Desolación

Hay días en los que en mi buzón de correo no se posan mensajes en negrita, y es en esos días en los que siento una soledad desolada. No siempre que hay soledad hay desolación. A mí me gusta la nostalgia sin tristeza, la ausencia sin vacío y la soledad sin desolación. El correo en blanco es para mí la desolación. Pero gracias a la vida encontré un día al niño monaguillo de la iglesia de por mi casa. Aunque él niega que haya sido monaguillo, yo sólo lo recuerdo vistiendo el Alba. Me ha pedido misericordia con el borrador de recuerdos, pero le he dicho que si hay alguna carencia en la memoria con seguridad tiene que ser la de misericordia. La memoria es despiadada y lo seguirá vistiendo de monaguillo cada que a ella le venga la gana. Cada semana el monaguillo atropella la desolación de mi bandeja de entrada con mensajes que se demoran ocho horas en llegar; él los envía en la noche de allá para que yo los encuentre en la mañana de acá. A veces, unas más que otras, quisiera tenerlo frente a mí después de leer sus columnas para abrazarlo y para decirle que ha sido un placer que nos hayamos conocido por nuestras palabras, porque, por esas cosas curiosas de las ciudades que han crecido en furia, en Medellín podían pasar años sin que uno mirara a los ojos a sus vecinos para decirles ‘hola’. La mirada gacha nos hizo perder del placer de una amistad de lecturas en voz alta, pero aquí estamos hoy compartiendo el gusto por la palabra escrita, y un despilfarro de alegrías cada que un nuevo mensaje se posa en nuestras pantallas frías. Desde que supe por su libro de cuentos que le gustaba leer en voz alta, de cuando en cuando regreso a cualquiera de sus cuentos para mirar el barrio que nos vio crecer ignorándonos. También los leo en voz alta para sentirme un poco él. Es irónico que en estos tiempos para poder estar cerca haya que estar tan lejos. Si algo he descubierto en todos estos años de distancia es que mientras viví en Colombia jamás estuve tan cerca de mis amigos como lo estoy ahora. Estas fueron unas palabras involuntarias; no resistí la tentación de regalarle unas letras a ese amigo en la distancia que por fortuna no le teme a las cartas.

Mortificación necesaria

Leer ciertas noticias me resulta doloroso, sin embargo las leo, porque necesito una dosis de mortificación diaria para sentirme humana. Mentiría si digo que soy infeliz, pero también si digo que soy absolutamente feliz. La felicidad me llega en intermitencias maravillosas, pero cortas. Cada vez su frecuencia es mayor, por eso creo que algo de madurez he alcanzado: ya no pretendo cambiar el mundo completo y me niego a echarme encima todas sus miserias. Con que cambie un pedacito de mi reducido mundo me doy por bien servida.

Dejo pues mi dosis de mortificación necesaria: cada 33 horas muere un menor de cinco años por hambre y hay políticos que se empeñan en construir edificios y en educar prontas calaveritas. Recuerdo el caso de Vigía del Fuerte, cuya pobreza es mayor al 90%, pero que ahora tiene un parque educativo de muchos miles de millones en la zona de inundación del Río Atrato. Dicen que le pusieron zancos al edificio, y a los niños, muchos seguramente desnutridos, les dieron un morral con un logo (o banderilla política) para que no se les olvide nunca quién fue el prócer de la patria que se empeñó por fin en darles una educación representada no más en ladrillos. De los programas y del plan futuro no se menciona casi nada; sólo que se están abriendo las puertas de las oportunidades.

La política que conocemos es muy triste, por donde se le mire termina siendo populismo al cien. Las barriguitas llenas de los niños no son electoralmente tan efectivas como los ladrillos.

Comparto el artículo que me mortifica hoy:

http://www.elespectador.com/noticias/investigacion/crueldad-de-pasar-hambre-articulo-539796

Dignidad e indignación

No podía dejar pasar este domingo sin participar de la discusión sobre el reinado en tanguitas de unas chiquillas que bailaban reguetón de manera muy sensual en una pasarela. La imagen me produjo náuseas y de mis náuseas resultaron estas palabras que dejo consignadas en mi pared virtual o muro de mis lamentos.

No importa que esta haya sido la versión número veinte del reinado de Miss tanguita, nunca es tarde ni es un mal momento para levantar la voz ante lo que no nos gusta y queremos que cambie. Por qué no pensar que si nos indignamos este año es porque estamos cambiando, o que como sociedad estamos ganando medio punto más de conciencia colectiva, o que por fin estamos pensando en los hijos de otros y no sólo en los propios. Ahora las redes sociales nos ayudan a enterarnos de muchas más cosas y eso nos facilita la indignación, pero no sólo la indignación, porque de las redes sociales también surgen acciones. Que nos encontremos un puñado de indignados para tomarnos un café y ver qué podemos hacer es una ganancia muy grande. ¿O será que los críticos de nuestra indignación pretenden que nos quedemos sólo siendo espectadores de las pataletas de nuestros flamantes políticos graduados de caudillos?

Yo no creo que nuestra indignación se deba a una “doble moral”, que es el cliché en el que siempre caemos cuando otros se quejan por lo que nosotros no. En muchos casos, no se trata siquiera de una moral doble, sino de una ausencia total de moral. La moral para mí es lo que me detiene de dañar a otro. Pero como la moral se estira y se encoge como los resortes, al vaivén de religiones y ateísmos, para eso son las leyes y las normas, para hacer que el resorte quede en un punto medio de tensión. Esas leyes deben hacerse pensando en el bienestar de los individuos, en evitarles sufrimientos o incomodidades que desencadenen la violencia. Las leyes y las normas son necesarias en toda sociedad que quiera vivir de manera pacífica, pero tampoco sirven de nada si no las cumplimos. Ahí es donde entramos en el terreno de la educación. Todo está conectado. Necesitamos normas que regulen las expresiones que hacen parte de nuestra cultura y que son nocivas (como los reinados infantiles), pero necesitamos también que cada día mucha más gente entienda las razones detrás de cada norma y, lo más importante, gente que esté dispuesta a cumplirlas sin necesidad de policías. A las cárceles no les cabe un alma más, así que olvidémonos de esa opción y mejor eduquémonos los unos a los otros porque ya la mayoría pasamos por la escuela y quedamos a medias. Las niñas no se pueden exponer tanto, mucho menos en un país como Colombia que tiene un nivel de perversiones exagerado y que aún mira a sus mujeres con desidia. Y hablo de las niñas porque son las más vulnerables, pero donde yo escriba “niña”, léase también, por favor, niño. Cada hora dos niños son abusados en Colombia y en el 41% de los casos hay un familiar involucrado. Las niñas son víctimas del 80% de los abusos. El abuso sexual es un crimen atroz que tiene el potencial de dañar muchas vidas; la de la víctima, en primer lugar, y la de todos los que en el futuro se relacionarán con ella: amigos, novios, esposos, hijos. El sufrimiento y la violencia se van contagiando de generación a generación.

El tema del abuso sexual, que en últimas es lo que a mí más me preocupa de la exposición de las niñas en tanguita, es algo muy complejo que no se soluciona haciendo listas de agravios de mujeres para hombres. Ambos sufrimos por parejo las consecuencias del machismo, que está mucho más arraigado en la cultura que los reinados, y que es la causa de la cosificación de la mujer, de su deshumanización, hasta reducirla a un artículo de mostrador incluso con el lenguaje: “mercancía que no se muestra no se vende”. A mí me han hecho ese chiste infinidad de veces y de manera inocente. Yo como mujer me indigno por el reinado en tanguita. Nosotras hemos sido multiplicadoras del machismo, con que empecemos a erradicarlo de nuestras mentes y de la de nuestros hijos (quienes los tengan), le habremos hecho un gran aporte a la paz de nuestra sociedad. Aprendamos, mujeres, a incluirnos siempre en todo, eso del lenguaje incluyente a mí me parece algo irrelevante en medio de tantas violaciones. Cuando llamen sólo a los hombres, preguntemos por qué, y si la razón es de fuerza porque hay que cargar piedras, entonces hagámonos a un lado. No nos expongamos tampoco a una hernia por querer estar a la par. Si no hay razón fisonómica o fisiológica que nos limite, metámonos haciendo gancho con los codos en la cintura. Miremos a los ojos, por lo menos mirémonos entre nosotras, y dejemos que salga nuestra voz (y a gritos si es preciso). No nos ataquemos entre nosotras para que juntas podamos defendernos y protegernos, así protegemos también a todos los que vienen.

El camino hacia nuestra humanización ha sido y seguirá siendo largo. La indignación por esta pasarela de niñas en tanguita es otro paso, y una muestra de que tenemos mucha dignidad que se puede potenciar para que nos sigamos indignando más. Con indignación y acción los cambios llegarán.

Diana Londoño.

Amores silenciados

Vagaba por Facebook, hacía mi rutina de lectura de los estados de mis contactos, y sentí la necesidad de detenerme en la foto de unos niños que sonreían. Era una foto vieja de varios niños jugando, uno de ellos había mirado a la cámara y el fotógrafo logró inmortalizar la expresión de su mirada en una foto amarillenta y ajada. Me quedé detenida en la contemplación, mientras tanto noté que mi corazón se había fugado de mi pecho para instalarse con su latido en mi lengua. El cuello se me llenó de parches rojos y los ojos se me llenaron de agua. A mis treinta y tantos estaba conmovida frente a la belleza de un niño, cosa que algún desprevenido fuera de todo contexto podría interpretar como un síntoma de algún trastorno pedofílico incipiente. Pero no, no era una mujer adulta la que estaba vuelta un ocho frente a la expresión de un niño, sino una niña enamorada del recuerdo de un amor eterno. Quien respiraba agitada era la niña que yo era el día que vi al niño de la foto por vez primera. Esa niña tenía once años, él catorce y un reloj enorme en su brazo izquierdo. Para esto sirven también las redes sociales: para traernos las nostalgias de los amores primeros -casi siempre silenciados para no molestar a los terceros-, y para recordarnos el suplicio de todos los amores que fueron sepultados sin haber muerto.

Dos visiones de la sátira, por Fernando Savater

Extraigo algunos apartes del texto de Savater con los que me quedo (uso comillas para compartirlos), no sin decir que, después de leer el fragmento que comparto, me siento como la guardiana de la cordura de Fajardo y sus seguidores. Yo les estoy dando una mano para que no crean que sus ideas son verdades absolutas y para que se vayan bajando del pedestal en el que ellos mismos se montaron al presentarse como los salvadores de la educación, convirtiendo una causa de interés social y un derecho fundamental en una bandera política representada en un sello estampado por igual en peajes, aguacates y morrales de niños.

Ahora sí, el fragmento del texto:

“Empecemos por descartar un tópico bobo y falso: “Todas las opiniones son respetables”. Pues no, ni mucho menos. Todas las personas deben ser respetadas, eso sí, sean cuales fueren sus opiniones. Si alguien sostiene que dos y dos son cinco, no por ello debe ser encarcelado, ni ejecutado en la plaza pública (tampoco recomendado como profesor de aritmética). Pero su opinión puede y debe ser refutada, rechazada y, si viene al caso, ridiculizada. Las opiniones o creencias no son propiedad intangible de cada cual, porque en cuanto se expresan pueden y deben ser discutidas (etimológicamente, zarandeadas como quien tira de un arbusto para comprobar la solidez de sus raíces). Todo el progreso intelectual humano viene de la discusión de opiniones santificadas por la costumbre o la superstición. En las democracias, el precio que pagamos por poder expresar sin tapujos nuestras opiniones y creencias es el riesgo de verlas puestas en solfa por otros. Nadie tiene derecho a decir que, quien lo hace, le “hiere” en su fe o en lo más íntimo. Hay que aceptar la diferencia entre nuestra integridad física o nuestras posesiones materiales y las ideas que profesamos. Quien no las comparte o las toma a chufla no nos está atacando como si nos apuñalase. Al contrario, al desmentirnos es guardián de nuestra cordura, porque nos obliga a distinguir entre lo que pensamos y lo que somos. Por lo demás, recordemos a Thomas Jefferson, cuando decía, más o menos, “si mi vecino no roba mi bolsa o quiebra mi pierna, me da igual que crea en un dios, en tres o en ninguno””.

http://linkis.com/cultura.elpais.com/c/jkE6S

 

Las diez mil becas

El programa de las diez mil becas del gobierno me emociona. Es un experimento porque las dificultades serán muchas, pero es un experimento que vale la pena hacer y del cual tenemos que tomar datos para sacar conclusiones y aprender las lecciones dolorosas y necesarias para poder mejorar los experimentos futuros. La autocrítica es tan fundamental en este tipo de cosas como en la ciencia. Si yo hubiera recibido un aviso así con mi puntaje del ICFES, o con el del ECAES (el segundo a nivel nacional en mi programa), las cosas habrían sido mucho más fáciles para mí, porque para poder continuar con mis estudios de maestría tuve que hacer grandes esfuerzos para encontrar una beca y aprender inglés pagando clases particulares muy costosas. También tuve que conseguir dinero prestado para el viaje y no tenía siquiera un computador ni otras cosas que hoy parecen obstáculos insignificantes, pero que para mí eran toda una madeja compleja en la que cada hebra me costaba dinero que no tenía. Valga decir que también dejé empeñada un poco de salud en mi carrera por la educación. Al final, después de pagar apostillas y traducciones, y de ser aceptada para estudiar en la universidad de Gent con una beca, viajé a Bélgica con sólo cien euros en el bolsillo. Recuerdo que me daba miedo hasta comprar una Coca-Cola porque su precio convertido de euros a pesos equivalía como a cinco mil pesos, que fue lo que gasté a diario para estudiar en la Universidad Nacional por cinco años y que la inflación inmisericorde cada año me fue encogiendo. Salir a estudiar fue una aventura y una locura, no entendía nada en las clases, no entendía ni lo que yo misma escribía. Ahora, cuando miro atrás, pienso que siempre he estado un poco loca y bendigo esa locura porque me ha permitido sobrepasar los límites impuestos por la sociedad en la que nací y crecí. Así que a estos muchachos pilosos y a Gina les digo que adelante, que será difícil, pero que si tomamos nota y aprendemos, podemos hacer de esto una experiencia social revolucionaria en la eliminación de las fronteras invisibles que existen en las universidades; lugar fundamental en la construcción de la sociedad. Siempre he pensado que las oportunidades hay que crearlas para que quienes estén en capacidad en el momento las tomen. El reto será siempre incrementar el número de personas en capacidad de tomarlas, sin que importe el lugar en que nacieron ni su condición económica. Eso es equidad, que todos estemos en capacidad de competir por un cupo en una universidad y de permanecer sin que la parte económica nos limite. La Ministra me sorprendió con su apuesta por la inclusión, y aunque no me gusta que la palabra “crédito” esté involucrada, rescato que al menos son créditos que se condonan con esfuerzo, porque estoy segura de que estos pilosos tienen con qué responder. Tenemos que estar pendientes de que las universidades y el gobierno pongan mucho de su parte para no quemarlos en su esfuerzo y para que su deuda se condone toda y quede en ceros; que lo único que tengan ante sus ojos sea un futuro brillante con un país entero metido en la piel y en el alma. Me recuerdo al escucharlos hoy hablar con tanta ilusión. Desde ya les hago fuerza y para ellos van todas las porras de mi corazón.

http://www.semana.com/nacion/multimedia/la-revolucion-de-las-becas-del-gobierno/415129-3

 

 

 

De parceros, bibliotecas y neuras

Lo que hace el parcero del popular número 8 me parece muy importante; mucho más que la construcción desaforada de bibliotecas enormes. Al parcero lo he escuchado hablando de la biblioteca que se está cayendo y con la que inflan pecho para decir que es el emblema de la transformación social de Medellín -aunque se esté cayendo-. El parcero habla de los políticos y de las bibliotecas en uno de sus shows. Esas bibliotecas las construyeron diciendo una frase que suena muy bonita en el discurso de plaza pública y que me llenó de emoción al escucharla por primera vez: “Lo más bello para los más humildes”. Con esa frase le cambiaron la cara a las comunas, o mejor dicho: barrieron por donde pasaba la suegra con el Rey de España. Después vino otra frase: “La calidad de la educación empieza con la dignidad del espacio”, y con esa le están cambiando la cara a la educación construyendo edificios de 3000 millones de pesos en todos los pueblos de Antioquia. Por los antecedentes de la “transformación” de Medellín, yo pienso que le están cambiando sólo la cara a la educación. A punta de frases a Medellín le han estado haciendo cirugías plásticas sucesivas, por eso la ciudad de la eterna primavera se me parece mucho a esas mujeres hermosas que quieren ser mucho más hermosas, no para ellas, sino para ser lucidas como carteras por hombres que tengan una chequera robusta. Esas mujeres, que desde siempre fueron hermosas y que se esfuerzan para ser las más hermosas, al final terminan por parecer empalagosas al mostrar su cara desfigurada quirófano tras quirófano. Así es Medellín, como una mujer con una cara y un cuerpo preciosos, y sus gobernantes, con su extravagancia en las construcciones, se parecen mucho en su actitud a esos hombres que se cuelgan mujeres preciosas del gancho  para presumir de su belleza y de que tienen con ellos a la mujer más bella.

El parcero dice que en su casa no hacía falta sino lo necesario, porque lo único que tenían era hambre. Yo tengo la certeza de que el hombre sin pan no vive. Los que repiten como loros esa frase bíblica que dice que no sólo de pan vive el hombre tal vez nunca han sentido hambre; por eso lo dicen. Las letras con hambre no entran, con hambre lo único que entra es la neura. Estaremos de acuerdo en que Medellín es una ciudad preciosa, pero también en que es una de las ciudades más furiosas y neuróticas de Colombia. Y eso no lo digo yo, sino años de cifras de extorsiones y de muertos.

Instinto animal

El instinto animal se puede contener por un tiempo, pero en algún momento el contenedor se rompe. El leopardo del video, cuando tenga hambre, se comerá de un bocado al cervatillo aunque este haya sido su mejor amigo. Eso se llama naturaleza. Con los humanos sucede igual, porque cuando se vive en un ambiente hostil lo que domina es el instinto de supervivencia, la amistad poco cuenta. Los gobernantes deberían ver Animal planet a ver si algún día entienden que mientras las necesidades más básicas de la población no estén cubiertas (alimentación, salud y vivienda), la gente hará cualquier cosa para sobrevivir y eso incluye la violencia. Difícil esperar que la gente sea pacífica cuando tienen que vivir con la incertidumbre de la comida del siguiente día. No importa cuántas paces firmen ni cuántos esfuerzos hagan para “educar” a la gente en esas condiciones, porque la escasez activa el instinto de supervivencia. La hostilidad del ambiente vuelve a la gente ruda hasta con su mejor amigo.

 

Piropos y esputos

En un tiempo quise ser hombre porque siendo muy pequeña me parecía que la condición de hombre llevaba consigo un respeto implícito que no venía con la condición de mujer. Me rapé la cabeza a los catorce años y empecé a usar botas con platina. La pinta era sólo una fachada que me permitía sentirme más tranquila. No me gustaba que me dijeran cosas en la calle mientras caminaba. Sentía asco al escuchar cualquier piropo de calle, cualquiera, los recibía todos como esputos en mi cara. No distinguía entre frases, todos eran esputos en una calle que me resultaba violenta. Caminaba entre balas y entre esputos. Los piropos que me gustan son privados y vienen acompañados de cacheticos colorados y pataditas en la arena con mirada gacha. La intimidad es un regalo que no se le concede a cualquiera. La ventaja de envejecer es que uno se sale del espectro de los que escupen palabras y flema en la calle al ver pasar mujeres; no importa qué tan cubierto esté uno porque siempre lo hacen sentir desnudo, pero no con una desnudez voluntaria, sino con una de ropas rasgadas. La desventaja de envejecer -para mí- es la mortificación que siento cuando leo titulares de prensa manchados de sangre de mujer y cuando pienso en las niñas y jovencitas que estoy dejando atrás expuestas a esa baba que se escurre -porque aún se escurre-. Crecer es un proceso duro en el que toca reconciliarse con todas las cosas de uno, en especial con aquellas que no se eligen: papá, mamá, familia, género. Por ahí pasamos todos. Yo me tuve que reconciliar con mi condición de mujer muchas veces y quizás por eso me prohibo ser ruda en el lenguaje con mis colegas de género. Me lo prohibo, así de radical soy en eso, porque asumo que tal vez ellas pasaron por la misma incomodidad por la que pasé yo, o quizás por peores. Hoy me regocija escuchar a Aurita, poeta antioqueña, decir que también quiso ser hombre en algún momento. Me siento acompañada por una gran mujer. Amo ser mujer, amo mi feminidad, pero creo que sólo aprendí a amarme cuando comprendí que los amores más grandes, esos que se aman simplemente y que se quedan con uno para siempre, son también aquellos amores que más nos cuestan.

Fin de las vacaciones

Culmino este periodo de vacaciones organizando un poco mi casa del blog. Creé un nuevo folder que se llama Opiniones Antioquia. Ahí están consignadas algunas de las ideas sobre “la más educada”. Uno de mis propósitos de año nuevo era olvidarme del tema, pero ya, a tan solo a cuatro días del inicio del 2015, digo que retiro el propósito. No me voy a olvidar del tema porque eso es lo que los gobernantes quieren. Que no cuestionemos, que no preguntemos, que traguemos entero ante el discurso esperanzador, que se parece más a una lista de sueños que a un programa de gobierno con objetivos medibles: “Antioquia recupera la autoestima, rechaza de manera frontal la ilegalidad, sabe de decencia…”. Por eso hice el ejercicio de organizar un poco el blog para quienes quieran entender el porqué de mi reiteración. Mis preguntas son pertinentes. Yo también soy antioqueña y fue mucha la lora que di haciéndole campaña al gobernador para presidente y para todo lo demás. Me estoy haciendo responsable por mi voto de confianza y estoy insatisfecha porque no entiendo lo que están haciendo con los parques educativos y quiero entender. Voy a seguir preguntando sin tregua hasta que logre entender hacia dónde vamos. Me queda claro que a ningún medio le interesan este tipo de cuestionamientos, ni siquiera a los independientes. Recibí por ahí una invitación de alguien a escribir sobre educación pero de manera “propositiva”. ¿Qué será eso? ¿Acaso escribir moderadito haciéndole pasito a los egos de los que hablan de educación bonito? Tres años de espera acabaron con mi moderación. Yo ya no propongo más porque todas mis propuestas se perdieron en varios escritorios. Ahora trabajo con mis amigos ejecutando las ideas que nunca fueron escuchadas. Soy crítica en público porque no me dejaron otra alternativa. No les rindo más pleitesía. Las respuestas que busco son respuestas que se merece la ciudadanía.

Mi blog acumula a la fecha casi 3.000 visitantes y 10.000 visitas en un año y medio. El balance es muy bueno porque el medio que más utilizo para difundir el blog es Facebook. Yo escribo para mi familia y para mis amigos y no pretendo convencerlos de nada, quiero sí compartir lo que pienso y siento de manera libre, con mis prejuicios y mis sesgos, para sembrar una duda; una bella y fundamental duda. Sólo quiero eso. Ya cada cual verá. Tratar de convencer a alguien es violentarlo. Esa no ha sido mi intención nunca, y si escribo fuerte es porque se me ha ido agotando la paciencia con la espera y porque aprendí de una manera muy dura que uno entre políticos no tiene amigos y que con ellos no se puede sobar saco y ser crítico al mismo tiempo. Hay cosas buenas que reconozco, pero casi no las menciono porque para eso ellos tienen a la prensa, para amplificar con bombos y platillos que se le dio un morral a un niño de un pueblo que vive en la miseria y esas cosas. Yo indago en todo aquello que no nos llega. Ellos tienen la prensa de su lado porque tienen la pauta y el poder. A nosotros los ciudadanos, en cambio, todo nos llega filtrado. Y si están pensando en el absurdo de que soy una “enemiga política” sólo por atreverme a cuestionar, se equivocan. No me interesa lanzarme ni de un paracaídas y la última esperanza en la política que tenía se me desvaneció en “La más educada”. Vaya ironía…

http://www.elcolombiano.com/antioquia/antioquia-recupera-su-autoestima–sergio-fajardo-valderrama-XY1010066