Lo más hermoso de mi año fueron estos niños y su maestra. Gracias a la vida por ellos y por los amigos con los que tuve la oportunidad de trabajar. Le pido a la vida más vida para que sigamos inventando cosas que nos hagan la vida a todos más hermosa. No redundo en la palabra vida en vano: Le pido vida a la misma vida para alegrar vidas (también la mía).

La última actividad extracurricular del año que se hizo en la escuela era algo que la maestra tenía muchas ganas de hacer. Ella misma gestionó por todos lados los recursos y los medios para lograr su propósito de amor. La Casita Rural no hizo actividad en noviembre para que la maestra pudiera utilizar el presupuesto para su actividad ($250.000). Ella mandó cartas a las fincas, hizo llamadas y se consiguió un bus seguro y cómodo para los niños, y se los llevó para Medellín a jugar en Divercity. Era la primera vez que los niños iban a Medellín y estaban muy emocionados; me contó la maestra que al ver el Metro se pegaron todos de las ventanillas del bus y que gritaban “¡el tren, el tren, el tren!”. Que le boleaban la mano al tren para decirle adiós y que también dijeron -inocentes de todo- que parecía que esos edificios de Medellín se les fueran a caer encima. Se asustaron con los edificios (y eso que no saben que uno de verdad se cayó y que hay otros que amenazan con desplomarse en cualquier momento). Hago énfasis en algo que me parece importante: los niños de la vereda se asustaron con los edificios.

Muchas gracias a la maestra, a las personas del pueblo que trabajan por la educación y la cultura y a todos los amigos que nos ayudaron a hacer sonreír a estos niños. Espero que en el 2015 podamos seguir provocando sonrisas y algarabías infantiles y que cada vez seamos más los que trabajamos con el corazón por la educación. Hay que hablar menos de educación y trabajar más. Hay que acercarse a los maestros en las escuelas para hacerles saber que no están solos. Hagamos que la alegría de los niños sea esa banderita blanca que clama por el cese de la violencia.

Regalémonos paz. Pero recordemos que la paz no se compra con una firma y que no la venden en los supermercados. La paz es como una planta que hay que cultivar removiendo del campo las malas hierbas. La rabia es normal sentirla, pero es una mala hierba. Hay que encontrar la manera de removerla cada vez que aparezca.

Les deseo bienestar en el 2015; que todas las malas hierbas que se nos aparezcan sean fáciles de remover.