos de su divina presencia.

Cito una frase de Barba Jacob que me gusta: “Tengo la moral necesaria para poder sobrevivir”. A mí tanta pulcritud que proclaman algunos también me espanta, porque los que se dicen pulcros son expertos en tapar cagadas.

Estas son las respuestas de Luis Pérez: http://www.elcolombiano.com/multimedia/videos/luis-perez-gutierrez-candidato-gobernacion-de-antioquia-MD2498187

Y estas las de Federico Restrepo: http://www.elcolombiano.com/multimedia/videos/federico-restrepo-candidato-gobernacion-de-antioquia-MD2498248

Parques del Río y otras megaobras

La Alcaldía de Medellín defiende la intervención de Parques del Río argumentando que si los ciudadanos nos apropiamos del espacio del río, los habitantes de la calle se alejarán. En su lógica unos se tienen que apropiar para poder expropiar a otros, que además también son ciudadanos, aunque vivan en la calle.

En estos días un reconocido líder del performance de la bicicleta celebraba el  fallo de tutela que permitía la continuidad en la construcción de un tramo de cicloruta diciendo que había ganado la ciudadanía. Y a mí me pareció curioso que él no considerara ciudadanos a quienes pusieron la tutela que, según entiendo, pedía detener la obra mientras les explicaban a los directamente afectados de qué se trataba y por qué el interés de hacerla en una calle y no en otra. Me parece además extremo que conviertan todo en un pulso de egos y que a quienes piden una explicación les quiten incluso la categoría de ciudadanos (al menos en el uso del lenguaje).

En Medellín llevan años desplazando a los habitantes de la calle, los han estado barriendo como si fueran polvo y por eso están hoy todos concentrados en la Plaza Minorista. El río tiene 3500 habitantes que tendrían que haber sido tenidos en cuenta en la planeación del proyecto. Pero no, en Medellín lo humano parece pasar siempre a un segundo plano; lo que importa son las obras físicas porque esas nos recordarán siempre el nombre del gobernante que las dejó, aunque se haya improvisado en su construcción y terminen por hacernos sentir extraños en nuestra propia ciudad.

En los últimos años los gobernantes de Medellín, cargados de buenas intenciones y de arrogancia, han embellecido la ciudad desplazando todo lo “feo” y abordando apenas de manera muy superficial las causas de los problemas. Tenemos un megapuente que de noche se ve precioso por la iluminación y que de día se ve monstruoso por la congestión. Ahora tenemos la megaobra del río que condena a la gente a quedarse en la casa por temor a los trancones y a la multitud de un Metro que no da abasto en horas pico. A eso dicen que es hora de sacar la bicicleta, desconociendo que no todo el mundo puede (o quiere) transportarse en una. Ahora se le ocurrió al Alcalde prohibir el tránsito de vehículos de carga a ciertas horas, medida que atenta contra el derecho al trabajo de los transportadores de carga en una vía de uso nacional.

En cuanto a educación -lo fundamental y convertido en muletilla de campaña política-, tenemos unos megacolegios con tableros de última generación que son utilizados por unos maestros acorralados por la violencia y por unos estudiantes rajados en varias pruebas (si se tiene en cuenta el desempeño frente a la inversión) y seguro confundidos en medio de sus dramas adolescentes. Al Alcalde se le ocurrió que sería mejor inventarse su propio sistema de medición para no salir tan mal librado en las pruebas.

Pasando de Medellín a Antioquia (por aquello de la Alianza AMA que nos vendieron Aníbal y Fajardo para salir elegidos), tenemos unos parques educativos que serán entregados en los últimos meses de gobierno a una tasa de diez por mes para poder cumplir con la meta de dejar ochenta en casi todo el departamento. Del contenido educativo y de la estrategia de sostenibilidad se conoce poco. Las megaobras contrastan con las escuelitas rurales de techos remendados  a las que llegan sillas nuevas para unos niños que preferirían tal vez sentarse en el suelo y comerse un buen desayuno antes de ir a educarse.

Tenemos maestros rurales solos en las escuelas encargándose de niños de distintas edades al tiempo -en algunos casos hasta de más de veinte-. A los más pequeños deben enseñarles a juntar consonantes y vocales, mientras a los más grandes deben motivarlos para que continúen con el bachillerato en el pueblo más cercano. Los poquitos que logran llegar al pueblo se encuentran con unas fantásticas olimpiadas del conocimiento que los separan en dos grupos: unos pocos ganadores y miles de perdedores; entre los que se merecen el reconocimiento y una beca, y los que harán parte del bulto, desconociendo el gran esfuerzo de muchos que caminaron por años varias horas para poder llegar todos los días a su escuelita de techos y pisos remendados.

Si replicaran a estas palabras me dirían que también tienen un programa más amplio de becas, y yo les replicaría otra vez preguntándoles cuál sería entonces el propósito de las olimpiadas del conocimiento y del gasto exagerado de dinero en el formato de un programa tipo El precio es correcto, habiendo aún tantas necesidades básicas insatisfechas. Me responderían quizás que el propósito era poner de moda la educación, volverla popular, y yo les volvería a replicar… Así seguiría, hilando fino, hasta llegar a su fundamento, porque un programa que pretenda ser educativo tiene que tener alguno. Y sería maravilloso que me replicaran con cifras: número de escuelitas rurales que recibieron mantenimiento por cada parque educativo construido, número de maestros por niño (urbano y rural) y calorías reales consumidas por niño en el restaurante escolar.

Termino esta retahíla diciendo que los que se enojan con quienes nos atrevemos a señalar los vacíos que vemos, los que dicen que hay que ver siempre lo bueno y se hacen los sordos ante la crítica para evitarse un dolor de ego, son también personajes poco constructivos para la sociedad. Al menos yo señalo vacíos que, de ser atendidos, nos ayudarían a mejorar.

Son poco constructivos porque han decidido ver sólo lo que para ellos es bueno y nos han impuesto a los demás su visión de progreso, anulando, poco a poco, con disimulo y gran indiferencia, nuestro derecho a la protesta. Hacen daño al creer que se puede avanzar hacia la paz que tanto pregonan excluyendo los puntos de vista de los demás.

Diana Londoño.

Vacas flacas

Es lamentable la situación de Fajardo. Vi una campaña en la red que se llama “Yo creo en Fajardo” y la leí como un llamado a cerrar filas.

En su defensa se argumenta decencia y desconocimiento de que el esposo de la funcionaria era el beneficiario de la concesión para explotar la cantera en cuestión -de la cual sospecho tendrá si acaso tres piedras-. Yo creo que así fue; hubo descuido, o mejor, hubo una cadena de descuidos de los funcionarios que debían revisar las concesiones antes de ser firmadas por el gobernador. Sin embargo, ni la decencia, ni la omisión, ni el desconocimiento eximen al gobernador de la falta disciplinaria cometida. La decencia y la moral son conceptos bastante subjetivos.

Cuando quise unirme y ayudar, cuando les pedí que me escucharan, los fajardistas cerraron filas creando una barricada alrededor de su líder. Guardaron silencio, nunca me respondieron por mis proyectos, se hicieron los que me escuchaban pero en realidad nunca lo hicieron, tampoco respondieron con claridad las preguntas nacidas de mi compromiso como ciudadana. Cuando manifesté mi desacuerdo no faltó el que me mandara a buscar otro partido (como si el fajardismo fuera uno).

Ahora, en la época de vacas flacas, soy yo la que guarda silencio. No me les uno al llamado a cerrar filas alrededor de un individuo al que con fe ciega idolatran. Lamento todo el daño que los fieles le han causado a Fajardo -y a la política en general- al no admitir puntos de vista contrarios y al no hablarle a él con firmeza y claridad.

A las instituciones hay que honrarlas, y aunque el Procurador sea un personaje nefasto, la defensa del gobernador tiene que argumentar algo más que decencia, porque la gente decente también se equivoca y tiene que rendir cuentas. Aunque duela, hay que aprender a asumir con entereza las consecuencias de los errores. Y para mí el peor error de los fajardistas ha sido la arrogancia. Tan nefasto es el Procurador para el país, como el hecho de que el fundamento de los movimientos políticos no sean las ideas y la deliberación entorno a ellas, sino el culto a algún individuo en particular.

Guardo silencio porque no quiero caerle al caído. Pero en mi silencio esperaré que de todo esto no resulte el gobernador inhabilitado.

Esto me lo encontré en un muro ajeno:

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

Los bicicleteros de Medellín

Hace un par de años me entusiasmé con la idea de que en Medellín se le abriera paso a la bicicleta. En Holanda llevo casi ocho años movilizándome en bici y en transporte público, y sólo hasta ahora siento la necesidad de sacar la licencia de conducción para trabajar y visitar ensayos de campo.

En Holanda he aprendido que cuando los ciclistas y los conductores de carros aprenden a convivir en paz en la vía, a cederse espacio, algo positivo pasa también con otras interacciones urbanas y el ambiente se siente más en calma.

Sin embargo, a pesar de querer ver a Medellín con menos carros y más bicicletas, mi entusiasmo se fue menguando con el excesivo performance de los que comandan el movimiento de bicicleteros y de los que los siguen en patota, sin ponerse en el lugar de los demás. No sé bien en qué momento empecé a sentir sus deseos de transformación como una agresión, sin son ni ton, contra todo el que se moviliza en cuatro ruedas y contra todo el que no les entiende que en Holanda las bicicletas son la berraquera. Lo que pasó esta semana con los concesionarios no lo comparto, porque si bien hay que recuperar las aceras para los peatones (especialmente para los discapacitados), no creo que convertir la calle en un campo de pelea entre concesionarios y bicicleteros sea lo más adecuado.

En conclusión, es muy triste que todas las causas nobles en Medellín terminen en esto, en imposiciones y peleas de egos. El movimiento de bicicleteros me produce un sentimiento similar al que me produce el gobierno de Antioquia “la más educada”, que de tanto profesar pulcritud, nos empezaron a hacer sentir a todos los demás impuros e indignos de estar en su presencia. Por eso, aunque en ambos casos comparto sus propósitos, no me les uno porque me violentan sus modos.

Diana Londoño.

Carlos Manuel y Nicanor

He conocido empresarios que sin ser malos tampoco son buenos, empresarios que todavía pretenden que uno les agradezca el salario mínimo, mientras esperan en una poltrona a que uno rinda como una máquina hacedora de botones: a mil por hora. He conocido empresarios capando impuestos, y los he conocido por los periódicos, por noticias de conspiraciones para monopolizar mercados y manipular precios. Pero hay empresarios comprometidos con la sociedad que cuando se van dejan un hueco.

De todos los líderes paisas a los que El Colombiano les publica historia tras su muerte, sólo un par de este tiempo me han inspirado unos suspiros con lamento. Ambos mostraron, hasta el punto más final, amor y compromiso por dejar un mejor lugar para los demás. Uno de esos líderes antioqueños era Carlos Manuel Echavarría, quien fue, además de empresario, protagonista en la historia de mi familia. Era el jefe de mi papá y tuve el gusto de conocerlo en su mejor faceta, no en la de hombre exitoso y millonario, sino en la de hombre preocupado por cada uno de sus empleados. A Carlos Manuel le debo la vida de mi padre; lo cual significa que le debo también la mía.

Han pasado años y en mi familia seguimos lamentando la muerte de Carlos Manuel. Hoy lamento también la muerte de Nicanor Restrepo. Cuando se muere gente como ellos, gente comprometida con la gente, siento que vamos quedando pocos. Ellos no fueron importantes por ser exitosos empresarios, sino por su constante preocupación por lo humano.

Rebeldía de pañito húmedo

Algunos rebeldes muy intrépidos y corajudos de Medellín se esconden cada vez que se alborota el avispero del poder. Esos son los que cargan pañitos húmedos en el morral para limpiarles el sudor al alcalde y al gobernador. Podrán ser muy “propositivos”, pero no creo que sean independientes, ni mucho menos críticos.

Y esto lo digo yo. Y aquí les firmo.

Diana.

La versión educada del pan y del circo

De todo el bombo que le han hecho a los parques educativos, de tanta frase repetida y gastada, lo que a mí me parece verdaderamente importante es lo que aparece al final de una nota de El Colombiano. Eso tan importante -y que llevo meses preguntando- es precisamente lo que la gobernación de Antioquia no ha sido capaz de explicar de manera contundente. Si está tan claro no entiendo por qué no utilizan el arsenal de publicidad institucional para comunicarlo. Más bien se la pasan diciendo que vamos a tener el mejor café del mundo y que se abrieron de golpe las puertas de todas las oportunidades y que ahora en Antioquia sí se apoya el talento. Esa frase de las puertas para mí ya no cuenta ni como metáfora. Se han hecho cosas importantes, pero se dedicaron a darnos la versión educada del pan y del circo. Que nos cuenten de Antioquia digital, del acompañamiento a los maestros, de las huertas escolares, de las becas, de Antioquia joven, de los programas y de los contenidos. Es que en últimas esas son las cosas que impactan a largo plazo, no los premios ni los ladrillos. Además, la calidad de la educación no empieza por ningún espacio. Los espacios no educan. Influencian el aprendizaje porque hacen más agradable la estadía en el colegio, pero ese no es el principio. Por eso me opongo a la frase de campaña del gobernador que nos inundó la educación de concreto, y me atrevo, además, a hacerle un remiendo: La calidad de la educación empieza por la humanidad y por la dignidad del maestro.

Copio textual el último párrafo de la nota de El Colombiano, porque creo que en el acompañamiento está la clave para que esos edificios no se caigan cuando se le acabe el periodo de gobierno a Fajardo. Este es el párrafo:

“Entre los aliados de los parques educativos Proantioquia aporta a la formación de los docentes. La Universidad Nacional y la Universidad de Antioquia ponen su cuota en el fortalecimiento de la educación media y acceso a la educación superior. En los temas de emprendimiento y formación para el trabajo están el Sena, con su oferta en formación técnica y de cursos cortos, así como los centros Antioquia E y la Escuela de Campo, adaptados a la vocación de la región en cada caso. El Instituto de Cultura de Antioquia y la fundación MUV están entre las entidades que propenden por lo cultural. El Centro Colombo Americano también está entre las entidades que aportan a programar los parques con cursos de inglés”.

La nota: http://gobernacin.sharedby.co/share/cQTwpO

Mortificación necesaria

Leer ciertas noticias me resulta doloroso, sin embargo las leo, porque necesito una dosis de mortificación diaria para sentirme humana. Mentiría si digo que soy infeliz, pero también si digo que soy absolutamente feliz. La felicidad me llega en intermitencias maravillosas, pero cortas. Cada vez su frecuencia es mayor, por eso creo que algo de madurez he alcanzado: ya no pretendo cambiar el mundo completo y me niego a echarme encima todas sus miserias. Con que cambie un pedacito de mi reducido mundo me doy por bien servida.

Dejo pues mi dosis de mortificación necesaria: cada 33 horas muere un menor de cinco años por hambre y hay políticos que se empeñan en construir edificios y en educar prontas calaveritas. Recuerdo el caso de Vigía del Fuerte, cuya pobreza es mayor al 90%, pero que ahora tiene un parque educativo de muchos miles de millones en la zona de inundación del Río Atrato. Dicen que le pusieron zancos al edificio, y a los niños, muchos seguramente desnutridos, les dieron un morral con un logo (o banderilla política) para que no se les olvide nunca quién fue el prócer de la patria que se empeñó por fin en darles una educación representada no más en ladrillos. De los programas y del plan futuro no se menciona casi nada; sólo que se están abriendo las puertas de las oportunidades.

La política que conocemos es muy triste, por donde se le mire termina siendo populismo al cien. Las barriguitas llenas de los niños no son electoralmente tan efectivas como los ladrillos.

Comparto el artículo que me mortifica hoy:

http://www.elespectador.com/noticias/investigacion/crueldad-de-pasar-hambre-articulo-539796

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