Cartas a un político

 7 de junio de 2013.

Si reflexiono sobre mis palabras encuentro que para lo que no hay espacio en el mundo es para “el querer ser”, para desarrollar un algo que haga feliz al individuo. Uno no es lo que quiere sino lo que puede, uno es cualquier cosa que le permita sobrevivir en un mundo hostil. Lo peligroso de eso es la acumulación de frustraciones y la tendencia a repetir el modelo con los hijos y en la escuela. La frase “haga algo útil con su vida” nos es demasiado familiar. ¿Cómo son nuestros maestros? ¿Son personas que quisieron ser maestros, con vocación, o personas a quienes la vida los llevó a ser maestros? ¿Quiénes son nuestros soldados, nuestros policías? Otra frase que escuché muchas veces fue: “métase a la policía que allá por lo menos va a tener un trabajo”.

No hay espacio para que el individuo descubra su vocación. En el caso de los policías, no todos los individuos están en capacidad de cargar un arma sin olvidar la razón que los llevó a hacerlo (que debería ser el deseo de proteger a los demás ciudadanos). Me gusta recordar la pose de los niños frente a los policías: cuerpo recto y mano en la frente, mi capitán. ¿A qué edad se nos esfumaría la ilusión de que los policías eran unos superhombres? En el caso de los maestros, me parece fundamental pensar en cómo elegir a los que serán el relevo generacional, porque puede ser muy difícil volver a encender la chispa de la vocación, de la ilusión, en los maestros que ya la han perdido. La mayoría se ven muy cansados.

Sobre el fenómeno de la Mesa Nacional de Estudiantes, me parece esperanzador que estudiantes de universidades públicas y privadas de todo el país se reúnan para pensar la educación y para proponer soluciones. Sin embargo, difiero del punto en el que presentan la matrícula como el mayor obstáculo para ingresar a la educación superior pública. En mi opinión, el mayor obstáculo para la mayoría de jóvenes colombianos es el examen de admisión, porque la deficiente educación que han recibido en años anteriores no les permite competir en igualdad de condiciones por un cupo en una universidad pública. Que a un muchacho de un pueblo lo sienten a competir con uno del Columbus School por un cupo en la Universidad Nacional me parece un acto de cinismo por parte del Estado.

Cartas a un político

7 de junio de 2013

No estamos en caminos tan distintos, porque la ciencia, como la política, es también un instrumento para conducir a la humanidad al bien colectivo. Pero en la ciencia también abundan los intereses particulares y los egos. En la ciencia también se practican de manera solapada todas las malas mañas de la política.

La semana pasada estuve en una conferencia y discutí mucho con uno de mis supervisores sobre cómo el sistema educativo se encarga de seleccionar a favor de la infelicidad del individuo (utilizo el lenguaje del mejoramiento de semillas). Muchos poetas mueren antes de nacer y la escuela es su asesina. Quien te escribe es una poeta medio muerta que por temor a sus palabras se dedicó a la ciencia. Lo de poeta es por el modo de ver la vida, porque mis versos no llegan a versos y me quedan todos de tres cuartillas. La poesía se me parece a los corrientazos que causa un alambrado, que son como sustos chiquitos e inofensivos que nos hacen despertar y sentir que estamos vivos. La poesía es el ingenio que nos permite vivir de asombro en asombro -aunque no siempre maravillados-. Ya no estoy en la escuela primaria y la situación sigue siendo la misma: me encuentro en un medio competitivo que no deja espacio para la vocación. Todos opinan sobre lo que debería ser mi vida, unos dicen que la política, otros dicen que debería volverme periodista y otros dicen que ya es hora de considerar la maternidad.

¿Y yo qué quiero? De niña quise bailar y se burlaron porque era muy tiesa. De grande dije que quería ser filósofa y maestra de escuela, y el asombro de mis contertulios estuvo acompañado de una estruendosa carcajada. Según ellos, para ser maestra de escuela no era necesario haber hecho un doctorado. Sobre la filosofía no dijeron nada. Hoy digo que quiero seguir en la ciencia, pero a veces pienso que no lo lograré. Parece que en este mundo sobrepoblado no hay espacio para la vocación. Entonces creo que es mejor andar desprevenidos y ejercitar el coraje para aprender a encontrar belleza en un mar de mierda.

Yo también me canso de nadar a contracorriente, aunque te voy a confesar que lo que más me cansa es mirar el río porque soy más de tierra que de agua. Me canso de sentir un tipo de simpatía por la humanidad de cada hombre y de cada mujer, y también un tipo de antipatía por su sufrimiento; y no importa que entre ellos estén mis verdugos. La filantropía es también un infortunio. Pero para qué gastar energía en la queja. Nuestro destino es trágico y será mejor asumirlo con entereza.

Esta ciencia nuestra…

Esta ciencia nuestra, y la que hacen esos que escriben tres artículos por año, es una vergüenza a los ojos de cualquier humano que conozca el bienestar que genera la aplicación correcta y sacrificada del método científico. La nuestra, con doctores que pagan deudas de Colciencias organizando sesiones de cuenta chistes con ANAVAS. La de los otros, con tres artículos escritos por estudiantes esclavos.

No sé para donde vamos, pero vamos por mal camino. Si al menos la esclavitud nos hubiese llevado a ese pedazo de conocimiento que nos enamora, iríamos bien y con menos remordimientos. En cualquier caso, pocas cadenas nos llevarán a un mundo de noches más tranquilas, en las que podamos pensar que el esfuerzo no fue en vano.

Apóstol.

Un recuerdo

Es febrero. Tampoco había recordado nunca la fecha, aunque recuerdo todo lo que sentí por esos días en que estabas lejos en el momento más triste de tu vida. Recuerdo también la pantalla del computador y tus palabras. Recuerdo haber sentido desespero e impotencia; sentí tu dolor de una manera que jamás podré describir ni con palabras ni con gestos. Con vos todo fue siempre así. Lamenté nuestro encuentro en esas circunstancias. Me parecía absurdo, como un juego sucio del destino, que nos encontráramos los dos tan lejos después de haber estado tan cerca tantos años, y que fuera la muerte la causante del milagro. Porque en medio de todo nuestro encuentro en fue un milagro. He escrito sobre ese día. He callado mucho por respeto, por miedo a mis palabras que se escriben como a ellas les viene la gana. Lloré mucho y por mucho tiempo sin saber qué era lo que me dolía. Me dolías vos, me dolía tu dolor, porque siempre tuviste una capacidad extraña de transmitirme tus cosas a pulsos muy intensos, a calambres de amor, de rabia, de desconcierto, de cobardía, de tristeza. No sabés cuánto quise poder abrazarte hasta los huesos y no sabés lo que sentí al dejarte en el aeropuerto. No sabés que lloré por mucho tiempo, esporádicamente, sin saber por qué, pero repitiendo tu nombre de para adentro y apretándolo muy fuerte con los dientes.

Granito de arroz

Te leo. Sí, te leo. Y encuentro en tus compartidos textos ganas de llorar y de gritar. Te leo como un pequeño niño que busca una caricia o un consuelo. Eso soy. Dentro de mí juega un niño con la vida; mi vida. Una vida que no me pertenece, pues en ella todos influyen y confluyen.

Te pienso. Sí, te pienso. En las últimas semanas he pasado en más de siete ocasiones por tu casa, la que queda por el Pandequeso. Y ya para mí eso no es el Pandequeso. Sos vos la que está ahí, caminando por estrechos espacios en los que se ve el pasto erguido, ondeante y verde. Eres voz que recorre mi mente y pensamiento en ese trayecto. Te veo paseándote con tranquilidad y confianza, en vestiditos largos y hermosos, por las calles del barrio y por el parque, por ese que antes era oscuro y hoy iluminas y haces florecer con tus pasos. Y ya nos sos mirada con los ojos del esputo que tanto terror te causaba. Ya no sos mirada, firmamento, sino admirada.

Te envío, junto con besos, los poemas que desclavaron espinas y me sembraron esperanzas de no estar solo en el mundo del sentir. Te los regalo, todos, granito de arroz.

Me dolió leer hasta el final tu recuerdo.

Más que abrazos,

Apóstol.

Antioquia, febrero 21 del 2015. 2:35 p.m.

 

 

Rebeldía de pañito húmedo

Algunos rebeldes muy intrépidos y corajudos de Medellín se esconden cada vez que se alborota el avispero del poder. Esos son los que cargan pañitos húmedos en el morral para limpiarles el sudor al alcalde y al gobernador. Podrán ser muy “propositivos”, pero no creo que sean independientes, ni mucho menos críticos.

Y esto lo digo yo. Y aquí les firmo.

Diana.

La versión educada del pan y del circo

De todo el bombo que le han hecho a los parques educativos, de tanta frase repetida y gastada, lo que a mí me parece verdaderamente importante es lo que aparece al final de una nota de El Colombiano. Eso tan importante -y que llevo meses preguntando- es precisamente lo que la gobernación de Antioquia no ha sido capaz de explicar de manera contundente. Si está tan claro no entiendo por qué no utilizan el arsenal de publicidad institucional para comunicarlo. Más bien se la pasan diciendo que vamos a tener el mejor café del mundo y que se abrieron de golpe las puertas de todas las oportunidades y que ahora en Antioquia sí se apoya el talento. Esa frase de las puertas para mí ya no cuenta ni como metáfora. Se han hecho cosas importantes, pero se dedicaron a darnos la versión educada del pan y del circo. Que nos cuenten de Antioquia digital, del acompañamiento a los maestros, de las huertas escolares, de las becas, de Antioquia joven, de los programas y de los contenidos. Es que en últimas esas son las cosas que impactan a largo plazo, no los premios ni los ladrillos. Además, la calidad de la educación no empieza por ningún espacio. Los espacios no educan. Influencian el aprendizaje porque hacen más agradable la estadía en el colegio, pero ese no es el principio. Por eso me opongo a la frase de campaña del gobernador que nos inundó la educación de concreto, y me atrevo, además, a hacerle un remiendo: La calidad de la educación empieza por la humanidad y por la dignidad del maestro.

Copio textual el último párrafo de la nota de El Colombiano, porque creo que en el acompañamiento está la clave para que esos edificios no se caigan cuando se le acabe el periodo de gobierno a Fajardo. Este es el párrafo:

“Entre los aliados de los parques educativos Proantioquia aporta a la formación de los docentes. La Universidad Nacional y la Universidad de Antioquia ponen su cuota en el fortalecimiento de la educación media y acceso a la educación superior. En los temas de emprendimiento y formación para el trabajo están el Sena, con su oferta en formación técnica y de cursos cortos, así como los centros Antioquia E y la Escuela de Campo, adaptados a la vocación de la región en cada caso. El Instituto de Cultura de Antioquia y la fundación MUV están entre las entidades que propenden por lo cultural. El Centro Colombo Americano también está entre las entidades que aportan a programar los parques con cursos de inglés”.

La nota: http://gobernacin.sharedby.co/share/cQTwpO

Del verbo estupefactar

Estaba limpiando el correo electrónico cuando aparecieron en mi buzón dos mensajes de un tal Apóstol. Abrí el primero y era una carta. La leí sin parar hasta el punto más final. En el otro había dos cuentos. Tantas palabras que se nos fueron acumulando en el tedio de la vida, en la olla de la aguapanela… No recuerdo cuándo fue ese momento en el que nos dijimos hasta luego para dejar que pasaran años sin vernos. Me reconforta leer que tus alumnas me imaginan de distintas maneras porque eso significa que las palabras están logrando algo, por lo menos logran que quien las lea se imagine a una señora -quizá amargada- que escribe a los alaridos sobre todo lo que aparentemente se ve muy bien; como los edificios educativos, los discursos de los políticos que cada vez me alborotan más la náusea y la obligación que al parecer tenemos las mujeres de destacarnos por nuestros talentos… en fin. Vieja y amargada para unas cosas, fuerte para otras, y frágil para todas las demás. La realidad me fragmenta y a veces no logro recoger los pedazos para por lo menos empacarlos en una maleta mientras me queda un tiempito para sentarme a armarlos (y con la ayuda de varios). El texto que te sacó lágrimas a mí me ha sacado un río por los ojos. Hace mucho estoy escribiendo algo que tengo regado en pedazos y que espero poder armar un día para ver si quedo yo también reconstruida. Es un esputo que tengo atravesado y que espero poder compartirte y poder secarte las lágrimas de paso. Al leer que tus luchas en la escuela te saben a paleta de cal me estupefacté, tanto, que pensé que mi sensación ameritaba la conjugación de un verbo inexistente para contrariar a la RAE y a su séquito de literatos. Imagínate si te dijera que al leer tu texto quedé atónita… no cuadra, amigo, no cuadra. Si bien la gramática y la semántica y las demás cosas podrían estar a tono con la RAE, no lo estarían jamás con la frase en la que expresas que tus palabras como maestro rebotan contra las paredes y te saben a paleta de cal. Te imaginé con la lengua pegada a la pared y escupiendo ripio blanco mientras los innovadores de la educación dicen que lo importante en la educación es el espacio encalado. Te tenés que salir de esas paredes encaladas que te tienen encerrado. Pasá por mí a las ocho; estaré leyendo debajo del Gualanday. Te voy a invitar a dar una vuelta y a chupar paleta, pero una de verdad. ¿Limón o lulo?

El libro que viajó

Recibir un libro siempre es una fiesta, porque es un regalo que alguien nos manda. Y si ese alguien tiene un significado especial para uno pues ya no solamente es una fiesta, es mucho más que eso. Es un regalo que nos hace saltar el corazón. Este libro es muy especial. Primero, porque las palabras que lo conforman las escribieron unas manos bellas, unas manos que así como sus palabras seguramente saben acariciar, aun diciendo las cosas más duras. Esta niña hace parte del mundo que usa sus manos para decir, para dar felicidad, para que por ellas pasen a borbotones miles de sueños y de ideas. Mientras otros las usan para hacer cosas inconfesables, ella las emplea para ayudar, para aportar, para cargar y armar los ladrillos de una humanidad mucho mas humana, para amar. Me la imagino escribiendo a veces rápidamente antes de que las ideas se escapen, otras pensando y meditando algún asunto que no sabe plasmar todavía, dándole vueltas al lápiz, pasando el borrador y rescribiendo, siempre pensando, siempre sintiendo. A veces va a la ventana y mira el paisaje para poder volver al papel. Tiene parte de su corazón y de su mente lejos de donde está. Me la imagino a veces luchando contra la necesidad de presentar una idea técnica y los recuerdos de otros quehaceres que siempre se le atraviesan. Yendo de un sueño a otro. Seguramente fue una batalla que aunque parezca terminada siempre estuvo inconclusa. Como todo en la vida, siempre concluyendo, siempre empezando, a veces en puntos que no son más que los mismos puntos del círculo itinerante que es la vida. Tiene una portada muy linda, los frutos de un noble cereal vuelan al viento buscando donde caer para germinar y reiniciar el milagro permanente de la vida o estar disponible como alimento, que es la otra forma de continuarla. Este libro es un pequeño milagro, entre los miles de millones de milagros que ocurren continuamente en el mundo y que lentamente van construyendo la enorme pirámide del conocimiento universal. Segundo, este libro lo recibí a través de una amiga común, a quien queremos mucho y quien hizo parte de esta cadena de afectos. En los ojos de ella también, como en otros, vi la batalla que sostiene para que sus sentimientos sean siempre los “correctos”. Este fue otro motivo más de alegría.

Apóstol.

Medellín, Agosto 7 de 2014.

Eternas bienvenidas

Un caluroso abrazo, mi querida amiga.

Con regocijo me topo con tus palabras y no sabes cuánto me alimentan. Me alegra saber que El Quijote, o mejor, La Quijote, si es posible decirlo, no se encuentra en la ficción y es producto de la imaginería de contadores de historias. Una vez más, luchadora contra molinos de viento, enseñas desde el acto de la coherencia. Esencia vital para ser, hacer y desarrollar cualquier empresa. No diré que estoy de acuerdo o en desacuerdo con lo que dices, pero sí estoy seguro de que tus ideas poseen fuerza sísmica y abono para florecer de otra manera. Con hidalgas como vos la vida y el mundo no se ven de manera soslayada, al contrario, lo sitúan a uno por momentos en este gran paisaje a punta de abrazos y jalones. Como alguna vez escuché, “entre la ternura y el espanto”. Desde la distancia, viajera, te observo y te leo y guardo tus apuntes, los comparto, los releo, discuto y de manera silenciosa hago la pataleta para que la vida, mi vida, no pase de largo. Trato de incomodar y estorbar lo que más pueda para que este viaje me dé la posibilidad de luchar también contra molinos de viento, y aunque no lo sepas, también trato de peinar leones.

Gracias por estar. Eternas bienvenidas, Amiga.

Apóstol.