Día veintiocho

Me abrazaste y te pusiste a llorar.

El sueño fue muy real,

son las diez de la mañana

y la sensación del abrazo no se va.

Me apretaste fuerte.

Después de soltarme mirabas al suelo,

yo te revolvía el pelo y miraba al cielo,

la gente me miraba feo.

Quise corresponderte, apretarte fuerte,

pero sentí temor y elegí ser prudente.

No por la gente, sino para protegerme.

Había agobio en tu llanto, estabas triste

y no mediste la fuerza de tus movimientos.

Estabas en busca de sosiego y transferiste,

en un abrazo, todo tu dolor a mis senos.

 

El rifirrafe con los Parques Educativos

En un artículo publicado el 16 de marzo en El Colombiano se da a entender, desde el título, que la nueva administración departamental no cree en los Parques Educativos de Antioquia y que por eso radicó un proyecto de ordenanza en la Asamblea Departamental para modificar (o eliminar) la política pública que se había generado como mecanismo para poder darle continuidad a los Parques.

En mi interpretación de la noticia creo que lo que se quiere hacer es modificar la política pública, mas no eliminarla, porque me parecería incomprensible – y además mezquino- que la nueva administración pretenda dejar a los Parques sin financiación después de todo el esfuerzo que significaron para la pasada administración y para todos los antioqueños.

Les recuerdo que ahí, en esas infraestructuras, hay invertidos miles de millones de pesos que no se pueden perder. El dinero que se necesitaba para levantar las escuelas y los colegios, el del restaurante escolar -que por cierto no llega con normalidad desde que empezó el periodo del nuevo Gobernador-, se quedó en los ladrillos de esos Parques, y esa es una razón de peso para sacarlos adelante. Es más, es una razón de índole moral, porque en Antioquia, la rimbombante, la más de todas, la de la prosperidad -y vaya uno a saber qué otro eslogan más se les ocurrirá-, hay niños que se van a estudiar sin desayunar y para los que la única comida del día es la del restaurante escolar.

Estoy de acuerdo con que la construcción de esos parques fue arriesgada, primó el entusiasmo, no la razón, y con el pasar del tiempo se fueron descubriendo las falencias del proyecto. A los pueblos les entregaron unas infraestructuras gigantes, pero por las carreras -por la mala planeación-, no hubo tiempo para hacer un acompañamiento adecuado del proceso. Esos errores de cálculo son muy comunes en la política, como también es común que cada nuevo gobernante deseche de tajo todo lo que haya hecho su antecesor.

Podría hacer una lista de las falencias de los Parques, sin embargo, me limito a la que a mí me parece más grave: el costo de su sostenimiento. Según el artículo de El Colombiano, ese costo es de 32 millones de pesos mensuales. Después de leer esa cifra me pregunté de cuánto podría ser todo el presupuesto de un pueblo como Tarso para educación y cultura (sin contar los Parques). Hay escuelitas rurales en un estado lamentable, entonces parte del dinero destinado a los Parques Educativos (2.500 millones por Parque) sí habría quedado mejor invertido en otras necesidades más primarias. No era necesario construir cincuenta y cinco, sino tal vez diez que sirvieran como prueba piloto para diseñar una política pública que se extendiera después a todo el departamento.

Pero a pesar de las críticas y de sus falencias, los Parques Educativos ya están construidos y tenemos la obligación de aprovecharlos de la mejor manera. No sé qué estará pasando con los Parques de otros pueblos, pero me llegan muy buenas noticias del Parque Educativo de San Vicente Ferrer. Por eso invito a la Asamblea Departamental a que vaya a San Vicente para que se cerciore de que el Parque recibe 900 visitantes semanales que se benefician de los contenidos establecidos para siete líneas estratégicas.

Además de eso, en San Vicente, la actividad del Parque Educativo se está articulando con los procesos comunitarios de las veredas, un caso específico es el de la sinergia que se ha dado entre el Parque Educativo y La Casita Rural, un proyecto comunitario de la vereda La Porquera que tiene como objetivo acompañar a los maestros rurales en la educación de los niños por medio de la realización de talleres de lectoescritura, huerta escolar, danza y teatro, además de prestar el servicio de biblioteca en la vereda. Gracias al trabajo conjunto, 35 niños de la Porquera empezarán a recibir clases de música con una frecuencia semanal. El Parque Educativo aportará el profesor de música y la Casita Rural está a cargo de gestionar la dotación de instrumentos musicales.

No dejemos caer los Parques, esto no se trata de Sergio Fajardo o de Luis Pérez, sino de la confianza, de la ilusión con que la gente presentó los proyectos y se movilizó para llevar más oportunidades educativas a sus pueblos. Esa confianza no se puede dejar caer, independientemente del nombre de quien nos gobierne.

Para terminar esto, que es un llamado a mejorar las cosas y a trabajar juntos para no dejar caer lo hecho, quiero pedirle a la Asamblea Departamental que, además de visitar el Parque Educativo de San Vicente antes de tomar una decisión, también revise qué está pasando con los dineros de Regalías que deberían ser destinados para ciencia, tecnología e innovación. Les pido esto porque, en el mismo artículo de El Colombiano, se lee una declaración de la exsubsecretaria de los Parques Educativos, Jessica Stephenson Puerta, que dice que los recursos de Regalías para ciencia han sido utilizados para financiar los Parques Educativos.

Me da pena tener que hacer esta aclaración tan básica, pero no creo que el propósito de los Parques Educativos sea la generación de conocimiento -lo que se conoce como ciencia- ni la aplicación del conocimiento generado -lo que se conoce como tecnología e innovación-. Una cosa es la educación, otra muy distinta la ciencia. Los recursos provenientes de las Regalías para ciencia tendrían que haber sido utilizados para fortalecer los grupos de investigación de las universidades y de los centros de investigación, no para la financiación de los Parques Educativos de Antioquia.

Diana Londoño

http://www.elcolombiano.com/antioquia/gobernacion-cambiara-la-politica-publica-de-los-parques-educativos-YY3753537

Inspiración por encargo

Me invitaron a hablarles sobre mi carrera a los estudiantes de doctorado próximos a graduarse de una de las escuelas de la Universidad de Wageningen (Holanda). De antemano sabía que debía decirles algo que les diera un poquito de energía, algo de fe en el futuro que en ese momento parece tan incierto, el problema es que a mí la inspiración por encargo no me funciona y me pasa lo que me pasaba cuando era niña y entraba a un baño público: si sentía que alguien estaba afuera esperando se me inhibía la orinada. Me daba pánico salir del baño igual que como había entrado. No les hablé de las publicaciones, no les di consejos para hacer atractiva su hoja de vida, ni les dije que tenían que hacer networking lamiéndole las medias a los profesores que manejan la movida de la ciencia. Les dije, en cambio, que más allá del doctorado y del trabajo siempre ha habido una vida esperando a ser vivida con sonrisas, porque al final cada quien hace lo que puede, no siempre lo que quiere, y que la inteligencia también consiste en irse adaptando y en sacar de cada situación lo mejor. Mencioné que han sido mis pasiones las que me han salvado de la obsesión de querer permanecer en un sistema académico que nos pone a competir sin misericordia con nuestros pares. Entre mis pasiones mencioné la escritura, conspirar con amigos para sacar adelante un proyecto de biblioteca rural, bailar bachata cada segundo domingo del mes, mantener el contacto con estudiantes (de primaria, pregrado y posgrado), trabajar con la maestra de mi vereda, sembrar fique con mis papás en la distancia y leer las cartas de mis amigos. Han sido esas cosas que me dan alegrías las que no han dejado que el estudio se me suba a la cabeza y que la realidad se me distorsione por completo. Concluí la charla diciendo que la buena vibra le va acomodando a uno la vida y que me gusta mucho trabajar como investigadora de zanahorias 38 horas a la semana.

Diana Londoño.

“El culpable soy yo”

Los antioqueños de bien que han puesto la vara de la decencia tan alta -que ya ni siquiera ellos la alcanzan- me han enseñado que el poder termina por revelar nuestra peor cara. Llevan años heredando el poder a dedo y haciéndonos creer la falacia de que ha sido la democracia, incluso cuando han ganado elecciones por una diferencia mínima valiéndose de un truco que funciona: llamar corruptos a quienes no estén dentro de su diminuto y selecto círculo. Se han dedicado a hablar mal de los otros en lugar de estar concentrados en lo que verdaderamente importa y en cumplir con los compromisos adquiridos por cuenta de lo que ellos llaman democracia. Y lo que importa es la gente, los niños que no alcanzan a ingerir las calorías necesarias para poder aprender a leer con ganas, las personas que hacen fila en un hospital o en la oficina de pasaportes, los que viven del rebusque -42% según datos de El Colombiano- y los que deciden migrar del campo a la ciudad desplazados por la pobreza, por los megaproyectos y por la expansión del área urbana; porque ya ni la agricultura da para la propia mesa y la tierra se la siguen feriando a las mineras. Lo importante son las montañas, los ríos, el bosque seco tropical y la fauna silvestre que en nombre del empuje paisa están muriendo bajo el agua.

Los ciudadanos que aceptan todo sin pensar, sin ir más allá, son más dañinos que los mismos políticos a los que con tanto ahínco se combate desde una columna semanal de algún periódico capitalino; lo peor es que se habla en clave y todos sabemos que se están refiriendo al contrincante político de quien ostenta el poder en Antioquia, el mismo que ahora sin escrúpulos sugiere que se necesita que sea elegido alguien que pueda cuidarle los huevitos de la educación. Medellín es un lunar, la grande es Antioquia y es además bastante rural. Pero resulta que en el campo casi nadie lee las columnas ni la propaganda que se utiliza de lado y lado en esta guerra electoral, en el campo la gente tiene pocos elementos para decidir por quién votar, a menos que, con suerte, les haya tocado saludar de mano al político que llegó a la plaza del pueblo el día que les tocaba salir de la vereda para hacer el mercado y que, en unos cuantos minutos, el político haya logrado dejarles algún mensaje que les cale. Los de un lado optaron por ir a los pueblos a decirles que por nada del mundo fueran a votar por corruptos y que “educación, educación y educación”, los del otro les dijeron que quieren que Antioquia se convierta en la gran despensa de alimentos de Colombia y que van a llevar universidades digitales a los parques biblioteca. Ambos mensajes tienen sin duda una buena carga de demagogia, pero a mí me cala más el segundo porque el campo necesita trabajo bien remunerado y los parques biblioteca necesitan contenido. En cuanto a la ruralidad, los que son tildados de corruptos están llevando un mensaje que me resulta más relevante, lo cual no me sorprende, ya que los decentes se echaron a dormir en los laureles de su decencia y para ilustrarlo cito una frase profundamente desalentadora que le escuché a alguien: “Es que los corruptos por lo menos nos escuchan”.

La pugna por el poder se libra pues desde Medellín porque allá es donde se distribuye el presupuesto y donde están los mejores puestos; en Medellín se reparten los contratos para diseñar las convocatorias de educación, de cultura y los programas que beneficiarán a todo el departamento. Y mientras en la ciudad se libra la batalla por la sucesión del poder, en el campo la gente se tiene que conformar con las veinte sillas nuevas que les mandaron a la escuela rural, con la visita de un contratista para hacer una huerta a la que no le germinó ni una semilla o con el imponente edificio al que le dicen parque que apareció en algún lugar del pueblo. Y ay de los que se quejen, ¡desagradecidos! ¡Por lo menos ahora se ven los edificios!

Yo no voy a entrar en el juego de llamar corruptos a los demás porque eso contribuye a la estigmatización de quienes apoyan a un candidato en particular y nos fragmenta mucho más como sociedad, además la corrupción abunda hasta en nuestras propias casas como bien lo escribió Salcedo Ramos hace un tiempo: que no es precisamente por los políticos que se encadenan los bolígrafos en las tiendas o se les pone reja a las ventanas. Antes de señalar a los demás sería bueno que cada uno examinara cuántas maromas ha hecho para no pagar impuestos, cuántos pasteles hizo en la universidad, cuánto pagó para que le cambiaran las notas (escándalo UPB), cuántas veces le ha chuzado la cuenta de correo al novio o a la novia, cuántas devueltas se ha embolsillado y a cuántas roscas pertenece. La rosca es una de las cosas más peligrosas que se generan con el poder y que se perpetúan con la sucesión de los amigos en él. Unos intimidan con las armas y otros con la rosca, y los que acuden a la segunda no se deberían creer tan decentes porque la rosca también es una manera de irle matando las ilusiones a la gente. Finalmente, los gobernantes son tan solo un reflejo del nivel de nuestra patanería y para cambiar ese reflejo tendríamos que empezar por cambiar primero nuestro propio comportamiento. Y el comportamiento se cambia con voluntad, ya no diré que con educación para que no aparezca algún político a decir que por eso es que nos ha estado educando con concursos de televisión. Utilizar la educación para ganar el favor popular me parece la más detestable de las demagogias; unos se pegan de la seguridad, otros de la educación, y en ambos casos se señala a dedo al sucesor.

Esta vez me abstengo de participar en la elección del gobernador y acudo a un lugar muy común para terminar mi retahíla: entre políticos decentes -y arrogantes- y políticos corruptos, que entre el ciudadano y escoja de acuerdo a la agonía de sus esperanzas. Ni es decente todo el que vote por Restrepo, ni es corrupto todo el que vote por Luis Pérez, ni es periquero todo el que escuche Diomedes.

Diana Londoño.

Oh, dulce niña mía.

Las capitales sólo se ven lindas de noche y desde muy lejos. Las ciudades no me sientan, me asfixian. Caminaba por una calle de Nueva York después de haber comprado arepas y empanadas en un restaurante colombiano cuando escuché un golpe seco contra el pavimento. Una señora muy mayor se había caído en una acera. Mis tías y yo corrimos a ayudarla, pero la señora no hablaba inglés y estaba muy asustada; lloraba tendida en el suelo acomodándose un pañuelo que cubría su cabello mientras su hija trataba de alentarla en algún idioma oriental. La señora se lamentaba con un dolor que parecía demasiado viejo, un dolor tal vez cansado de persistir en el martirio. La abuelita no se quería levantar más. La hija se la llevó para la casa que quedaba a media cuadra sobre una calle llena de restaurantes. Me imaginé la casa a la que se dirigían como un cuartucho con más pinta de cárcel que de casa: sin ventanas, sin luz, sin aire y con un colchón en el suelo. Así me imaginé la vida de esa señora lejos de la guerra y lejos de su lengua. Con esa imagen me despedí de la capital del mundo, pensando en que la inmigración forzada, aunque encuentre asilo, tiene muy poco de humanitaria. El asilo puede ser un escape de la muerte para algunos y una condena de por vida para muchos.

El avión aterrizó en la madrugada, Amsterdam se veía majestuosa desde el aire. Me alegré de regresar a casa. Parece que por fin empecé a aceptar que mi casa ya no está en las montañas.

Decidí que Sweet child o’mine sería la banda sonora de mi paso fugaz por United States of America:

“She’s got a smile that it seems to me
Reminds me of childhood memories
Where everything

Was as fresh as the bright blue sky
Now and then when I see her face
It takes me away to that special place
And if I stared too long
I’d probably break down and cry

Oh sweet child o’ mine
Sweet love of mine

She’s got eyes of the bluest skies
As if they thought of rain
I’d hate to look into those eyes
And see an announce of pain
Her hair reminds me
Of a warm safe place
Where as a child I’d hide
And pray for the thunder
And the rain to quietly pass me by”

https://www.youtube.com/watch?v=1w7OgIMMRc4

 

 

Pero sólo cuando quieras

Apenas hoy tengo el valor suficiente para escribirte que han sido difíciles los días y las noches sin tus apariciones repentinas en el buzón de correo. Que tus cartas impresas se deshicieron en un aguacero y que aún guardo en mi billetera la conchita que recogiste cuando fuiste al mar por primera vez con tus compañeros de escuela. Que te abrazo en el silencio y que me aferro a tu sonrisa, a tu olor, a tus ojos y a tu pelo. Que estoy dispuesta a quererte así, de lejos y en silencio, a contemplarte yendo y viniendo, como si fueras un mar pacífico en superficie y turbulento del horizonte hacia adentro; un mar al que sólo contemplo porque a la profundidad le temo. Que me rebelo y te alejo porque el amor por estos días anda muy enfermo. Que vueles alto, muy alto, pero que vuelvas, que no me dejes, que vuelvas siempre, pero sólo cuando quieras. Que en mí encontrarás un lugar para curarte cuando el mundo más te duela; que me mires a los ojos cada vez que mires a la tierra para que tengas la certeza de que voy a sostenerte cuando se te doblen las piernas. Que vuelvas cuando quieras, cuando no me odies por haber sido honesta al dejarte ver mi alma con lagunas, con bosques y con abismos en los que ruedan piedras. Que no me perdones las palabras, los suspiros, ninguna de las cartas; que no me perdones por haberte escrito todo lo que no hubieras querido leer ni por haberme negado a acariciar tu ego de rey. Que vueles porque el cielo no da espera, porque tu corazón no me pertenece y porque me basta con la sangre que has dejado en el desgarro de tus letras. Que te vayas, que te alejes, pero que no me cierres, porque no soy uno de los libros que has abandonado en los anaqueles de tu biblioteca. Que te vayas y me dejes sentada en la arena acariciando la paz de tu espuma con mis yemas. Que te vayas, que te alejes, para que me observes sin recelo; y que vuelvas, que vuelvas siempre, para que sigas siendo mi parcero. Que te largues, que te vayas lejos, sí; pero antes de irte, me notificas por favor la fecha de tu regreso.

Limítese a escribir

Anote que sufro de apegos, que me cuesta desprenderme y que cada despedida es un duelo. Que el otoño llegó y que me esperan doscientos diez días de tonos grises sin el calor del sol. Que a diario muere gente mientras las palabras de amor se congelan en el refrigerador. Escriba que asistí al funeral de cuatro pájaros y de un puercoespín en una carretera y que la esperanza muere de un cáncer que hace metástasis en la espera.

Caso cerrado

Cuando se hace una pregunta y lo único que se recibe es un papel en blanco, le otorgan a uno, además del silencio, el derecho de hacer uso de la libertad de pensamiento para escoger entre todas las respuestas posibles aquella con la que uno más cómodo se sienta. Le pregunté de mil maneras que si me quería y para lograr una respuesta acudí a todas las instancias: se lo pregunté por carta, por avión, por barco y hasta por una torta de banano que le regalé de cumpleaños. Nunca me respondió. Y cada vez que le envié un mensaje cifrado con la pregunta encriptada sólo recibí unas escuetas y desabridas gracias. No pudiendo más con la espera, decidí dar solución a nuestro problema; decidí un sí por respuesta. Decidí que me quería con cada pedazo de víscera de su cuerpo y que tanto amor ya le tenía todas sus funciones fisiológicas seriamente comprometidas. Era por eso que el pobre enmudecía. Preocupada por su salud y temerosa de perderlo, le acepté su amor tan tímido, tan huraño, tan fragmentado. Así vivimos: él por su lado, sonriente y sano, y yo por el mío, feliz de verlo aliviado.

Agosto 14, 2013.

Mi confusión con Luis Pérez

Estoy muy confundida con Luis Pérez. Desde que me interesé por la política tuve la idea de que era un hombre terrible, un corrupto, una amenaza para el progreso de Medellín y el argumento siempre fue una vajilla. Después, en las pasadas elecciones, también se dijeron muchas cosas malas de él, y con el argumento de “salvar” a Medellín, Fajardo hizo una alianza con Aníbal Gaviria que sólo fue electoral, porque después de elegidos partieron cobijas y siguieron cada uno por su lado. Medellín está como está de la mano de Gaviria, y el programa educativo de Fajardo ha sido duramente cuestionado. Si vamos a lo de la honestidad y a la vajilla de Luis Pérez, recuerdo que Fajardo también tiene una historia con la adjudicación de una mina y que hay unos contratos cuestionados y una Biblioteca España cayéndose a pedazos. El concepto que tengo de Luis Pérez fue construido a partir de los juicios de los fajardistas, quienes lo pintaron siempre como lo peor de lo peor. Lo cierto es que no hay condenas ni procesos en su contra y que no lo veo como un hombre tan poderoso como para comprar fiscales.

La primera vez que dudé de la veracidad de esa imagen de hombre perverso fue cuando dos profesores de la de Antioquia, que conozco de toda la vida, hablaron muy bien de las ideas de Luis Pérez y de cosas muy buenas que había hecho cuando tuvo la rectoría de la Universidad de Antioquia. “No es el monstruo que pintan”, dijeron. Después, mi profesor de matemáticas de la Nacional, una persona a quien admiro y quiero, me dijo hace varios años: “Estás equivocada”. Después otro amigo, que conocí en Compromiso Ciudadano, también me dijo: “Luis Pérez no es tan malo”. Ahora, muchos amigos que llevan trabajando veinte años en teatro y en educación; amigos que han vivido del rebusque honesto toda la vida, están participando en política de la mano de este señor. Les veo la foto de Luis Pérez en el tarjetón. Entonces me pregunto: ¿Qué fue lo que en realidad pasó? ¿Será posible que por ser una persona de bases populares, y no de bases de estrato seis, haya sido estigmatizada de una manera exagerada? Porque errores cometen todos los gobernantes. Mis amigos no son matones ni jefes de bandas criminales. Los conozco de años, y no serán santos, pero les conozco un trabajo serio y disciplinado. Su trabajo habla por ellos. Por cierto, dejo una píldora para la memoria: el primer Metrocable lo construyó Luis Pérez.

Ya que tanto la honestidad de Fajardo -y sus fajardistas- como la de Luis Pérez está cuestionada, me limito a las propuestas de esta campaña. Comparto un cuestionario que les hizo El Colombiano a los dos candidatos que veo más opcionados para ganar la Gobernación. Luis Pérez plantea cosas muy importantes sobre el campo, mientras Federico Restrepo se limita a repetir frases desgastadas y no propone nada nuevo. Mientras el movimiento de Luis Pérez parece incluir a muchas personas que llevan años trabajando y que merecen un apoyo decidido, Federico Restrepo habla del mismo grupito de quince amigos con los que se aventuró a participar en política hace años; y valga decir que en ese grupito de pulcrísimos no hubo lugar para mí ni para muchas otras personas con deseos de contribuir. No sé si fue la moral o el estrato lo que no nos alcanzó para ser dignos de su divina presencia.

Cito una frase de Barba Jacob que me gusta: “Tengo la moral necesaria para poder sobrevivir”. A mí tanta pulcritud que proclaman algunos también me espanta, porque los que se dicen pulcros son expertos en tapar cagadas.

Estas son las respuestas de Luis Pérez: http://www.elcolombiano.com/multimedia/videos/luis-perez-gutierrez-candidato-gobernacion-de-antioquia-MD2498187

Y estas las de Federico Restrepo: http://www.elcolombiano.com/multimedia/videos/federico-restrepo-candidato-gobernacion-de-antioquia-MD2498248

Ser culto (Julio Cortázar)

“Nadie se conoce sin haber bebido la ciencia ajena en inacabables horas de lectura y de estudio; y nadie conoce el alma de los semejantes sin asistir primero al deslumbramiento de descubrirse a sí mismo. La cultura resulta así una actitud que nace imperceptiblemente; nadie puede despertarse una mañana y decir: “Soy culto”. Puede, sí, decir: ” Sé muchas cosas”, y nada más. La mejor prueba de cultura suele darla aquel que habla muy poco de sí mismo: porque la cultura no es una cosa, sino que es una visión; se es culto cuando el mundo se nos ofrece con la máxima amplitud; cuando los problemas menudos dejan de tener consistencia; cuando se descubre que lo cotidiano es lo falso y que sólo en lo más puro, en lo más bello, en lo más bueno, reside la esencia que el hombre busca. Se es culto cuando se comprende lo que verdaderamente quiere decir Dios”.

Papeles inesperados, Julio Cortázar.

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