Bertrand Russell, uno de los más adorables filósofos de este tiempo -que sin haber sido el mío tampoco lo siento ajeno-, le dedicó la recopilación de su vida a su última compañera, después de haber tenido muchas, porque la búsqueda filosófica de Russell también incluía al amor, y por eso vivió con una y con otra, quizá pensando que el amor podría parecerse a algo. Al final lo encontró después de buscarlo como por 80 años y murió tranquilo. Yo creo que el amor es muy raro y que cada quien lo peina para el lado que mejor le convenga. Para mí el amor es paz y produce mucho sueño. Por ejemplo, cuando yo miro el amor en sus ojos me da un sueño como de muerte. Si la muerte llegara así, súbita a través de esos ojazos, la muerte sería todo un deleite. Que Dios permita que así me llegue.

Esta fue la dedicatoria de Russell a Edith, quien no fue su compañera de la vida, sino prácticamente la de su muerte:

“A través de los largos años
busqué la paz
y encontré el éxtasis,
encontré la angustia,
encontré la locura,
encontré la soledad;
un dolor solitario
que corroe el corazón.

Ahora, viejo y con el fin cerca,
te conocí,
y conociéndote encontré el éxtasis
y también la paz.
Ahora sé lo que es descasar
después de tantos años de soledad.
Ahora sé lo que pueden ser la vida y el amor.
Ahora, si muero, moriré pleno”.