Epístolas al Apóstol

Enero 3, 2014. Novela.

Estuve a punto de abandonar la novela. Lo decidí con la misma determinación de los amantes enfermos que todos los días deciden ponerle punto final a una relación tóxica. Pero como los amantes, me desperté directo a la máquina del café y con el pelo aún parado por un lado y aplastado por el otro, prendí el computador y vi el archivo ahí, frente a mí, invitándome a hacer clic. El computador parecía tener vida. La pantalla se comportaba de una manera extraña, me seducían las letras del teclado ergonómico y la forma de lápiz de ese mouse especial que alguien muy generoso me regaló para evitarme el dolor físico que por estos días me produce la escritura. Era tanta la tentación que me olvidé de las recomendaciones del doctor, aunque los músculos de mis brazos se pusieron tiesos de inmediato, la sangre dejó de fluir hacia los dedos. Sin escribir palabra ya las manos me estaban doliendo.

En un intento más, quise darle y darme una oportunidad. Pero antes, le escribí un mensaje muy corto a un amigo escritor que ha leído muchas novelas y muchos cuentos y que quizás se ha enfrentado a la misma sensación de no futuro que suele acompañar los textos. Le escribí porque vi un retuit en su cuenta que decía algo como “es muy fácil escribir novelas malas, entonces ¿para qué escribirlas?”. El autor de la frase era uno de esos escritores que se dedican a despellejar a otros. Publican un libro y la arrogancia se les crece. Lo que no me esperaba era que mi amigo pudiera estar de acuerdo con ese tipo de intento de bloquear a escritores novatos. ¿Qué hay de malo en escribir novelas malas, cuentos malos, poesías cortas, cojas, sin rima, sin versos, sin fondo, sin forma? ¿Qué puede ser tan malo en hacer garabatos de dibujos y ponerles color para después colgarlos y disfrutarlos?

Malo es robar, malo es matar, malo es manipular. Me entristece que haya tanta gente empeñada en cortarnos las alas y en no dejarnos crear. Y esos son los cultos, los más educados, que son también (¡vaya ironía!) los más arrogantes. Pretenden ponernos a competir para ser los mejores, no importa que eso implique pisotear a todos los regulares que somos felices con nuestros garabatos. Le mandé pues un mensaje a mi amigo en modo telegrama para preguntarle si algún día me dejaría leer sus novelas. Me respondió en modo pequeña carta para decirme algo que tampoco esperaba; que si ninguna editorial las publicaba, sus novelas morirían con él. También me dijo que por favor no le respondiera de la misma manera a su egoísmo, y que le permitiera leer la mía. Me quedé pensando en que aquel escritor famoso tal vez no midió el alcance de sus palabras. La verdad es que yo tampoco les mido a mis palabras su potencial de alcance. Las palabras se parecen mucho a los tiros al aire.

Por supuesto que si termino ese mamotreto se lo entregaré a mi amigo para que lo lea. Yo escribo por gusto y porque me da la gana. Me importa muy poco lo que piensen quienes se dedican a repartir bendiciones y maldiciones por ese agujero negro de palabras que es Twitter. Allá casi todo es permitido, hasta cortarles la inspiración a poetas y a escritores novatos, para después, acto seguido, protestar contra la violencia. No me importa lo que se diga allá, en ese vertimiento de letras, donde muchos famosos inflan sus cuentas con seguidores falsos, y se atreven a hablar de decencia y a criticar a los corruptos mientras tratan de manipular la opinión pública con sus cuentas infladas y sus comandos de retuiteros. No veo mucha diferencia entre comprar votos y comprar seguidores troles con fotos de huevos. Tan indecentes los unos como los otros.

Otro frase tomada de la cuenta de Twitter de otro escritor criollo: “Si alguien escribe y cree que le fluye, algo está haciendo mal”. Y una de Sábato: “Un buen escritor se conoce por lo que borra”.

Según todos ellos soy una candidata perfecta a pésima escritora, porque creo que me fluye, casi no borro y además todo lo que escribo me encanta. No tengo ningún problema con ser pésima escritora porque no tengo ambiciones ni de publicación ni de participar en concursos de talento, mucho menos de talento femenino. Los innovadores de la igualdad de género nos cambiaron el reinadito de belleza por el del costurero. Y así vivimos Apóstol; rodeados de gente que nos presiona para ser excelentes, y también infelices.

Epístolas al Apóstol

Enero 1, 2014. Tuteo.

Me llama la atención la puja entre el tuteo y el voseo de la gente en general, y la mía en particular. Nunca tú, nunca nada para ti. Sin embargo hay un tuteo entremetido, camuflado; un tuteo que es un momento de flaqueza en las letras. Uno cuando habla es uno, si acaso dos. Pero uno cuando escribe es muchos: es uno el que piensa, es uno el que escribe, es uno el que lee de para adentro y es uno el que lee en voz alta o de para afuera. El que borra es otro que no es uno. El que tutea debe ser entonces un uno conmovido, cercano, demasiado íntimo, que se le coló al perverso que borra.

Bon Yurt

Las cosas ya no las hacen como antes. Hace años uno compraba un Bon Yurt y era un problema vaciarle las Zucaritas sin hacer regueros. Esos eran los maravillosos años de lenguas cortadas por tapitas de aluminio y tarros de lecherita. Hoy es el tiempo de la nostalgia. En el tiempo de estos días se puede hacer la mezcla sin dificultad porque el yogurt ocupa menos de la mitad del tarro y las Zucaritas son tan poquitas que nadan a sus anchas en el yogurt. Las compañías de alimentos nos desajustan la emoción cada vez que hacen ajustes de proporción. Me parece el colmo que Alpina se haya atrevido a reducirles la lonchera a los niños de esta manera. Además, el tarro tiene un problema de diseño muy grave, porque no permite que el dedo índice llegue hasta el fondo para rescatar el yogurt que se queda atrapado en las rendijas. La próxima vez que pase por una tienda les voy a meter una cartita en el buzón de sugerencias. Si no es posible que nos devuelvan el contenido y el reguero, les voy a sugerir que, por lo menos, diseñen un tarro que permita meter la cabeza completa. Les voy a sugerir que nos vendan el Bon Yurt en ponchera.

 

Sobre la escritura

Escribir. No sé qué pensar de la escritura. Para mí es un músculo que ejercito más que cualquier otro. Si mi aspecto físico estuviera determinado por mis ejercicios de escritura, sería una musculosa, una macancana capaz de clavar en el pavimento de un manotazo a todo el que me irrespetara en la calle. Con seguridad no tendría que hacerlo, porque los espantaría con una mirada de culo que los dejaría apuntando con los ojos al suelo. Nunca me he detenido a reflexionar sobre lo fácil o lo difícil que es la escritura, prefiero mantener mi disciplina de escribir sobre cualquier cosa sin sentir pena si a otros mis cosas les parecen tontas. No me preocupo por eso, comparto sin la preocupación del ridículo. Lo que me parece de una dificultad extrema es dedicarse a escribir con el deseo de impresionar -aunque para eso haya que usar los pellejos de otros escritores-. Escribir por gusto me parece muy fácil. Hay gente que por gusto va al gimnasio, otros pintan o reparan carros. Yo escribo y como helado con banano y chocolate derretido. El helado tiene que ser de vainilla (esto para dejar claro que soy muy radical en todo lo que tenga que ver con los helados que involucran banano).

Mi grito de independencia: ¡Qué vivan los espontáneos!

Y una frase de Estanislao: “Solo quien escribe, realmente lee”.

Mis ejercicios de escritura han aumentado mi capacidad de entender lo que escriben o dicen otros. Leer no es juntar consonante con vocal; hay que hacer un esfuerzo por entender lo que se lee para que no nos ubiquen en el vergonzoso grupo de los analfabetos funcionales, muchos de los cuales tuvieron oportunidades de aprender a leer -hasta en la Universidad de los Andes-, pero las desaprovecharon por estar trepando escaleras sociales. El analfabetismo funcional es un mal común entre políticos y senadores de la República de Colombia. Por eso hay tanto experto en aprobar leyes enmicadas y en diseñar políticas gazapas sin presupuesto para ejecutarlas. Nuestro problema con la lectura es la falta de escritura.

Para mí escribir es esto que acabo de hacer: juntar palabras para contar. También hay formas de contar. El escritor de oficio aprende a contar lo que pocos cuentan.

Nota: La columna que motivó este texto. http://www.elespectador.com/opinion/si-escribir-fuera-columna-524199

Elegía de mis octubres

Los que le han arrebatado hombres y mujeres a la vida en nombre de unas ideas diestras o zurdas, en cualquier caso fatuas, me dan tanta grima como sus ideas. Siempre tratando de convencer al otro por la fuerza de las armas o del grito o del silencio obligado; siempre tratando de conquistar mentes para su causa y cuerpos en masa para su guerra. Y no me vengan con que Simón Bolívar y con que la independencia, porque: ¿Cuál independencia? ¿La del desfile militar veintejuliero? ¿La del cambio de tiranos? Ya que su estupidez es inolvidable, que se nos conceda el favor de que sea al menos perdonable. Aunque hay algo que se les puede agradecer a todos aquellos que, por los siglos de los siglos, han sido los mercaderes del horror, de la paz y del olvido. Muchas gracias por todo el arte que causaron. Gracias, miserables, por la Elegía de Miguel Hernández.

 

“Los llamaban locos”

Alguien desempolvó una foto mía que refleja mi época de Diana más ilusa. En la foto tengo la camiseta de Compromiso Ciudadano por Colombia. Yo soy muy crítica, lo sé, casi insoportable. Yo me soporto porque me toca, los demás están en libertad de bloquearme y de sacarme de sus asambleas, listas y reuniones. Lo pueden hacer con tranquilidad y cuando se arrepientan, porque seguro les hará falta mi insoportabilidad, pueden volver que yo con gusto les abro la puerta de mi pared virtual. Semanalmente recibo uno que otro bloqueador arrepentido.

En la política tradicional los discursos cambian. Por ejemplo, si a la gente le van a subir el predial, el político tradicional dice que va a trabajar para que no suban el predial. Si hay problemas de movilidad, el político tradicional dice que va a construir un puente con diez carriles (aunque la salida a la autopista tenga uno solo y la autopista dos). Mal que bien, el político tradicional adapta su discurso y su programa a la realidad. En medio de ese dinamismo populista y sagaz de la política tradicional, ve uno a los políticos alternativos -a los de jean desgastado, corbata heredada y eslogan de moda- pedaleando en una bicicleta estática, repitiendo las mismas cosas y replicando los mismos programas de hace diez años. La continuidad es un ideal en las políticas públicas, pero la realidad es dinámica. No todo lo de los políticos tradicionales está mal. Ellos se mueven y están en la jugada, eso se puede tomar de la política tradicional, no el populismo, sino el dinamismo. Nadie va a dudar de la pulcritud de los políticos alternativos porque se hagan una autoevaluación, se pellizquen y se muevan. O que por lo menos se inventen frases distintas porque ya parecen loros.

Repeat after me:

“Antioquia la más Educada”. “La calidad de la educación empieza por la dignidad del espacio”. “No nos robamos ni un peso”.

Eso de no robar es un mandamiento, una obligación moral con el otro y con toda la sociedad. ¡Saquen eso de ahí! No están educando, están adoctrinando con su discurso “mántrico”. Aunque ni siquiera eso, se están autoadoctrinando -que es peor-. De lo repetitivo que es, el discurso ya no se escucha porque perdió la fuerza. Hablo por supuesto por mí, que me hastié, me empalagué como si me hubiera comido una torta Deli entera. Quise construir desde adentro de Compromiso Ciudadano y no encontré un lugar para hacerlo; intenté que me escucharan muchas veces, quise ayudar, pero fracasé en todos mis intentos. Entonces, como no pude construir desde adentro, me tocó tratar de destruir desde afuera esa barricada de egos que construyeron. Lo hago con bombas molotov de palabras a ver si de pronto con eso despiertan, toman aire y se renuevan. A veces hay que destruir para poder reflexionar y construir. Por eso mi crítica es destructiva, y es ahí, en su poder destructor, donde radica su importancia. Ya hay demasiada gente dispuesta a sobarles el saco y a enceguecerlos con el halago.

Se quedaron en esto: “Es que mire, hace 15 años que empezamos nos llamaban locos”. Empezaron y allá se quedaron con el mismo discurso, con la misma gente, con las mismas frases, con el mismo cuento. Superen el comienzo a ver si logramos continuar, pero trabajando en equipo, sin imposiciones ni Fajardismos. (Y nótese la conjugación… parece que todavía soy ilusa).

Aguirre el dictador

“Aguirre es autoritario, dominante. Nació para ser jefe. Terco, dogmático, apasionado en sus ideas. Nunca cede a las razones contrarias. Liquida las discusiones con un silencio indiferente, o con una risita nazi que oculta sobándose su bigote prusiano.

Ordenado y metódico en sus empresas, lógico como un cerebro electrónico. En todo lo que hace triunfa. Esto no quita que en la calle, en el bar, en la amistad, sea un idealista y un romántico.

Posee una virtud admirable: cada que triunfa tira los laureles y se embarca en nuevas aventuras. No se deja coronar por la frágil gloria de adormidera que se ciñen los hombres mezquinos. Le interesa más la lucha que la gloria (…) Nada lo apacigua, excepto la lucha; nada lo sacia sino la sed. Le interesa menos la cosecha, y más la siembra.

En él identifico, por eso, las grandes, las puras, las épicas virtudes de la raza antioqueña, tan degradadas por el folclorismo cultural de barbera y alpargatas, y que no son más que símbolos decadentes de degeneración del espíritu antioqueño, exaltado por literatos provincianos estilo Mejía VaIlejo, para quienes el bobo de Jericó es un personaje de novela de vanguardia, en esta época en que los hombres jinetean sobre cohetes por los laberintos del cosmos. Da risa y lástima que los literatos antioqueños sigan escribiendo himnos a la arepa, al bambuco, a las orquídeas y al bobo de Jericó. Allá ellos con sus venerables tradiciones y sus templos de oro donde rezan con una fe utilitaria a dios Plutón…

Alberto posee un espíritu dominante. Esta voluntad de dominio que se refleja en su bigote nietzscheano, la heredó de su padre Pedro Claver Aguirre (-), que fue gobernador de Antioquia en las épocas embanderadas de la Revolución en Marcha de Alfonso López. Alberto se paseaba con su padre por las plazas públicas en calidad de hijo del gobernador. La embriaguez del poder y los delirios de las muchedumbres dejaron una profunda huella en su espíritu adolescente. De esa nostalgia del poder conserva su temperamento autoritario y mandón. De las masas, su fervor por el pueblo, su solidaridad con los que sufren miseria y opresión, y esperan ser redimidos por un líder. Ese líder nunca será el doctor Alberto Aguirre, pues si él se dedicara a la política, sólo aceptaría ser dictador. Su primer acto de gobierno sería decretar el fin de la democracia. Por fortuna para la democracia, por Alberto sólo votarían dos personas: él y yo”.

Gonzalo Arango.

http://www.gonzaloarango.com/ideas/albertoaguirre.html

 

 

 

 

 

En Medellín hay mucho político alternativo de jean desgastado, corbata heredada y eslogan de moda. Tienen un cierto aire a Rin Rin Renacuajo.

Conversación imaginaria con Fajardo

Hice el ejercicio de tomar algunas frases de Fajardo de una entrevista que le hicieron en El Espectador. Comenté cada frase y dejé planteadas algunas preguntas. Todas mis preguntas quedan por ahora sin respuesta -ya saben ustedes que los políticos son muy escurridizos-. Esta fue mi conversación imaginaria con el Gobernador:

Fajardo: “En muchos municipios, estos parques van a ser los sitios más bonitos del pueblo”.

Diana: Hombre Fajardo, ese es uno de mis puntos de discordia con los parques -porque tengo varios-. ¿Están construyendo lugares de encuentro o los sitios más bonitos de los pueblos? Qué muletilla la que tenés con la palabra “más”. Además, eso de la belleza es tan relativo… lo que es bonito para vos no tiene que ser bonito para los demás. Hay un arraigo por la arquitectura tradicional y unos patrones culturales de belleza que hay que aprender a respetar.

Fajardo: “Acá han creído que como la gente es humilde, cualquier cosa que le den es ganancia. Pero nosotros no somos un pueblo de limosnas”.

Diana: No sé qué decirte, hombre Fajardo. Hay prioridades, hay prioridades. No se trata de limosnas, sino de atender las cosas más urgentes. Sitios de encuentro ya hay en cada pueblo -colegios, casas de la cultura-, pero muchos se están cayendo. ¿Los dejamos caer todos para abrirle campo al bello Parque Educativo? ¿Esa es la idea? Si algunos pueblos no tienen con qué mantener la infraestructura que ya tienen, ¿cómo van a mantener la nueva?

Fajardo: “En los pueblos donde nadie volteaba a mirar a los docentes, los parques educativos los han convertido en personas importantes”.

Diana: Es cierto que los parques educativos visibilizaron a los pueblos, mas no a los docentes. Pero esa visibilización se debe a que esos parques son el plan bandera del gobierno departamental y su plataforma política. Lo de la plataforma política no está mal, pero me parece pertinente dejar claro que no se ha visibilizado el trabajo de los docentes. Al menos no es mi impresión, y si estoy equivocada quizás deban revisar su estrategia de comunicación. Hombre Fajardo, yo no creo que un parque vuelva importante a nadie. La gente, por ser gente, ya es importante. Aunque esas son nimiedades del lenguaje. Avancemos mejor.

Fajardo: “No nos concentramos en pruebas de matemáticas porque ese no es el punto fundamental, sino en problemas de desigualdad, violencia e ilegalidad. Esto es doloroso (…) Después de resolver eso, si quiere discutimos las pruebas. Porque no es justo poner en la misma balanza al colegio Los Nogales de Bogotá con la escuela de Abriaquí, Antioquia”.

Diana: ¡Chóquela Fajardo! Por fin nos encontramos en algo. ¿Pero no cree que después de diez años de políticas que han tenido cierta continuidad en Medellín, los resultados en educación -por lo menos en términos de convivencia escolar- deberían ser mejores? ¿No cree que les está faltando algo en la fórmula? No sé, tal vez no era tanto por el lado de los parques biblioteca y la “dignidad del espacio”. ¿Cuál es su reflexión al respecto? Porque pareciera que están replicando la fórmula en los demás municipios de Antioquia.

De otro lado, si las pruebas Saber pueden esperar porque hay otras prioridades, ¿por qué poner a competir a los jóvenes de los pueblos en las olimpiadas del conocimiento? No encuentro diferencia fundamental entre las pruebas Saber y sus olimpiadas, aunque me parece que en las segundas se fomenta mucho más la competencia. Una frase: “Todos hablan de paz, pero nadie educa para la paz. En el mundo educan para la competencia y la competencia es el inicio de cualquier guerra”. Gobern, ¿qué piensa usted del fomento de la competencia en la educación? ¿Valdrá la pena separar a los jóvenes entre un ganador y muchos perdedores, entre mejores y peores?

Fajardo: “Las escuelas rurales no se ven porque han estado atrapadas en la violencia y distanciadas por el Estado. De firmarse un proceso de paz, el mundo rural tiene que cambiar y cada escuelita de vereda se va a convertir en un punto nodal para avanzar en el posconflicto.

Diana: ¡Choque esos cinco otra vez, hombre! Pero no es necesario esperar a que se firme un acuerdo de paz para hacer de la escuela un factor articulador de la comunidad alrededor de la paz, la educación, el emprendimiento, y demás cosas maravillosas. ¿No le parece que eso lo podríamos empezar ya? Es más, hay gente que lo está haciendo; por qué no se suma a las iniciativas locales y les sube la potencia a la “n” -para ponérselo en términos matemáticos-. Pero ojo, Gobern, no es sumarse con el sello de la más educada que ya está estampado en todas las escuelas, en los peajes y hasta en los aguacates; sino sumarse de verdad. Como en el poema de Benedetti: contar contigo, no hasta dos ni hasta diez, sino contar contigo.

Fajardo: “Necesitamos acercar con vías a estas escuelas, convertirlas en los puntos de encuentro más lindos de toda la comunidad, porque ahí se reúnen los líderes y la junta de acción comunal a resolver los asuntos de todos”

Diana: Ahora sí, Fajardo, venga un abrazo. Eso de acercar a las escuelas rurales es fundamental porque los maestros hacen esfuerzos sobrehumanos por sus niños y por la comunidad. ¿Cuáles han sido las acciones específicas en esto de acercar a las escuelas rurales? Espero que no sean solo vías terciarias… ¡Sorpréndeme!

Fajardo: “Las escuelas rurales merecen tener buenos tableros, estar conectadas a internet y tener mejores instalaciones para los maestros a los que les toca vivir en ellas, dormir en ellas, cocinar en ellas. No me cabe duda de que serán las escuelas rurales conectadas el eje para articular un proceso de paz en las regiones”.

Diana: Parcialmente de acuerdo hombre, porque muchas escuelas rurales tienen recursos subutilizados porque los maestros no dan abasto. A una maestra con veinte niños de distintas edades le queda poco tiempo para innovar en sus clases, aunque tenga el mejor tablero. Además, muchos niños rurales tienen serios problemas de nutrición. ¿No le parece que todo es un proceso y que tal vez los maestros necesitan más apoyo y acompañamiento? Pero allá, Gobern, en las escuelas. Ustedes tienen un plan de becas para maestros, pero un diploma de maestría no les soluciona esos problemas cotidianos. La realidad rural es compleja, pero en medio de la complejidad hay mucha belleza. No se la pierda por estar pensando tanto en adobes y tableros. Acépteme aunque sea eso.

Nota: Esta es la entrevista real que le hicieron a Fajardo: http://www.elespectador.com/noticias/educacion/catedra-paz-carreta-articulo-521759

Animalismo y Ébola

Guardé silencio ante el sacrificio de Excálibur, el perrito de la enfermera infectada de Ébola, no porque me faltara lamento por su infortunio, sino porque el Ébola es bastante grave como para hacer una revolución mediática por una medida de salud pública (por no decir que por un perro). Es una tragedia lo que está pasando en los focos de infección. No se sabe cómo detener la epidemia en humanos, no existe vacuna, ni cura probada; básicamente el que se contagia puede ir pidiendo de una vez los santos óleos si es que le permiten la entrada a un cura al hospital (en caso de que haya hospital). Tener un perro caminando por ahí sin saber si se incuba en él un Ébolita es inconveniente y asustador. No justifico su muerte, pero tampoco me aventuro a protestar ante el panorama tan desesperanzador y de derrota que se percibe en los países africanos que son foco de la enfermedad. Tal vez se podría haber dejado en cuarentena en un lugar especial para un perro, mientras en los lugares de la epidemia lo mejor que puede pasar es que los enfermos se mueran porque no hay camas, ni médicos, ni las medidas sanitarias necesarias para atenderlos. En cualquier caso, me parecen terribles estos dilemas en que nos envuelve la vida. Ante la incertidumbre las medidas de salud pública tienen que ser estrictas. Me pregunto cuántos de los que protestaron por el sacrificio del perrito habrían estado dispuestos a recibirlo en su casa y convertirse -de pronto- en un foco más de infección. Dirán que para eso es la cuarentena, pero en la cuarentena también habría personas involucradas en riesgo de infección. Yo no estaría dispuesta a recibir a Excálibur, mi amor por los animales no me alcanza para exponerme y exponer a los demás a un virus que no causa una simple gripita.

Lo que está pasando con el Ébola se llama control biológico. La naturaleza tiene sus mecanismos de defensa y regulación de población. De cuando en cuando la naturaleza se saca del sombrero uno que otro virus mortal. Esos virus son su arma más poderosa, porque causan un daño terrible y ni siquiera están vivos. Ellos utilizan nuestras células para multiplicarse; los virus ponen toda nuestra maquinaria viva a trabajar para ellos. Los virus nos esclavizan. Las drogas que logran afectar al virus con seguridad afectan el funcionamiento de muchas cosas más. Cuando se muere una persona contagiada también se lleva el virus porque él nos necesita vivos. Entonces, por definición, no hay antibióticos para virus porque no se puede matar lo que no está vivo. Mientras se inventan las medicinas podemos aprender a prevenir el contagio de la misma manera que aprendimos a no contagiarnos con el VIH, y apelar al sistema inmunológico de cada persona y a su capacidad natural de defenderse de los agentes extraños. No es casual que este tipo de enfermedades le peguen más duro a los países africanos porque allá es donde hay más pobreza y donde el sistema inmune está más suprimido por el hambre; allá es donde quizás se expresa con mayor fuerza la selección natural: sobreviven los más fuertes. Para cuando la ciencia logre desarrollar una vacuna y logre probarla en monos -esto por supuesto tapándose los oídos para no escuchar las consignas de los activistas en favor de los monos-, ya los muertos humanos se contarán por millares y no serán solo africanos. Vale recordar que en treinta años la ciencia no ha podido desarrollar una vacuna contra el VIH y que por eso nos tocó aprender a convivir con él. Puede que sea también ese el caso del Ébola. No siempre la ciencia le gana el pulso a la naturaleza. Y el problema no es la naturaleza con su Malaria, su VIH y su Ébola. El problema es nuestra maldita incapacidad de aniquilar la pobreza.

Nota: La ilustración que aparece en el encabezado fue tomada del Huffington Post. Me parece brillante. Para ilustrar mis palabras se podría reemplazar la imagen del hombre blanco por la imagen de un perro de hombre blanco.

Fuente imagen: Huffington Post.