7 de marzo de 2015.

Me llegó una queja sobre mis puntos seguidos en los textos de contenido político, y aunque el quejumbroso no especificaba el tipo de textos, sé que se refería a esos. No le gustan las frases cortas separadas por puntos seguidos. Le respondí, sin justificarme -no tendría por qué hacerlo-, que yo para los políticos no tengo prosa, que escribo como me sale y para ellos sólo tengo frases cortas y muy cortantes; textos con un cierto toque discursivo, hablados y llenos de pausas necesarias para descargar la impotencia y la rabia. Mientras los escribo me imagino entrando al despacho de un político cortacintas con mis crespos muy bien puestos, mis cachetes de montañera bien colorados y con dos espadas, una en cada mano, para decirle que muy buenos días y después soltarle mi discurso escrito, mi perorata. Se lo suelto como si cada palabra fuera un sablazo del Zorro, pero en vez de una Z le dejo una D, y me largo.

Así son esos textos. Para los políticos cortacintas tengo eso.